El sector agroalimentario español está cambiando al ritmo de fuertes entradas de capital en un plazo relativamente corto. La irrupción de fondos -especializados y generalistas- y family offices en busca de rentabilidad -derivada de la necesidad de alimentar a una creciente población mundial- están transformando el sector. En esta edición de Los Encuentros de Mercacei -publicados en Mercacei Magazine 127-, patrocinada por la Fundación Patrimonio Comunal Olivarero, hablamos del atractivo de invertir en olivicultura, de sus ventajas y riesgos, con algunos de los principales actores relacionados con este ámbito; así como de salud, calidad, sostenibilidad, agua... y mucho más.
Según la consultora Valoral Advisors, en 2025 se esperaba que el número de fondos de inversión especializados en el sector agrícola y alimentario superase por primera vez el millar a nivel mundial, con un capital gestionado superior a 150.000 millones de dólares. Hace tan sólo una década, en 2015, la cifra ascendía a tan sólo 41 fondos. Y según los datos de la consultora CBRE -uno de los participantes en el Encuentro-, el negocio del agribusiness en la Península Ibérica inyectó inversiones de 800 millones de euros en 2021, 1.200 millones en 2022, 2.200 millones en 2023 y 800 millones en 2024; alcanzando los 1.200 millones de euros en inversión institucional en 2025. Las operaciones varían entre aquellas en las que se compra la tierra a su propietario pero éste la sigue cultivando en régimen de alquiler (buy & leaseback), que representan menor riesgo y menor rentabilidad; la compra de tierras y contratación de terceros para su cultivo (riesgo y rentabilidad medios); o la compra de empresas del sector, que son las de mayor riesgo y rentabilidad.
FONDOS DE INVERSIÓN Y FAMILY OFFICES: EL ATRACTIVO DE INVERTIR EN OLIVICULTURA
Juan A. Peñamil: ¿A qué obedece la irrupción de los fondos de inversión y los family offices en el sector? ¿Dónde reside el atractivo de invertir en olivicultura? ¿Qué ventajas aporta el olivar frente a otros cultivos?
Jorge Pena: El aceite de oliva es un producto que tiene una virtud, y es que está absolutamente unido a la salud, que es una de las grandes megatendencias que existen a nivel mundial, y que va a continuar en las próximas décadas. Ello le convierte en un producto muy atractivo, con una demanda que, cuando la oferta ha sido capaz de dar respuesta, ha crecido de manera constante. Sin embargo, a pesar de ser la grasa más sana, su consumo representa menos de un 3% del total, por lo que su mercado potencial es brutal y, desde ese punto de vista de crecimiento a futuro, posee un atractivo importante.
En cuanto a la inversión, la más profesional o institucional en el sector del aceite de oliva ha venido muy de la mano de la mecanización, y ésta, del moderno olivar en seto. El convencimiento de que este sistema funciona, de que podemos tener altos rendimientos productivos con un proceso mecanizado y más eficiente sin tanta necesidad de mano de obra, ha restado incertidumbre: si posees tierras con agua y mecanización y, por tanto, costes competitivos para producir de manera más constante, ello favorece que la inversión fije su mirada en el sector.
Lorena Ruiz: Ha habido una auténtica (r)evolución en el sector. Y existen varios factores que influyen en que los fondos y los family offices estén invirtiendo no ahora, sino desde hace años. Yo creo que la pandemia supuso un punto de inflexión porque nos dimos cuenta de la importancia de una alimentación sana y de calidad. En España -y en el mundo- tenemos un problema encima de la mesa y es la falta de relevo generacional, no podemos permitirnos tener tierras sin cultivar y abandonadas, tenemos la oportunidad de revalorizarlas. Al final, los fondos vieron que había que diversificar: entre 2020 y 2025 han invertido más de 5.000 millones de euros en el sector agroalimentario atraídos por las rentabilidades y animados por la mecanización y profesionalización del mismo. Porque en el campo, sobre todo en las tierras con agua, que son las más escasas y demandadas, hay rentabilidad y oportunidades. Y aunque a veces se puedan percibir como algo negativo por parte de los agricultores y algunos actores, yo siempre digo que es todo lo contrario, ya que su irrupción está ayudando a una mayor profesionalización, y todavía nos queda mucho.
