La Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF) ha publicado un artículo con el fin de analizar los principales efectos negativos asociados a los episodios anómalos de precipitación y ofrecer una visión práctica de las medidas agronómicas que permiten prevenir o minimizar sus consecuencias. A su juicio, un adecuado diseño de la plantación, un manejo del suelo orientado a la conservación, la correcta planificación de la recolección y la adopción de prácticas preventivas constituyen herramientas clave para mejorar la resiliencia del olivar frente a condiciones climáticas cada vez más extremas.
Según ha detallado la RAIF, los principales problemas asociados a estos eventos anómalos de precipitación son: asfixia radicular, daños físicos en la arboleda, erosión del suelo, dificultad en la realización de las labores culturales e incremento de la incidencia de enfermedades.
Así, ha analizado cada uno de estos efectos negativos y las posibles medidas preventivas.
Asfixia radicular
Las condiciones prolongadas de encharcamiento o los elevados contenidos de humedad en el suelo provocan una deficiente oxigenación del sistema radicular, pudiendo llegar incluso a la muerte del árbol. En su opinión, la gravedad de este problema es mayor en aquellas zonas donde los encharcamientos se mantienen en el tiempo debido a una baja capacidad de infiltración del suelo, situación frecuente en suelos con alto contenido en arcilla o con una capa freática superficial.
En los últimos años, según la RAIF, se han establecido numerosas plantaciones nuevas sobre terrenos muy llanos y arcillosos, lo que ha incrementado la aparición de marras por asfixia radicular, especialmente en plantaciones jóvenes. Los árboles con escaso desarrollo radicular presentan una mayor sensibilidad a estos episodios prolongados de exceso de agua.
Como medidas preventivas frente a la asfixia radicular destaca nivelar adecuadamente el terreno para favorecer la evacuación del agua; implantar sistemas de drenaje que mejoren la infiltración en profundidad y la evacuación del exceso hídrico; realizar el acaballonamiento de las filas de árboles, evitando el encharcamiento en la zona radicular; y adoptar sistemas de manejo del suelo que mejoren su estructura y porosidad.
Daños físicos en los árboles
Los episodios de lluvias intensas, acompañadas en ocasiones de vientos fuertes, granizo o incluso nevadas, pueden provocar distintos daños en la arboleda: inclinación del árbol, lo que obliga a su recolocación y, en algunos casos, al aporcado y/o entutorado para reforzar la base del tronco; arranque total o parcial de árboles, por lo que recomienda el arranque, saneamiento del sistema radicular y la posterior replantación, reduciendo la copa para equilibrar la relación copa/raíz, y asegurar el éxito de la operación; rotura de ramas estructurales, que deberán eliminarse mediante una poda adecuada, favoreciendo la regeneración de la estructura perdida; y daños en los frutos, especialmente por granizo o por la persistencia de humedad, que pueden depreciar la aceituna.
Según la RAIF, la aplicación de tratamientos a base de compuestos cúpricos puede ayudar a minimizar estos daños.
Daños por erosión
Asimismo, ha resaltado que la erosión hídrica constituye el principal problema medioambiental del olivar, ya que provoca pérdidas irreversibles de suelo, el anegamiento de parcelas situadas en cotas inferiores, el deterioro de infraestructuras, la colmatación de embalses y el aumento del riesgo de avenidas y desbordamientos.
Los factores que influyen en la pérdida de suelo por erosión son la cantidad e intensidad de las lluvias, la pendiente y longitud de la parcela, la textura y estructura del suelo y el grado de cobertura del terreno. En parcelas con pendientes elevadas y gran longitud, la erosión suele ser laminar en las zonas altas, mientras que en las partes bajas se favorece la formación de cárcavas.
Como medidas para la prevención de la erosión, la RAIF señala el diseño de la plantación: en pendientes superiores al 15% recomienda la plantación en bancales o terrazas; en pendientes entre el 8 y el 15% considera aconsejable la plantación siguiendo curvas de nivel; y en pendientes inferiores al 8% recomienda disponer las calles perpendiculares a la línea de máxima pendiente, favoreciendo la evacuación del agua; manejo del suelo: implantar cubiertas vegetales o inertes que mejoren la infiltración, aumenten la porosidad y reduzcan la compactación; y reducir la intensidad de las labores, especialmente en parcelas con riesgo de erosión; conservación de cárcavas permanentes: estabilizar los taludes mediante medidas funcionales como la implantación de especies arbustivas o, en casos necesarios, la ejecución de pequeñas obras de corrección; y corrección de cárcavas temporales: realizar labores superficiales tras el invierno y restaurar los daños producidos en las cubiertas.
Dificultad en la realización de las labores culturales
La RAIF ha remarcado que la labor más afectada por los episodios de lluvias es la recolección, al coincidir con el periodo del año en el que las precipitaciones suelen ser más frecuentes y persistentes. Según ha detallado, las lluvias prolongadas provocan retrasos en la recolección, caída de aceituna al suelo, aumento de los costes de recolección y un deterioro de la calidad del aceite producido.
Para minimizar estos efectos considera fundamental iniciar la recolección de forma temprana, contar con una adecuada mecanización, una correcta preparación del terreno, un buen diseño de la plantación y un sistema de formación del árbol orientado a maximizar la eficiencia en la recolección.
Incidencia de enfermedades
Asimismo, ha precisado que la mayoría de las enfermedades del olivar se ven favorecidas por condiciones de elevada humedad y temperaturas suaves. Los periodos prolongados de humedad incrementan el riesgo de aparición de enfermedades fúngicas tanto de suelo como de la parte aérea del árbol.
Entre las enfermedades de suelo más comunes, la RAIF destaca la verticilosis y las podredumbres radiculares, mientras que en la parte aérea son frecuentes el repilo, el repilo plomizo y la tuberculosis del olivo entre otras.