Día Mundial del Olivo 2025

Rentabilidad y estrategias ganadoras en un sector en transformación

Por Ender GündüzExperto oleícola internacional y ex jefe de la Unidad de Economía y Promoción del Consejo Oleícola Internacional

Miércoles 26 de noviembre de 2025

El sector del aceite de oliva atraviesa un momento decisivo. Tras varias campañas afectadas por una climatología adversa y un incremento significativo de los costes -en energía, insumos y mano de obra-, todos los sistemas de producción, desde el olivar tradicional hasta el intensivo y el superintensivo, han debido adaptarse a una realidad más exigente.

Sin embargo, el mercado ha mostrado un comportamiento revelador: aunque se ha producido menos, el valor generado ha sido mayor. Esta relación confirma que, cuando la calidad se sitúa en el centro y la oferta se ajusta a los costes reales, el consumidor está dispuesto a pagar precios que remuneran adecuadamente a la cadena de valor.

La recuperación observada en el inicio de la campaña 2025/26 refuerza este mensaje. El mercado ha vuelto a equilibrarse y los precios se han estabilizado en niveles compatibles con la sostenibilidad económica del sector. La categoría de aceite de oliva virgen extra emerge como la más demandada, especialmente en mercados donde el consumidor valora la salud, el origen y la autenticidad.

La calidad ya no es sólo un atributo: es un factor que determina la rentabilidad. Pero la ecuación de futuro también depende de los sistemas de producción. Los olivares intensivos y superintensivos garantizan rendimientos más estables y costes por kilo más competitivos, mientras que el olivar tradicional -especialmente el de secano- necesita un modelo basado en la diferenciación, la mecanización progresiva y la puesta en valor de sus características únicas.

La eficiencia y la reducción de costes seguirán siendo fundamentales, pero la clave será convertir cada kilo producido en un kilo mejor valorado. En este contexto, uno de los elementos más estratégicos es la historia detrás del producto. En los mercados de Asia -particularmente China, Corea y Japón- el consumidor busca calidad, pero también un relato. Quiere conocer la familia, la almazara, el paisaje y la tradición que rodean al aceite. Quiere sentir que compra cultura, identidad y autenticidad.

Mi experiencia en estos mercados, tanto en mi etapa en el Consejo Oleícola Internacional como en proyectos comerciales actuales, confirma que un relato sólido y auténtico multiplica la percepción de valor y abre la puerta a la calidad. Por ello, la rentabilidad futura se apoyará en tres pilares fundamentales:

  • Eficiencia: reducir costes mediante tecnología, digitalización y mejores prácticas agronómicas;
  • Valor añadido: apostar por calidad, trazabilidad, diferenciación y una historia que conecte emocionalmente con el consumidor;
  • Internacionalización: aprovechar el enorme potencial de consumo en mercados emergentes donde la clase media y la búsqueda de productos saludables están creciendo con fuerza.

El sector del aceite de oliva tiene futuro. Y ese futuro pertenecerá a quienes produzcan con rigor, comuniquen con autenticidad y sepan transformar cada botella en una experiencia con valor real para el consumidor.

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