Jorge Pena: Pero cuidado con las revoluciones, porque podemos caer en los excesos. Si hablamos de que el olivar en secano es maravilloso, definamos qué es, porque en una zona como Jerez, por ejemplo, hablar de secano es muy cuestionable. No todo vale. Ni el secano de Jerez es malo ni el regadío de alguna zona donde existan limitaciones de agua de manera persistente es un regadío bueno. Hay que tener cuidado porque estamos asistiendo a muchas plantaciones de secano en lugares en los que habrá que ver cuál es su rentabilidad. El de Jerez es un caso bastante encasillado y debemos tener cuidado de no expandirlo a otros sitios porque luego vendrán las sorpresas. Y me gustaría hacer otra reflexión. Parece que los fondos de inversión han llegado al mundo agro hace cinco años, cuando los inversores institucionales llevan toda la vida. Donde no estaban es en Iberia. ¿Y por qué han venido a Iberia?
Porque empezamos a tener una tecnificación, una tecnología que podemos aplicar a cultivos muy tradicionales que quizás no eran eficientes, y ahora empezamos a ser eficientes, además de contar con otros aspectos de mucho valor añadido.
Una estructura tradicional como la que teníamos antes, minifundista, sin capacidad de gestión ni liderazgo, era inviable. Antes había muchas barreras que impedían que los fondos vinieran aquí y apostaran. Había mucho miedo e inseguridad con el tema del agua. En Portugal lo han hecho muy bien, ojalá España siga su ejemplo y consigamos crear una estructura hidráulica a nivel nacional que elimine esa gran incertidumbre que representa el agua, porque al final el dinero es miedoso. Cuantas menos incertidumbres, más inversión atraeremos y mayor valor añadido podremos ofrecer.
Josechu Martínez: Nosotros somos un family office y al final nuestros clientes lo que quieren es diferenciarse. Tenemos que ofrecer a nuestros clientes un producto diferente y ellos exigen lo mismo, porque la competencia sigue avanzando. Todo el mundo ofrece ya bolsa, bonos… se recurrió al mercado inmobiliario, que es muy español, y sin embargo no se echó mano del aceite de oliva, que también es un producto muy español. No es tanto una tendencia, sino algo que nos acompaña. Incorporar un activo ilíquido, no financiero, otorga valor a la cartera de un cliente; y a un inversor español o en Iberia tiene sentido aportarle un activo que conoce tan bien como el inmobiliario y con un valor refugio detrás, que es la tierra. Entonces nos dimos cuenta de que en España ese producto no estaba desarrollado, es un activo que tiene que seguir creciendo. Aunque había inversión institucional, no estaba paquetizado de una manera adecuada con co-inversión del propio propietario de la tierra o el operador del activo. Lo que ocurre es que el inversor español no institucional no está acostumbrado a invertir o a que su gestor de patrimonios le diga que tiene una parte en olivo, un fondo de olivo. Eso todavía está por hacer.
