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Creer es poder

Creer es poder

Antonio J. Gallego
Director comercial del Grupo Migasa

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Aún recuerdo cuando mis padres me mandaron hace años a estudiar un verano a Inglaterra con una familia inglesa. Como regalo para ayudarme en mi “aterrizaje” llevaba una botella de aceite de oliva. Cuando se la entregué, fue increíble la fiesta que le hicieron a tan maravilloso presente, no cabe duda de que conocían el producto y apreciaban su valor. Sin embargo, el aceite lo dejaban en la estantería de la cocina y no lo usaban: no sabían hacerlo.

Hoy la fiesta por este regalo sería la misma, pero con una diferencia: la botella no duraría más de una semana. Hoy sí saben dónde usarlo, cómo gastarlo, cómo aprovecharlo, en resumen, cómo disfrutarlo. Hablar con optimismo del sector, tal y como han sido los últimos años, puede sonar a broma. Sin embargo, ¿no deberíamos pararnos a pensar fríamente donde estamos?

A pesar de unas cosechas mundiales de récord, muchísimo más elevadas que las registradas hasta la fecha, los stocks no están en los niveles más altos. Esto se debe a un aumento exponencial del consumo, que ha hecho que se consuma aceite de oliva a unos niveles insospechados. No es la primera vez que pasamos por una crisis de precios, sin ir más lejos en 2012 llegamos a tener precios más bajos que los mínimos alcanzados en 2020, y sin embargo, ¿quién iba a predecir los años de buenos precios que estaban por venir desde 2013 hasta 2019?¿Y cómo se consiguió? Con el aumento del consumo. En estos años se alcanzaron buenas y malas cosechas, pero hubo una tendencia clara: el consumo subió a nivel mundial.

Vivir en un mundo perfecto con una sola receta es imposible, ya que ello depende de multitud de factores. Pero no cabe duda de que, cuando algo va mal, no podemos buscar un culpable entre nosotros para tratar de encontrar una explicación fácil a una crisis de precios. Si el consumo mundial no crece, la crisis de precios será cada vez mayor, porque lucharemos entre nosotros por un pedacito de mercado creyendo que será la solución a la crisis, y eso es un error. Únicamente logrando que se expanda el mercado habrá sitio para todos, y hacer crecer el mercado sólo se consigue con promoción y hablando todos bien del aceite de oliva y de todas las empresas que conforman nuestro sector.

Yo no soy el más viejo del lugar, aunque ya he dejado de ser el más joven, y no puedo más que agradecer a mi competencia que abriera nuevos mercados que hoy son los que tiran del consumo de nuestro aceite. Qué sería de nuestro oro líquido si hace 30, 40, 50 o más años una pequeña empresa privada no hubiese cogido la maleta para pasearse por el mundo exhibiendo un producto que apenas era conocido. Si no hubiese sido por ellos, ¿dónde estaríamos ahora? La sana competencia, la necesidad de abrir mercados, nos labró un futuro que por aquel entonces se antojaba insospechado.

Es por ello que actuando todos unidos es como conseguiremos que aumente el consumo del aceite de oliva, aún hoy minoritario a nivel mundial. ¿Dónde está el límite? Sin ir más lejos, EEUU sigue con una media de crecimiento superior al 10%. Y yo me pregunto: ¿y si nos creemos que podemos conseguir esta tasa de crecimiento para todos los países?