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Las declaraciones saludables del AOVE

Las declaraciones saludables del AOVE

Feliciano Priego Capote
Profesor Titular de Universidad, Departamento de Química Analítica, Universidad de Córdoba

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El valor saludable del AOVE a nivel científico ha sido ampliamente demostrado gracias a los resultados derivados de proyectos tales como Predimed y Cordioprev. Ahora, es el momento de transmitirlo a la ciudadanía para fomentar su consumo, y los argumentos son contundentes. De hecho, no hay muchos alimentos que puedan presumir como el aceite de oliva virgen extra de una composición química que se puede relacionar con cuatro declaraciones saludables recogidas en el Reglamento Europeo 432/2012. Estas declaraciones, asociadas a un consumo habitual, se deben a la presencia de ácidos grasos monoinsaturados, fitoesteroles, vitamina E y compuestos fenólicos.

Entre las declaraciones saludables, hay que destacar la denominada “polifenoles del aceite de oliva” por ser la única específica de este producto. Concretamente, la declaración se refiere al papel protector que ejercen los fenoles (hidroxitirosol, tirosol y sus derivados secoiridoides) frente a la oxidación de los lípidos en sangre. Este efecto protector es clave para retrasar el desarrollo de muchas patologías como, por ejemplo, las enfermedades cardiovasculares. No obstante, los fenoles presentes en el aceite de oliva son responsables de una amplia variedad de efectos beneficiosos reconocidos por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés). Entre ellos se pueden citar sus propiedades anti-inflamatorias, su contribución al sistema inmunológico, su capacidad para mantener la función del tracto gastrointestinal y la regulación de la presión sanguínea.

Es importante resaltar que hablar de fenoles en aceite de oliva es hablar de AOVE. Existe una conexión directa entre la presencia de estos compuestos bioactivos y la calidad del producto final. Así, está ampliamente estudiado que el procesado de fruto sano con las máximas condiciones de higiene constituye la base para obtener aceite de oliva virgen extra enriquecido en fenoles.

A pesar de su potencial saludable, en volumen, el consumo de AOVE en los hogares españoles es aún inferior (25,8%) que el de aceite de oliva como tal (34,4%) o el de aceite de girasol (31,0%), según se recoge en el “Informe del Consumo Alimentario en España” correspondiente a 2019 y presentado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). Estas cuotas relativas se pueden transformar en cuotas absolutas en consumo per cápita expresadas en litros. En este sentido, en el año 2019 los ciudadanos españoles consumieron por habitante 3 litros de AOVE frente a los 4,01 y 3,61 litros de aceite de oliva y de girasol, respectivamente. Por tanto, aún queda mucho margen de consumo de aceite de oliva virgen extra al año para adoptar su ingesta como un hábito diario que permita beneficiarse a largo plazo de los efectos saludables asociados a los fenoles.

Una estrategia futura para el fomento del consumo de AOVE es la regulación del etiquetado con el fin de que puedan incluirse sus declaraciones saludables. Esta estrategia puede ser un paso adelante para que el valor saludable del aceite de oliva virgen extra sea por fin reconocido y se pueda catalogar a este producto de manera contundente como superalimento en el siglo XXI. De esta forma, los ciudadanos tendrán más razones si cabe para aumentar el consumo de AOVE.