Héctor Rodríguez: Si establecemos una cronología, en el año 2000 vimos que estos fondos empezaban a entrar en mercados más maduros. Veíamos inversiones institucionales en Australia y en el norte de América, en EEUU y en Canadá. Posteriormente, también empezaron a entrar fuerte en mercados en expansión, en países en vías de desarrollo, por dimensión y oportunidades, y hacia 2015 comenzaron a entrar muy fuerte en agricultura en Iberia. ¿Por qué? Por una relación muy básica entre el riesgo y el retorno y las oportunidades que ofrece Iberia: la calidad de los secanos, la de los perímetros de riego, la climatología… Y luego hay que separar la parte de los family offices, que llevan toda la vida en agricultura y conocen sus bondades. Es cierto que existe una falta de profesionalización, de sofisticación y de vehículos que permitan catalizar todo ese capital que quiere entrar como oportunidades. El sector se ha hecho visible, se ha transformado y profesionalizado, y esta sofisticación está permitiendo que evolucione hacia modelos mucho más eficientes. Desde nuestra perspectiva, estamos viendo mucha especialización y consolidación, cómo la figura del operador está adquiriendo una posición estratégica en lo que se refiere a la configuración del futuro del sector.
Gregorio Álvarez: En mi caso soy el único inversor. Yo me he dedicado toda mi vida a las energías renovables y a la formación y la enseñanza. En un momento dado invertí en fondos y me propuse llevar a cabo mi propio negocio. No me gustaban los fondos porque yo prefiero desarrollar mi proyecto. Mi fórmula consistió en diversificar el riesgo. Hemos aplicado la ingeniería de las renovables a la ingeniería del campo. Empezamos en 2018 y hoy disponemos de dos mil y pico hectáreas de olivar en seto, en fincas de regadío de gran tamaño -ahora empezamos a probar secanos-, de ellas casi 1.000 en producción -para el resto faltan un par de años-. Yo vi aquí una oportunidad de crecimiento brutal vía tecnificación y me di cuenta de que era más difícil comprar fincas que alquilarlas. Ahora presido Olivérica, la Asociación Ibérica de Olivar en Seto, y estoy luchando para que la gente se dé cuenta de que es el olivar del presente y del futuro. La clave está, dada la escasez de mano de obra, en la tecnificación y en la digitalización, en probar nuevas variedades (chiquitita, sultana, lecciana...). Estamos montando una almazara en Cáceres, en la zona de Plasencia, y en un mes ponemos en marcha una refinería de aceite de oliva en Paredes de Nava (Palencia) porque allí tenemos agua, terreno, mano de obra barata y una empresa logística que hemos montado para poder desarrollar nuestro negocio. Creo que en este sector hay muchas oportunidades y hay que trabajar en posicionar el aceite de oliva en un buen altar desde la calidad y su vertiente saludable, porque tenemos en nuestras manos el mejor producto y no hablamos de él, no veo que se hable de aceite de oliva en las televisiones. Lo hacemos muy mal: mientras los italianos están vendiendo el aceite un 60-70% más caro, nosotros se lo estamos dando a ellos para que lo vendan. Yo he puesto en todas mis botellas la bandera de España, porque somos líderes mundiales. Al campo lo que le falta es introducir ingeniería, financiera y de todo tipo. Hay que proporcionar empleo todo el año, profesionalizarlo y dotar de estabilidad económica y salarial a los trabajadores. Y sobre todo falta unión en el sector. Nuestro trabajo debería consistir, al margen de optimizar, que todos lo hacemos, en posicionar el aceite de oliva como Marca España.
Jorge Pena: Me gustaría hacer un comentario respecto al aceite de oliva italiano: ojalá vendan mucho aceite y creen demanda, parece que son nuestros enemigos y en realidad son nuestros mejores aliados, y los que no lo estamos haciendo bien somos nosotros. En lugar de hacer crecer la tarta, buscamos la manera de arañar al vecino. Tenemos que dejar de mirarnos al ombligo y levantar la mirada para vender el aceite de oliva con todos sus atributos positivos. Es el único producto en el que definimos calidades hablando de defectos, eso es brutal. Y en este sector utilizamos un lenguaje que el consumidor medio no habla; existe una disociación tremenda entre lo que piensa el consumidor y lo que hace la industria. Tenemos que hablar su lenguaje, no hacer que él hable el nuestro, y ponerlo en el centro de la mesa.
