A lo largo de los siglos, el olivo ha trascendido su naturaleza botánica para convertirse en un emblema icónico. Un símbolo que no sólo vertebra territorios y marca el pulso del desarrollo rural, sino que hoy se erige como el eje de una transición imprescindible: producir más valor, con mayor calidad y menor impacto. Ante el mayor reto de su historia reciente, Deoleo impulsa una visión clara: su cercanía al territorio y al agricultor como la única vía para garantizar la rentabilidad futura del olivar.
Para materializar esta visión, en 2018 activamos nuestro Protocolo de Sostenibilidad, una herramienta que transforma la tradición en innovación. Con 88 almazaras certificadas en seis países y más de 338.000 hectáreas bajo prácticas verificadas, esta iniciativa busca asegurar un aceite de oliva responsable y competitivo frente al cambio climático. Su enfoque integra tres dimensiones esenciales: medioambiental, social y económica, siempre a partir de un enfoque de máxima calidad, porque solo así puede construirse un futuro estable para la cadena de valor.
En el ámbito medioambiental, avanzamos en estrategias de eficiencia hídrica, energía renovable y conservación del suelo. Gracias al protocolo, el 94% de estas almazaras ha definido objetivos para reducir su consumo energético, un 44% ya ha instalado placas solares y un 31 % ha recibido formación en gestión de residuos. Además, prestigiosos proyectos de investigación con los que colaboramos, como Soil O-Live, con la Universidad de Jaén, centrado en mejorar la salud del suelo y su capacidad de adaptación climática; Olivitech, con la Universidad de Córdoba, que propone herramientas de digitalización para optimizar el manejo agronómico; o Cubiwood, con UPA, que pone en valor el beneficio de la cubierta vegetal para el olivar, refuerzan esta transformación con verdadero rigor, garantizando que la salud del campo se traduzca en la excelencia y calidad del producto final. Gracias a las formaciones del Protocolo y de estos proyectos, miles de agricultores están siendo formados a través de un conocimiento renovado y adaptado a los problemas actuales.
Pero la sostenibilidad del sector no depende sólo del suelo, sino de las personas que lo trabajan y del ámbito social. El desafío del relevo generacional es ya uno de los grandes puntos críticos del olivar. Desde Deoleo contribuimos con formación, acompañamiento técnico y programas de capacitación que facilitan que las nuevas generaciones vean en el olivar no sólo una herencia, sino una oportunidad profesional con futuro. En esta línea se consolida nuestra iniciativa Creciendo Juntas, un foro que visibiliza el talento femenino, refuerza la inclusión rural y promueve un liderazgo igualitario que dé continuidad al sector.
En cuanto a la dimensión económica, nuestro modelo apuesta por una rentabilidad sostenible: precios justos, calidad de primer nivel y trazabilidad garantizada. Por ello, impulsamos herramientas digitales como la trazabilidad blockchain, que ya incorporan marcas como Carbonell o Maestros de Hojiblanca, permitiendo al consumidor consultar el viaje completo del aceite (origen, variedad, perfil de cata y proceso) mediante un único QR. Todo esto supone más transparencia, más valor y más confianza.
Liderar el sector significa asumir la responsabilidad de acelerar esa transformación. El aceite de oliva es cultura, salud, identidad y motor económico, pero su futuro pasa por un olivar más sostenible y rentable. En Deoleo queremos contribuir a ese futuro desde la conexión con la tierra, la investigación en el laboratorio y la excelencia en la mesa, a través de marcas icónicas como Bertolli, Carapelli o Carbonell. Porque el olivo, emblema mediterráneo durante siglos, debe ser ahora el motor del mañana: un portador de salud, sostenibilidad y competitividad para las próximas generaciones.