Hablar hoy de olivar sin hablar de riego es quedarse a medio camino de la realidad productiva del sector. El cambio climático, la irregularidad de las precipitaciones y el aumento de los costes de producción han convertido la gestión del agua en uno de los factores más determinantes para la viabilidad económica de las explotaciones oleícolas. El riego ya no es un complemento del cultivo, sino un auténtico eje estratégico que condiciona la productividad, la calidad del aceite y la rentabilidad final del olivar.