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El sector oleícola ante el futuro: una estrategia en marcha

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Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA)

Lunes 13 de julio de 2026

El aceite de oliva es, sin duda, uno de los grandes símbolos de España. Lo es por su peso económico, por su valor cultural, por su papel en la Dieta Mediterránea y por su capacidad para proyectar nuestra gastronomía en el mundo. España es líder mundial en superficie y producción de aceite de oliva. En superficie con más de 2,8 millones de hectáreas, lo que representa aproximadamente el 25% de la superficie mundial de olivar (alrededor del 17% de toda la superficie agrícola nacional); y en producción concentrando casi el 40% de la producción mundial de aceite de oliva y el 67% de la europea, lo que sitúa al país como referente global.



Somos también los principales exportadores de aceite de oliva, estando nuestro aceite presente en más de 150 mercados internacionales, cuya demanda supone el 66% de nuestra comercialización. De nuestras exportaciones, aproximadamente un 40% se dirige a países terceros, mientras que el 60% restante se consume en el mercado comunitario europeo.

La alta calidad de los aceites de oliva españoles, está respaldada por condiciones de cultivo favorables, tradición, modernidad, innovación, tecnificación y un sólido sector industrial, así como por una normativa amplia y rigurosa a través de medidas impulsadas por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) para reforzar la trazabilidad y el control de calidad.

Detrás de estas cifras hay territorio, empleo y miles de familias que sostienen una actividad estratégica para muchos pueblos de nuestro país. Además, casi la mitad de las explotaciones agrarias en España cuentan con cultivo de olivar, un dato que identifica y ejemplifica la importancia del olivar en nuestro sistema productivo agrario, así como el papel fundamental del sector en el mantenimiento y desarrollo económico, social y medioambiental de las zonas rurales, especialmente en el caso del olivar tradicional, pero también en el resto de los modelos productivos existentes en España.

Una diversidad tipologías y sistemas de producción a la que desde el Ministerio otorgamos una gran importancia, que debemos saber defender y aprovecharen nuestro favor, diferenciando y permitiendo poder dar una respuesta satisfactoria a todas las demandas.

Actualmente el sector vive un momento exigente, con precios volátiles, mercados internacionales cada vez más competitivos, consumidores más informados y una demanda creciente de calidad, transparencia y sostenibilidad.

España ya ocupa una posición de liderazgo mundial en producción y exportación, pero debemos seguir trabajando en fortalecer el reconocimiento internacional de nuestro producto, y seguir consolidando una marca España que permita trasladar al consumidor el valor diferencial de nuestros productos y el esfuerzo que hay detrás de ellos.

Ante ese escenario, el Ministerio ha impulsado en los últimos años una estrategia amplia, que combina regulación, control, modernización, promoción e internacionalización. No se trata de una medida aislada, sino de una política coherente para proteger el valor del aceite de oliva español y reforzar su liderazgo.

Uno de los avances más importantes ha sido la aprobación del Real Decreto 760/2021, que estableció una norma específica de calidad para el aceite de oliva y el aceite de orujo de oliva. Esta norma reforzó la trazabilidad, protegió las categorías comerciales, prohibió las mezclas con otros aceites y consolidó medidas tan importantes como el uso de envases no rellenables en hostelería. Son decisiones que ayudan a dignificar el producto, proteger al consumidor y defender a quienes trabajan bien.

A ello se suma REMOA, el Registro de Movimientos de Aceite de Oliva, una herramienta clave para controlar los movimientos del aceite a lo largo de la cadena. Con este sistema, el sector cuenta con una trazabilidad más sólida, más información y mejores instrumentos para prevenir irregularidades. Porque en un producto de tanto prestigio, el control no es burocracia: es reputación.

El Ministerio también ha reforzado las inspecciones, la vigilancia en frontera y la coordinación entre administraciones, con el objetivo de evitar prácticas fraudulentas que, aunque sean minoritarias, pueden dañar la confianza del consumidor y perjudicar al conjunto del sector. Defender el aceite de oliva español exige producir bien, pero también garantizar que lo que llega al mercado responde a lo que promete la etiqueta.

La estrategia no se ha quedado solo en la regulación. También se ha trabajado en la modernización y en la mejora de la dimensión empresarial, especialmente a través del apoyo a las Entidades Asociativas Prioritarias. En un sector muy fragmentado, fomentar la integración cooperativa es fundamental para ganar competitividad, invertir mejor, comercializar con más fuerza y tener mayor capacidad en los mercados internacionales. Las ayudas movilizadas entre 2014 y 2026, superiores a 260 millones de euros, han permitido modernizar instalaciones, mejorar procesos y reforzar la comercialización.

Otro eje esencial ha sido la promoción. España produce algunos de los mejores aceites de oliva del mundo, pero no basta con producir calidad: hay que contarla, defenderla y posicionarla. Por eso el aceite de oliva ocupa un papel protagonista en campañas como “Alimentos de España” y “El País Más Rico del Mundo”, y también dentro de la estrategia internacional “Spain Food Nation”.

En este marco, el aceite de oliva actúa como un producto tractor. Abre mercados, despierta interés, atrae a prescriptores y refuerza la imagen de la despensa española. En ferias, catas, premios, encuentros con chefs, distribuidores y medios internacionales, el AOVE se presenta como lo que es: un alimento extraordinario, saludable, versátil y profundamente ligado a nuestra forma de entender la cocina y la vida.

Este trabajo conecta directamente con la Estrategia Nacional de Alimentación y con el Plan Internacional de la Gastronomía. El aceite de oliva permite explicar muy bien esa visión integrada: une campo, industria, salud, sostenibilidad, territorio, cultura gastronómica, exportación y marca país. Pocas producciones resumen mejor lo que España puede ofrecer al mundo.

También los Premios Alimentos de España contribuyen a ese objetivo, reconociendo la excelencia, dando visibilidad a los mejores productores y ayudando a construir prestigio en un sector donde diferenciarse es cada vez más importante.

Por parte de todos los operadores se está realizando un gran esfuerzo en la mejora y optimización de la competitividad, como la modernización y optimización de regadíos, cuya aplicación en olivar ha aumentado un 9% en los últimos 10 años, siendo casi en su totalidad riego localizado de alta eficiencia (96%).

Desde una posición de liderazgo a nivel mundial, abogamos por un sector que, además de constituir el medio de vida económico de muchos productores, lleve a cabo unas prácticas agrarias que favorezcan la conservación del medio rural y del medio ambiente.

Así, debemos valorizar el papel medioambiental del cultivo del olivar, en particular en la lucha contra el cambio climático, la gran biodiversidad que alberga el cultivo, y su importancia en términos de bioeconomía, a través del aprovechamiento de sus subproductos gracias a su potente industria asociada, lo que abre un enorme campo de innovación y valor añadido.

En definitiva, el Ministerio ha actuado en muchos frentes: apoyando al sector del olivar a la vez que ha reforzado la norma de calidad, ha mejorado la trazabilidad, ha impulsado controles, ha apoyado la integración cooperativa, ha promovido la modernización, ha apostado por la promoción nacional e internacional y ha situado el aceite de oliva dentro de una estrategia alimentaria y gastronómica de país.

El reto sigue siendo enorme, porque el mercado es más exigente y la competencia no se detiene. Pero España cuenta con una base sólida, con un producto extraordinario y con una estrategia en marcha. Porque el futuro del aceite de oliva español no dependerá solo de cuánto producimos, sino de cómo lo protegemos, cómo lo diferenciamos, cómo lo contamos y cómo lo defendemos.

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