Enrique Bertolá: No hay ningún otro sector donde la diferencia entre valor y precio de un producto esté tan disociada, cuando encima el consumidor nos ha enseñado justamente lo contrario. Nuestro potencial reside en la salud, no hay que errar el tiro. Cuando promocionemos el aceite de oliva está muy bien hablar de tradición, de sabor, pero sobre todo debemos hablar de las cualidades que aporta para el bienestar y la salud. Apenas representamos el 3% de las grasas vegetales y no podemos ser enemigos ni pelearnos entre nosotros. Y luego está otro tema, el de la calidad. Es absolutamente prioritario mantener la calidad viendo lo que viene de fuera. El olivar en seto ha proporcionado a muchos países la capacidad técnica de ir lanzando aceite al mercado. O nos posicionamos como país en términos de calidad -y no en precio, porque los demás probablemente van a producir más barato-, o mal vamos.
Iñaki Benito: De mantenerse la compra masiva de fincas y la revalorización de la tierra, y el crecimiento de fondos focalizados en el olivar y en otros cultivos intensivos, ¿podría generarse una burbuja que frene la inversión en el sector?
Gregorio Álvarez: Creo que la presencia de los fondos de inversión debe ser moderada, pero también son muy necesarios. Si vienen los fondos es porque consideran que hay futuro. Tenemos que convivir y no pelearnos. Si tú demuestras que eres un fondo con estabilidad y trayectoria te alquilarán, de lo contrario no lo harán.
Jorge Pena: No han sido los fondos los que han inflacionado el precio de la tierra, sino las energías renovables, sobre todo las fotovoltaicas.
Lorena Ruiz: Se ha incrementado el precio de la hectárea no sólo de compra, sino de alquiler, eso es una realidad, porque existía el miedo a quedarse sin esa tierra. Si tienes un objetivo de x hectáreas de plantación, debes cumplir con tus inversores, que son los que han puesto dinero para obtener rentabilidad.
Jorge Pena: Si estamos hablando de que uno de los factores que permiten reducir incertidumbre, apostar por tecnología, tecnificar e innovar es el tamaño, es evidente que si no tienes tamaño no puedes hacer eso. Y si con ese tamaño consigues ser más eficiente, producir más y mejor, también tendrás capacidad de pagar más. Pero, ¿qué está pasando con los precios de la tierra ahora que las fotovoltaicas se han retirado?
Héctor Rodríguez: Estamos en un mercado de oferta y demanda y es obvio que los precios han subido en los últimos años. Lo que estamos viendo ahora mismo es estabilización, no sé si por esta cuestión de las fotovoltaicas o porque en cultivos como el olivar no se puede pagar más por muy eficiente que seas.
Enrique Bertolá: Conviene recordar que el alquiler es un gasto deducible, por lo que financieramente no tiene ningún sentido comprar tierras si tu exclusiva intención es realizar una explotación y obtener rentabilidad de la misma. Tienes que saber cuál es tu negocio, producir aceite o especular con tierras.
Jorge Pena: También hay otro factor muy importante, y es comprobar cómo ha evolucionado el sector financiero, aprovechando que tenemos a Lorena…
Lorena Ruiz: Nosotros somos una parte muy importante entre los actores de esta revolución de la que hablaba al principio. Sin la banca es muy difícil que se lleven a cabo todos estos proyectos, hay muchas inversiones y un coste muy elevado.
Jorge Pena: Los grandes bancos internacionales no van a venir aquí a acometer proyectos de olivar de gran tamaño porque aún no entran dentro de su radar. Por tanto, esa evolución del sistema financiero español, esa capacidad de adaptación, ha sido clave para que los fondos puedan desarrollar sus proyectos, de lo contrario hubiera sido imposible.
Juan A. Peñamil: Hemos hablado del atractivo de invertir en olivicultura. Pero, ¿qué riesgos comporta?
