Además, "hay que tener en cuenta que por cada tonelada de biochar incorporada, se captura una cantidad significativa de CO2 que, de otro modo, volvería a la atmósfera si la biomasa se descompusiera o quemara", ha explicado Carboliva.
Según la empresa, el trabajo del C3S Research Group demuestra que la ciencia de materiales puede ir de la mano de la ecología. "El uso de subproductos agrícolas no es solo una alternativa verde, sino una estrategia técnica viable para crear ciudades más resilientes y con menor impacto ambiental al sostener un sector de la construcción de menor impacto", ha añadido.
El biocarbón utilizado en la investigación está elaborado con hueso de aceituna por Carboliva. La empresa transforma este residuo de la molturación de la aceituna a través de un proceso de pirólisis controlada en ausencia de oxígeno, lo que evita que el carbono del hueso se convierta en CO2 y se libere a la atmósfera, en su lugar, el carbono se "fija" en una estructura sólida y estable. Al integrar el biochar en el hormigón, las construcciones se convertirían en un almacén de carbono. El CO2 que el olivo absorbió durante su vida quedaría atrapado en la estructura del elemento construido, según ha detallado la firma.
Alvaro Espuny, CEO de Carboliva, ha resaltado que "esta investigación demuestra que el biochar es un buen recurso para descarbonizar materiales y procesos sin hacer grandes cambios ni incurrir en grandes inversiones".
“Si tenemos en cuenta que el hormigón es el segundo material más consumido en el mundo después del agua, la incorporación del biochar para construir los edificios del futuro supondría un gran avance en materia de sostenibilidad”, ha asegurado, al tiempo que ha indicado que el biochar es una vía muy prometedora para conseguir una construcción sin emisiones y que precisamente por ello Carboliva promueve líneas de I+D+i tanto en hormigones como en mezclas asfálticas.