Día Mundial del Olivo 2025

Datos, eficiencia y talento: la ecuación de la rentabilidad en el olivar

Por Adolfo Peña AcevedoDr. Ingeniero Agrónomo y Profesor Titular en la ETSIAM de la Universidad de Córdoba

Miércoles 26 de noviembre de 2025

La rentabilidad en el sector oleícola ya no depende sólo del precio del aceite o de la productividad por hectárea. En un escenario global marcado por el cambio climático, la volatilidad de los mercados y la creciente presión sobre los recursos, el talento y la ingeniería agronómica y digital se han consolidado como el eje de las estrategias ganadoras para un olivar competitivo, eficiente y sostenible.

Desde la ingeniería del terreno hasta la ingeniería de datos, el sector dispone hoy de herramientas que permiten medir, modelizar y anticipar decisiones con una precisión inédita. La gestión del agua, la fertilización, la mecanización o la eficiencia energética ya no se conciben sin el apoyo de sensores, imágenes satelitales o modelos predictivos capaces de transformar la información en rentabilidad.

La ingeniería es, en esencia, la ciencia de la eficiencia. Aplicada al olivar, significa producir más con menos: menos agua, menos energía, menos insumos, menos incertidumbre. La teledetección y los sensores permiten ajustar dosis de riego y fertilización en función de la variabilidad del suelo y del estado vegetativo. Los modelos de simulación ayudan a prever rendimientos, consumo hídrico o estrés térmico, y permiten diseñar estrategias preventivas frente a plagas o enfermedades. Todo ello se traduce en ahorro de costes, mejora de la calidad y sostenibilidad a largo plazo.

El futuro de la rentabilidad en el olivar dependerá también de la capacidad de adaptar la ingeniería a cada modelo productivo. El olivar tradicional, con su enorme valor cultural, paisajístico y ambiental, necesita soluciones de mecanización adaptable y digitalización simplificada que reduzcan costes y mejoren su competitividad sin perder identidad, o de lo contrario desaparecerá. El olivar intensivo y el superintensivo avanzan hacia sistemas altamente tecnificados, donde la sensorización, el riego de precisión y la analítica de datos permiten maximizar la producción. En todos los casos, el riego marca el diferencial decisivo: disponer o no de agua condiciona la estabilidad productiva, la calidad del aceite y, por tanto, la rentabilidad final. La ingeniería hidráulica, apoyada en modelos inteligentes de balance hídrico, reutilización de aguas y energía solar fotovoltaica, será el factor que determine la viabilidad de muchos olivares en la próxima década.

Pero alcanzar la máxima rentabilidad no consiste sólo en adoptar tecnología, sino en integrarla con inteligencia. La verdadera ingeniería del siglo XXI no está en el hardware, sino en la capacidad de combinar conocimiento agronómico, datos y talento humano para crear sistemas resilientes y sostenibles. La digitalización por sí sola no garantiza la rentabilidad; la ingeniería aporta el método para transformar datos dispersos en decisiones de valor.

El olivar del futuro -y ya del presente- será rentable si es eficiente, trazable y bajo en carbono. Y eso sólo se logra con ingeniería aplicada y pensamiento sistémico. Porque detrás de cada litro de aceite de oliva competitivo y sostenible hay conocimiento, método, datos y visión. El conocimiento y la ingeniería no son una carga: son la inversión que convierte la incertidumbre en estrategia y la estrategia en rentabilidad.

En este contexto, los modelos predictivos basados en Inteligencia Artificial están redefiniendo el concepto de rentabilidad. Proyectos que integran datos de campo, satélite y estaciones agroclimáticas ya permiten estimar cosechas, optimizar la logística o reducir la huella de carbono del olivar. La ingeniería también impulsa la certificación de buenas prácticas y la valorización ambiental, abriendo la puerta a nuevos ingresos vinculados a la economía del carbono o a la sostenibilidad certificada.

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