Lorena Ruiz: Como hay tanta tecnificación y tanto análisis, el mayor riesgo es que acontezca una hecatombe climatológica, y eso no se puede controlar.
Héctor Rodríguez: Llevamos cultivando olivar en nuestra geografía durante más de 2.000 años y ello, sumado a la tecnología y la profesionalización, hace que exista un riesgo bastante contenido que va unido a la rentabilidad.
Gregorio Álvarez: Yo le veo mayor riesgo al almendro, por ejemplo. A mí me gustar poner mi dinero en un sitio más seguro y por eso he optado por el olivar. Luego he hecho refinerías y cosas así, pero en el campo es donde más tranquilo estoy. Aunque he aprendido que lo que haces mal en el campo, lo pagas dos veces.
Iñaki Benito: En cualquier caso hablamos de un sector muy volátil que puede tener precios por debajo de 2 euros y por encima de 8. ¿Cómo afrontáis y gestionáis ese riesgo?
Gregorio Álvarez: Lo que hay que hacer es buscar proyectos a largo plazo. Con el olivar en seto habrá cada vez mayor estabilidad, porque permite que las fincas -salvo catástrofe- aseguren una producción. El empresario tiene que ser optimista por naturaleza, pero no puedes pensar que te van a dar 9 ni 2, sino 4. Podemos hacer un producto en el corto plazo muy ecológico con los biofertilizantes y bioestimulantes, que es una realidad que ofrece estabilidad.
Josechu Martínez: En nuestro caso, cuando buscamos un proyecto para invertir en productos alimentarios -el vino y más recientemente el aceite-, encontramos el riesgo de que, en primer lugar, nadie te ofrece un proyecto de operador propio; en segundo lugar, que los costes no están claros, el producto no está claro desde el punto de vista financiero paquetizado; y, en tercer lugar, no hay co-inversión del operador del activo. Cuando encontramos un producto que reúne esos tres requisitos, entonces invertimos.
Jorge Pena: Hay un riesgo del que no hemos hablado que es el de la sobrerregulación que tenemos en Europa, las limitaciones que nos imponen para realizar una mejor gestión que nos permita obtener mejores productividades, mientras que no ponemos ningún tipo de cortapisa a productos que vienen de fuera en los que han podido utilizar herramientas que a nosotros no nos permiten. Eso es un riesgo brutal, para el olivar y para cualquier otro cultivo. Y, aunque la tendencia está cambiando y en la UE están echando el freno de mano, tenemos que ser conscientes de que estamos compitiendo en desigualdad de condiciones respecto a los países del norte de África, que se benefician de unas reglas del juego mucho más favorables que las que tenemos nosotros. Esto es un hecho objetivo, hay que competir en igualdad de condiciones.
Lorena Ruiz: Igual que nos regulan que tenemos que ser los más verdes del mundo, que me parece perfecto, tenemos que seguir comiendo y alimentando a la población. Lo que no puede ser es que esté entrando producto desde Marruecos que no cumple ninguna regulación europea. Y ojo, que estamos ante una amenaza, porque si Marruecos ejecuta las inversiones de regadío prometidas por el Gobierno, que se va a gastar más de 30.000 millones de euros, cuidado, porque van a producir más con una mano de obra muchísimo más barata, y el aceite va a entrar con la misma facilidad que el tomate y el resto de productos. Y los controles que se hacen, por ejemplo de fertilizantes, suponen el 0,008, es decir, nada. Ahí lo dejo.
Josechu Martínez: En el caso de Marruecos el riesgo es americano, geopolítico. Detrás está el amigo americano. Hay que unirse, os tenéis que unir y defender la Marca España, mostrar una defensa férrea, porque lo que venden ellos no es salud, que es un driver fundamental. El olivar se va a enfrentar a la misma lucha que afectó al sector pesquero frente a los caladeros marroquíes, pero entonces no tenía el apoyo de EEUU. Ahora Marruecos está apoyado por EEUU. Es un riesgo creciente y, desde el punto de vista estratégico, no lo veo fácilmente dominable.
