En los últimos 30 años ha sido cuando la olivicultura realmente ha afrontado grandes cambios estructurales, principalmente por dos innovaciones:
Dentro de todos los cultivos que actualmente se riegan, el olivar es el que mejor aprovecha y rentabiliza las aportaciones de agua, desde riegos muy deficitarios, ya que éste representa alrededor del 60% del área regada en Andalucía, si bien sólo consume aproximadamente el 20% del total de agua destinada a regadíos en toda la región. Desgraciadamente, en la actualidad es difícil -por no decir imposible- pensar en aumentar las áreas de riego. Por tanto, tenemos que pensar en otras técnicas de cultivo que permitan mantener una rentabilidad aceptable en los secanos.
Cuando se inició el modelo en seto, éste se ha relacionado siempre con el regadío, pero ha sido en los últimos 5-10 años cuando se han iniciado plantaciones en secano con modelos en seto con altos niveles de mecanización. Sin duda, donde existe olivar en secano tradicional -y siempre que la orografía lo permita- se puede hacer un cultivo moderno y reducir de forma importante el coste de producción unitario.
Las técnicas no son las mismas que allí donde se disponga de agua para riego, ni siquiera las expectativas de producción son mayores. La gran diferencia está en la alta reducción de los costes de recolección y poda, lo que puede aumentar de forma importante la rentabilidad.
Apostar por un olivar en seto en secano, aunque a primera vista parece algo revolucionario, realmente no lo es tanto. Disponer de variedades que se adapten a la mecanización, tanto de la poda como de la recolección; adaptar los marcos; corregir los volúmenes de copa; y aprovechar la eficiencia que el seto aporta son las claves para modernizar y rentabilizar el cultivo. Todo ello sin olvidar otros factores a tener en cuenta tales como el estudio del clima, la tipología de tierras y la orografía.