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La soberanía del consumidor y el “AOVE aumentado”

La soberanía del consumidor y el “AOVE aumentado”

Manuel Parras Rosa
Catedrático de Comercialización e Investigación de Mercados. Universidad de Jaén

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En un contexto de estancamiento mundial de la demanda de aceites de oliva, el AOVE no para de crecer y con el incremento de su consumo conseguimos unos consumidores más sanos, tanto física como mentalmente. Invertir en AOVE es hacerlo en salud, pero, además, a medida que los consumidores conocen mejor este superalimento, las emociones y sentimientos que transmite, la experiencia que se vive al consumirlo y compartirlo, su consumo crece de forma natural.

No obstante, los consumidores debemos ser más proactivos y menos pasivos para ejercer nuestra legítima soberanía del consumidor. Hemos de ser los consumidores los que, con nuestras decisiones de compra, premiemos a los buenos productores, a aquellos que son conscientes de que lo que queremos no es sólo que lo que haya dentro de una botella sea un magnífico AOVE, sino que todo el proceso productivo aporte valor, un proceso sostenible en lo económico, en lo social y en lo medioambiental. No queremos un AOVE si en su proceso productivo se ha contaminado, se han agotado acuíferos, se han vertido residuos a los arroyos y ríos o no se han abonado salarios justos a los trabajadores.

Por eso, conviene hablar de “AOVE aumentado”, esto es, de aquel que, además de poseer unas excelentes cualidades físico-químicas y organolépticas, está rodeado de valores sociales, culturales, gastronómicos y medioambientales. Un AOVE así -y hay muchos- es verdaderamente un superalimento, aquel que trasciende lo puramente fisiológico, incluso organoléptico, para ubicarse en la mente de los consumidores como un producto que aporta valores socioeconómicos, medioambientales, culturales y saludables. Y, cuando hablamos de saludables, nos referimos a salud planetaria; aumentamos el concepto de saludable desde una actitud hedonista -mi salud- hacia una actitud solidaria -la salud del planeta-: no contaminación, mitigación del cambio climático, etc.

Necesitamos productores y consumidores comprometidos. Productores inteligentes que han de centrarse en las necesidades del consumidor y no en su capacidad de fabricación. Y consumidores comprometidos con el campo, que asuman el papel protagonista que le otorga la denominada “soberanía del consumidor”. El consumidor ha de ser consciente de que sus decisiones de consumo no son inocuas; tienen consecuencias para la rentabilidad del campo. Por eso, conviene que los consumidores sean proactivos, que ejerzan su poder para asegurar su buena alimentación, sus buenos AOVEs, y esto sólo es posible si se asegura el trabajo y rentabilidad de oleicultores honestos, los que elaboran un “AOVE aumentado”.

Tengo la suerte de contar con muy buen@s amig@s que elaboran un magnífico AOVE siguiendo las pautas del “AOVE aumentado” y es una delicia escucharles acerca de lo que hacen, de la pasión que les genera la grata labor de lanzar al mercado un buen AOVE. En sus etiquetas puede leerse: elaborado con “decencia”, “generosidad”, “honestidad”, “belleza”, “sostenibilidad” y “coraje”. Tod@s tienen en común pertenecer a una gran empresa, tal y como la definía Theodore Levitt: aquello que hace que gente ordinaria haga cosas extraordinarias. Pues eso, la familia del “AOVE aumentado” hace cosas extraordinarias, como esta iniciativa de otra familia muy ligada al “AOVE aumentado”, la familia Mercacei, a quien hay que dar de nuevo la enhorabuena.