Lorena Ruiz: En España tenemos 16,5 millones de hectáreas y de ellas sólo 3 son de regadío. Y nadie está planteando invertir en regadío, que es invertir en el futuro de nuestro sector, en generar valor a la denominada España vaciada. Invertir en agua es invertir en el futuro.
Héctor Rodríguez: Estamos en un mundo globalizado y, más allá de ese riesgo geopolítico, y entendiéndolo, lo que hay que hacer es generar marca, tener calidad y ser competitivo. Producir buen producto a buen precio.
Juan A. Peñamil: La atención de los grandes fondos y family offices se sitúa en las plantaciones de intensivo y, sobre todo, superintensivo y en seto. ¿El olivar tradicional de secano -sobre todo el ecológico- también podría suscitar el interés inversor?
Enrique Bertolá: El único interés que podrían tener es comprar los créditos de carbono. A mí me han llegado informaciones de grandes fondos buscando y comprando olivares tradicionales, o negociando. El gran reto es intentar que el secano sea rentable, conseguir producciones dignas.
Héctor Rodríguez: Y ya ha habido escándalos en otros países como Brasil con la procedencia de esos créditos de carbono, de dónde vienen y si realmente se ha secuestrado o no ese carbono. Nosotros no estamos viendo movimientos en los secanos, en general. Es verdad que hubo un movimiento particular en Jerez con De Prado adquiriendo a un competidor, pero no ha ido más allá.
Gregorio Álvarez: Yo estoy haciendo secano en lugares muy concretos, pero prefiero hacer regadío aunque me cueste más. Si quieres una inversión segura hay que ir al regadío, un fondo busca mayor seguridad. El secano, en ciertas zonas, puede resultar azotado por sequías tan fuertes que le cueste mucho recuperarse. El olivar en seto está probado, tiene 25 años y funciona. Tenemos que apostar por la innovación, seguir investigando. Yo estoy haciendo muchas pruebas con suelo… para crecer tienes que tener un 75% muy seguro y un 25% de pruebas.
Josechu Martínez: Desde el punto de vista financiero, si a un cliente se le quiere dar un activo que descorrelacione, como puede ser el olivo, te tienes que ir a un plazo de 25 años, porque el dinero te va a entrar con las aseguradoras. La forma de crecer desde el punto de vista financiero, paquetizar con institucionales financieros y las grandes masas, es a través de los bancos y sobre todo las aseguradoras, y buscan productos a 25 años; entonces el secano no vale.
SOSTENIBILIDAD Y AGUA
Juan A. Peñamil: Voy a citar a una de las ponentes de nuestro congreso MUNDOLIVAR, Jerusalem Hernández, de KPMG España, quien afirmó que “la sostenibilidad no es altruismo, es capitalismo”. ¿Qué importancia tiene para vosotros la sostenibilidad en la inversión agrícola? ¿Es este concepto un factor clave en términos de rentabilidad y eficiencia?
Jorge Pena: Voy a responder desde dos puntos de vista. ¿Qué es más sostenible: que me duche con agua caliente de energía renovable o que produzcamos alimentos suficientes, nutritivos y de calidad para alimentar a la población? Ése es el primer punto para reflexionar. Y el segundo. El mayor activo que nosotros tenemos como agricultores es el suelo. El primer interesado en la sostenibilidad del suelo soy yo, nadie tiene que venir a decírmelo. Lo que ocurre es que se ha abusado del concepto de sostenibilidad, lo hemos llevado a un punto… Llega un momento en que estamos siendo como sociedad una caricatura.
