Los nuevos sistemas de plantación de las últimas décadas, el olivar intensivo y, sobre todo, el olivar en seto se están imponiendo a gran velocidad y reconfigurando el paisaje tradicional del olivar. Se trata de una evolución inevitable, fruto de la búsqueda de la eficiencia productiva, la mecanización integral y, en definitiva, la sostenibilidad económica. Nos guste más o menos, esta transformación se consolidará de forma exponencial en un horizonte de 25 ó 30 años, y la foto del olivar actual será historia.
Desde AEMO venimos analizando esta realidad desde hace tiempo, y en 2010 ya clasificamos el olivar español en cuatro grandes tipologías: olivar tradicional de alta pendiente, olivar tradicional de baja pendiente, olivar intensivo y olivar en seto. Para cada una de ellas hemos actualizado periódicamente sus costes medios de producción, que en la actualidad (estudio de costes 2024) oscilan entre los 2,80 euros/kg. de aceite producido de un olivar en seto hasta los más de 5 euros/kg. del olivar tradicional de alta pendiente, números estos que incluyen la renta de la tierra y la amortización de la plantación. Entre ambos extremos se sitúan los olivares tradicionales de baja pendiente (en torno a 3,5 euros/kg.) y los intensivos (alrededor de 3 euros/kg.). La diferencia es abrumadora, y explica con claridad hacia dónde se dirige la rentabilidad futura del cultivo.
Modernización y diferenciación
En consecuencia, los olivares más mecanizables con posibilidad de reconversión por su pendiente moderada evolucionan y deben evolucionar progresivamente hacia sistemas más racionales y eficientes. Solo mediante esa modernización, apostando por la tecnología, la digitalización, las nuevas variedades, la gestión precisa y la optimización de recursos podrán garantizar su sostenibilidad económica a largo plazo.
Pero no todos los olivares pueden subirse a ese tren. Existe un olivar irreconvertible, el de las altas pendientes y zonas de sierra, aquel que además de producir aceite produce paisaje, cultura y biodiversidad. Para estos olivares, que representan una parte importante del alma del olivar español (hasta 500.000 ha.), la única estrategia viable es la diferenciación.
Y esa diferenciación se deberá apoyar en varios pilares complementarios. En primer lugar, en la calidad del aceite, que suele ser superior por las condiciones de estrés del cultivo, con vírgenes extra más frutados, complejos y saludables por su alto contenido en biofenoles. En segundo lugar, en la producción ecológica, que encuentra en estas zonas un aliado natural por su limitada producción y su vocación sostenible.
Otro pilar de creciente importancia es el oleoturismo, que permite vincular la producción con la experiencia, acercando el visitante al territorio, al árbol y a las personas. Y precisamente estos olivares más marginales son los más bellos y los que ofrecen más sensaciones a un visitante ávido de experiencias.
Por último, y cada vez más, los ingresos asociados a los servicios ambientales, como los créditos de carbono o la conservación de la biodiversidad, que convierten al olivar en un aliado estratégico frente al cambio climático, algo que valora el consumidor moderno.
Eficiencia y valor, los caminos hacia la rentabilidad
En definitiva, los caminos hacia la rentabilidad del olivo del futuro son dos: eficiencia y valor. Allí donde la pendiente, el suelo y la orografía lo permitan, la reconversión hacia modelos mecanizados será la clave. En los escenarios más marginales, donde esa reconversión es imposible, la supervivencia pasará por añadir valor, envasar desde el origen y diversificar las fuentes de ingresos. Y es que la rentabilidad del olivar no puede medirse únicamente en kilos de aceite producidos, sino en el conjunto de valores que genera: económicos, sociales, culturales y ambientales. El olivar moderno debe ser rentable, pero también sostenible, equilibrado y justo.
La conclusión es sencilla y a la vez profunda: reconversión escalonada allá donde sea posible y valorización de un producto diferente en los escenarios menos productivos. Todo ello bajo una premisa aplicable en todos los escenarios: produzcamos el mayor porcentaje posible de virgen extra porque éste es realmente el zumo de fruta.
Solo así el olivar seguirá siendo futuro en todas sus formas, desde el más tecnificado hasta el más ancestral, siempre que sepamos entender su diversidad y aprovechar su potencial. Porque en cada modelo, sea en el llano o en la sierra, late el mismo corazón: el del árbol eterno que nos ha acompañado durante milenios y que seguirá marcando el pulso de nuestra tierra.
Y una última reflexión: dejemos que el consumidor pague por este zumo de fruta, y no seamos nosotros los que derrumbemos el precio de un producto único trasladándole un descuento que él no ha pedido. Todo pasa porque nos creamos, de una vez por todas, que tenemos un verdadero tesoro, la grasa más sana y deliciosa de entre todas las conocidas. En esta inmejorable tribuna que nos brinda Mercacei, los mejores expertos ofrecerán su visión sobre la búsqueda de la rentabilidad en cada tarea del cultivo y en cada aspecto de la producción de aceite de oliva virgen extra. Leamos con suma atención porque seguramente en este Especial Dia Mundial del Olivo se esbocen las claves del futuro.