Ahora que los campos de olivares de la provincia de Jaén se llenan de vida después de un año de trabajo, de cuidados y miradas al cielo, conmemoramos el Día Mundial del Olivo. Un árbol milenario, robusto y tremendamente generoso, que premia el esfuerzo de quienes lo cultivan con el oro líquido que derraman sus aceitunas. A su sombra se ha forjado una cultura enraizada en los pueblos del Mediterráneo y especialmente en la provincia de Jaén, que presume orgullosa de ser el principal productor de aceite de oliva del planeta.
Aquí, acostumbrados al paisaje infinito de campos bordados de olivares, tal y como recitó Antonio Machado, es probable que en ocasiones el bosque nos impida ver y valorar ese árbol que es símbolo de la paz y la armonía que tanta falta hacen en un contexto geopolítico de conflictos y guerras. Pero además de su valor cultural e identitario, no menos importante es su función como elemento de cohesión social y territorial y su papel como agente contra el cambio climático. El olivar es el pegamento que fija la población al mundo rural, que genera riqueza y empleo en nuestros pueblos, al tiempo que ejerce como sumidero de CO2, ya que es capaz de retener hasta 11,5 kilos de gases de efecto invernadero por cada kilo de aceite producido.
Por todo esto, es entendible que por más que se nos llene la boca diciendo que somos el territorio del sur de Europa con más castillos y atalayas; que contamos con cuatro parques naturales, uno de ellos, el espacio natural más grande de España y el segundo de Europa; que tenemos dos ciudades Patrimonio de la Humanidad; o que el mayor legado íbero se encuentra en esta provincia; la foto fija de esta tierra sigue estando protagonizada por el olivar y el aceite de oliva. De ahí la apuesta decidida de la Diputación Provincial por aprovechar este elemento diferenciador y ofrecer una experiencia única y singular a quienes nos visitan. Nacía así, hace algo más de una década, el oleoturismo, un viaje con destino a la esencia de la cultura del olivo que vimos como una oportunidad para que el sector oleícola pudiera extraer una segunda cosecha junto al aprovechamiento de los subproductos del olivar. Una propuesta experiencial que enriquece nuestra oferta de turismo de interior, ligada a la identidad de nuestro territorio y con un fuerte puntal en el gastroturismo.
Más de 150 recursos ligados a la cultura del olivar y el aceite de oliva repartidos por toda la provincia conforman hoy en día la mayor red de recursos oleoturísticos de España: restaurantes, almazaras y cooperativas visitables, spas, oleotecas, empresas de cosméticos, de servicios turísticos, de catas de AOVE, museos y centros de interpretación, empresas de artesanía de madera de olivo o cortijos. A ello se suman recursos y eventos, como la Fiesta del Primer Aceite que este año hemos celebrado en Martos y en Fuenlabrada, que siguen creciendo de la mano de un sector que ha creído en esta alternativa de diversificación económica, con reconocidas propuestas de restauración en las propias almazaras o con la organización de actividades lúdico-festivas de gran interés ligadas a la producción de los primeros aceites de oliva vírgenes extra.
El oleoturismo, que avanza de forma significativa en su profesionalización y competitividad, demuestra una vez más que el olivo es mucho más que un árbol o un cultivo en la provincia de Jaén. Sus tiempos condicionan el calendario vital, económico, cultural y social de una sociedad que presume de liderar la producción del mejor aceite de oliva virgen extra del mundo.