Gregorio Álvarez: En la sostenibilidad cabe todo. Primero hay que hacer sostenibilidad económica. Después se puede cuidar el suelo, que es donde más trabajo de sostenibilidad se puede hacer, en activar esa materia prima que está muerta, en las proteínas de origen vegetal y animal… ¿qué hay más sostenible que el olivo? Es un sumidero de CO2, uno de los árboles que menos agua necesita… Tenemos que tender a lo ecológico, pero siempre que el precio no lastre el negocio. Hoy se puede ser sostenible y renovable a buen precio; antiguamente, hace 10 años, no. La tecnología también nos ha ayudado en eso. La fotovoltaica es un regalo. Pero no podemos volvernos locos. Hoy a todas las empresas se les llena la boca con la palabra sostenibilidad, cuando a lo mejor son las que más ensucian. Lo que sí teníamos que hacer es luchar por ser autosuficientes. Hay que ser sostenibles en lo que se pueda.
Héctor Rodríguez: Desde nuestra perspectiva, esto ya no es una opción. En términos de retención de población rural todo este tipo de proyectos están generando un valor tremendo. No sólo porque retienen a esa población, sino porque le dan trabajo todo el año, y además trabajo cualificado, y eso también es sostenibilidad. Un pequeño ejemplo: nosotros ahora mismo estamos trabajando con un fondo de impacto, y uno de sus componentes no es sólo la mejora de los sistemas hídricos o cuánto produces con cada unidad de agua, sino el impacto en la sociedad, que es algo que se tiene en cuenta y cada vez se valora más.
Gregorio Álvarez: Hay que dar trabajo a largo plazo. A la gente del campo hay que darle no seis meses de trabajo, sino 12, hay que darle estabilidad.
Juan A. Peñamil: La escasez de agua es otra de las grandes cuestiones que preocupan al sector. En este sentido, la gestión del pantano de Alqueva, en la región del Algarve, es el mejor espejo donde mirarse. ¿Se puede replicar en España el modelo portugués?
Jorge Pena: Absolutamente sí. Lo que es inconcebible es que no se haya hecho, eso es lo que es difícil de explicar. Hay dos recursos escasos, la tierra cultivable y el agua. ¿Y qué hacemos con el agua? Si es un recurso muy escaso, deberíamos hacer un uso muy eficiente de él, y no se hace. Habría que incentivar y conceder ayudas para sistemas eficientes de irrigación inteligente, renovación de infraestructuras, trasvases de agua… Alqueva ha abierto la puerta a grandes explotaciones, que no hay tantas en Andalucía con acceso a agua, que sean mecanizables… no olvidemos que sin tamaño esto no existe, es imposible.
Juan A. Peñamil: Concluimos. ¿Podemos decir que España es, hoy en día, el hub agroalimentario europeo?
Gregorio Álvarez: Creo que sí. Tenemos el clima, el agua, el suelo y la tradición. Se produce mucho y cada día mejor, estoy convencido de que en el campo no lo estamos haciendo mal.
Jorge Pena: No es lo que somos, es lo que podríamos ser si nos dejaran...
Lorena Ruiz: Sí. Y no estamos sumando todos esos turistas que no vienen solamente por el sol, sino por la gastronomía, y eso es gracias indirectamente a todos nuestros productores y a toda la industria alimentaria. Creo que somos el hub agroalimentario de Europa, hay cosas todavía por mejorar pero no tenemos que envidiar a ningún país europeo; más bien ellos nos miran mucho a nosotros por la calidad y la forma de trabajar.
Juan A. Peñamil: ¿Algún titular para finalizar, algo que os parezca realmente prioritario?
Lorena Ruiz: Invertir en divulgar la cultura del aceite de oliva.
Jorge Pena: Consumo, consumo y consumo. Si conseguimos que haya una demanda para 4 millones de toneladas, el precio se irá a 8 euros y estaremos todos mejor, toda la cadena de valor. Cuando hay situaciones de precios bajos lo único que se nos ocurre es actuar sobre la oferta, no sobre la demanda.
Gregorio Álvarez: Hay que poner en valor el producto, posicionarlo, y estar más unidos.