En el fondo de un lago suizo han aparecido cientos de objetos que parecen suspendidos en el tiempo: vajillas, herramientas, elementos de transporte y, entre ellos, ánforas de aceite de oliva procedentes de la Hispania romana. Un cargamento que viajó hace casi dos mil años y que hoy, rescatado con una precisión casi quirúrgica, permite asomarse no solo a las rutas comerciales del Imperio, sino también a su forma de entender el valor de las cosas, su transporte y su “presentación”.