Día Mundial del Olivo 2025

Fertilización del olivar: hacia un cultivo más competitivo, eficiente y sostenible

Por Juan Carlos HidalgoTécnico Especialista Titular del IFAPA

Miércoles 26 de noviembre de 2025
La fertilización es uno de los pilares fundamentales en la producción agraria para aumentar o mantener la cantidad y calidad de las producciones de los cultivos, así como para corregir estados nutricionales que pueden estar limitando las mismas, asegurando al mismo tiempo la sostenibilidad tanto del cultivo como medioambiental. El olivar no es una excepción y los aportes fertilizantes están generalizados tanto en condiciones de secano como de riego, si bien en ocasiones las cantidades, composiciones y momentos de aplicación están sujetos a criterios arbitrarios, lo que provoca que se realicen aportaciones excesivas de algunos elementos que pueden generar costes innecesarios, desequilibrios nutricionales y riesgos medioambientales, reduciendo la competitividad del cultivo.

Una estrategia de fertilización eficiente debe basarse en diagnósticos precisos del estado nutritivo de los árboles, la fertilidad del suelo y la calidad y composición química del agua en el olivar de regadío, ajustando los aportes de elementos esenciales a las necesidades reales del olivo. En las últimas décadas, la investigación y desarrollo llevada a cabo desde el ámbito público y privado ha permitido una modernización de la fertilización del olivar, aumentando la eficiencia en el uso de los fertilizantes. El cálculo de las necesidades nutritivas desarrollado desde IFAPA permite el cálculo de necesidades para los principales macronutrientes en función de la capacidad productiva de la plantación. Por su parte, el desarrollo de fertilizantes de liberación controlada, biofertilizantes y compost de subproductos de la almazara permiten una aplicación de abonado al suelo más eficaz, además de contribuir a la mejora de la estructura del suelo, incrementando la materia orgánica y la fijación de carbono.

La aplicación foliar de nutrientes sigue siendo una importante alternativa en la fertilización del olivar, garantizando que elementos esenciales lleguen a la planta de forma rápida y eficiente, especialmente en años secos o en suelos calizos, muy extendidos en las grandes zonas olivareras.

Pero es sin duda el desarrollo del olivar de regadío el que ha transformado radicalmente la gestión de la fertilización. La fertirrigación permite suministrar los nutrientes de forma continua y ajustada al ciclo fenológico, optimizando la absorción y minimizando pérdidas y la consiguiente contaminación potencial de aguas. Una correcta fertirrigación puede optimizar la rentabilidad y la sostenibilidad de plantaciones con un potencial productivo medio-alto, con un mínimo impacto ambiental.

En los últimos años, las políticas agrarias europeas impulsan la fertilización sostenible, para cumplir los objetivos del Pacto Verde fijados para 2030. Para ello, a través de estrategias como “De la granja a la mesa” se incluyen, entre otras, reducciones del 20% en el uso de fertilizantes para reducir a la mitad las pérdidas de nutrientes, promoviendo la adopción de técnicas más sostenibles con el medio ambiente sin comprometer la productividad. En el ámbito nacional, el RD 1051/2022 establece normas para la nutrición sostenible en los suelos agrarios, incluyendo los tratamientos fertilizantes en el cuaderno de explotación, basados en un plan de abonado en función de la capacidad productiva de la plantación; y favoreciendo el uso de fertilizantes más respetuosos con el medio ambiente, la integración de biofertilizantes y la mejora de prácticas de manejo del suelo.

Finalmente, la tecnología y la agricultura digital se han consolidado como herramientas clave. Sensores, drones con cámaras multiespectrales que pueden permitir un seguimiento nutricional de los árboles, gemelos digitales, Inteligencia Artificial, etc., han irrumpido con fuerza y van a facilitar la adopción de decisiones precisas sobre la aplicación de fertilizantes en el olivar. Integrar estas prácticas no sólo va a mejorar la eficiencia de cada explotación, sino que aportará beneficios a todo el sector, fortaleciendo la competitividad, la calidad del aceite y la sostenibilidad del cultivo en un mercado global cada vez más exigente.

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