Responsables de Greenar -consultora cordobesa de ingeniería- y de Vorn Bioenergy Iberia han mantenido recientemente un encuentro con medios de comunicación de Córdoba para exponer sus proyectos de plantas de biogás en ubicaciones de Córdoba, Jaén, Granada y Sevilla, desarrollados junto con Oleícola El Tejar, "con el objetivo de solventar los problemas del olivar en las comarcas donde se implantarán".
Según han señalado estas empresas, "estos desarrollos constituyen la clave para garantizar la viabilidad futura del sector agrícola más importante de Andalucía, ya que sin una transformación adecuada de los residuos que genera la producción de aceite, se complicará en extremo la gestión del olivar".
“El sector olivarero supone uno de los principales pilares económicos, sociales y paisajísticos de amplias comarcas rurales andaluzas. Sin embargo, la evolución del modelo productivo -especialmente con la expansión del olivar intensivo y superintensivo- ha provocado un crecimiento exponencial en la generación de residuos orgánicos que el sistema tradicional ya no es capaz de absorber”, ha expresado el CEO de Greenar, Diego Aranda.
Por este motivo, según Aranda, la correcta gestión de estos residuos, y en particular del alperujo, se ha convertido en un factor crítico para la viabilidad futura del sector. "Lejos de ser un problema secundario, el alperujo representa hoy el principal cuello de botella estructural del olivar andaluz” Y es que las directivas europeas de gestión de residuos hacen necesaria una transformación eficiente del residuo porque de otro modo se comprometerá gravemente el futuro del cultivo”, ha dicho Aranda.
Según ha detallado, "por cada kilogramo de aceite de oliva virgen extra producido se generan aproximadamente cuatro kilogramos de alperujo, un residuo orgánico con alto contenido en humedad y elevada carga contaminante, de difícil manejo y almacenamiento prolongado. En campañas recientes, Andalucía ha superado los cinco millones de toneladas, concentradas además en periodos de recolección cada vez más cortos, lo que genera picos de producción que el sistema actual no puede gestionar de forma eficiente".
Por su parte, la directora de materias primas de Vorn Bioenergy Iberia, María Martín, ha incidido en que “sin una solución estable, escalable y cercana al lugar de producción, el problema no desaparece: se traslada en el tiempo o en el territorio, incrementando costes, riesgos ambientales y tensiones logísticas para cooperativas y almazaras, y comprometiendo incluso la continuidad del olivar tradicional”. En este sentido, tanto Aranda como Martín han hecho referencia a la Directiva UE 2024/1785, que supone unos límites tan exigentes para las emisiones de las orujeras que hacen muy difícil la adaptación de las plantas ya existentes. Por ello, la implantación de estas plantas de transformación y generación de biogás son “absolutamente necesarias”.
Con respecto a la polémica suscitada en torno a la implantación de estas instalaciones, los responsables de las empresas han señalado que "es importante saber que estas plantas cuentan con todas las garantías que no suponen ninguna afección ambiental en los puntos donde se ubican y han pedido a las administraciones públicas que obren con responsabilidad y en base al conocimiento de los proyectos, porque no todos son iguales y los que nosotros proponemos son un referente de calidad y resolución de problemas en toda Europa”.
El biogás como solución
En este contexto, estas empresas han subrayado que la valorización energética del alperujo mediante plantas de biogás "se presenta como una solución industrial contrastada, ambientalmente segura y plenamente alineada con los principios de sostenibilidad y economía circular promovidos por la Unión Europea".
El biogás se obtiene a través de la digestión anaerobia, un proceso biológico natural en el que microorganismos descomponen la materia orgánica en ausencia de oxígeno, produciendo metano renovable. A su juicio, el alperujo es un sustrato idóneo para este proceso por su elevado contenido orgánico y su alto potencial energético.
También han considerado que, a diferencia de otras alternativas, inexistentes o inviables a corto y medio plazo para los volúmenes reales generados, las plantas de biogás permiten gestionar el residuo cerca de su origen, evitando transportes innecesarios, emisiones adicionales y costes crecientes.
Beneficios ambientales, energéticos y agronómicos
A su vez, han recalcado que las plantas modernas de biogás, como las que propone Greenar, funcionan en sistemas cerrados, sin generación de olores, vertidos ni riesgos para la salud pública, y cumplen estrictamente la normativa ambiental europea. Su implantación permite reducir de forma significativa la carga contaminante del residuo; evitar emisiones difusas de metano procedentes del almacenamiento tradicional; y sustituir combustibles fósiles, reduciendo las emisiones de CO₂ hasta en un 70%.
Además, el proceso genera un subproducto estabilizado, el digestato, con valor agronómico, que puede utilizarse como fertilizante orgánico, reduciendo la dependencia de fertilizantes sintéticos importados y cerrando el ciclo de nutrientes del propio olivar.
Este modelo circular integra todas las fases del proceso productivo: desde la aceituna hasta la generación de energía renovable y el retorno de nutrientes al suelo, en línea con el Pacto Verde Europeo, los objetivos de neutralidad climática y la transición energética.
Impacto económico, social y estratégico para el territorio
Por otro lado, estas empresas han resaltado que, más allá del beneficio ambiental, el biogás aporta estabilidad económica al sector mediante contratos de suministro a largo plazo, precios estables para el alperujo y una reducción estructural de los costes de gestión del residuo.
Cada planta, según han detallado, supone una inversión industrial relevante de unos 40 millones de euros, genera entre 7 y 12 empleos directos y alrededor de 20 empleos indirectos, cualificados y estables, contribuyendo a fijar población y a dinamizar las comarcas olivareras.
Desde el punto de vista energético, la producción de biometano refuerza la autosuficiencia del territorio, reduce la dependencia exterior y protege al sector frente a la volatilidad de los precios energéticos, en un contexto en el que España importa la práctica totalidad del gas que consume.