Debido a las abundantes lluvias acaecidas desde el inicio del año agrícola, sobre todo durante los meses de enero y febrero, la Red Andaluza de Inspección y Alerta Fitosanitaria (RAIF) recomienda a los agricultores estar atentos a la evolución de las enfermedades fúngicas en los cultivos. Entre ellas se encuentra el "emplomado" o repilo plomizo en olivar.
El hongo causante de la enfermedad, Cercospora cladosporioides Sacc., fue descrito por Saccardo en Italia en 1881. Tras diversas reclasificaciones taxonómicas, actualmente se conoce como Pseudocercospora cladosporioides (Sacc.) U. Braun.
Según precisa, la enfermedad se encuentra ampliamente distribuida en todas las zonas olivareras del mundo, aunque la intensidad de los ataques varía en función de la variedad cultivada, la climatología y las condiciones edafoclimáticas de cada zona.
Dado que los daños provocados por P. cladosporioides son muy parecidos a los provocados por repilo y por antracnosis, tradicionalmente se han confundidos dichas enfermedades, según la RAIF, que detalla que, en otras ocasiones, la clorosis que presentan las hojas en el haz ha llevado a confundirla con fisiopatías de origen abiótico o con procesos naturales de senescencia.
Desde 1895, año en que se detectó por primera vez en España, se han producido ataques de forma esporádica, aunque en la actualidad la enfermedad se encuentra bastante extendida en la mayoría de las zonas olivareras del país.
Sintomatología
La RAIF detalla que los síntomas más frecuentes se manifiestan en las hojas, aunque también pueden observarse lesiones en pecíolos, pedúnculos y frutos. En cocnreto en las hojas se presentan preferentemente en hojas viejas de las ramas más próximas al suelo, aunque no se descarta su aparición en hojas jóvenes; en el haz aparecen manchas cloróticas irregulares que amarillean progresivamente y terminan necrosándose; y en el envés se observan manchas difusas, irregularmente distribuidas, de color grisáceo o plomizo (de ahí el nombre de la enfermedad), debidas a la fructificación del hongo.
En ataques severos, las manchas del envés se oscurecen por la intensa esporulación, pudiendo confundirse fácilmente con ataques de negrilla.
La RAIF apunta que en los frutos los síntomas difieren según la variedad y el estado de madurez. Así, en aceitunas verdes se presentan manchas marrones oscuro, ligeramente deprimidas, de entre 4 y 10 mm de diámetro; y en las aceitunas maduras la epidermis adquiere un aspecto gris ceniza. En algunas variedades se desarrollan lesiones redondeadas, deprimidas y de color ocre que evolucionan hacia tonalidades grisáceas, a veces con un halo pálido o amarillento. Como consecuencia, la pulpa se vuelve acolchada, oscura y con tendencia a ahuecarse.
Ciclo biológico y condiciones favorables
El ciclo del patógeno comprende las fases de supervivencia, multiplicación, dispersión e infección, y está muy condicionado por la humedad, la temperatura, la localización y las características del suelo.
El desarrollo del hongo es óptimo con temperaturas medias entre 10 y 20 ºC y elevada humedad relativa, condiciones habituales en otoño y finales de invierno, que constituyen los periodos de mayor riesgo de infección.
La enfermedad es más severa en plantaciones de alta densidad y con escasa aireación, quedando a menudo restringida a las partes bajas del árbol.
Según la RAIF, la dispersión se produce a corta distancia, de hoja a hoja, mediante conidios y fragmentos de micelio, favorecida por el viento y la lluvia. El hongo sobrevive en hojas infectadas que permanecen en el árbol, constituyendo la principal fuente de inóculo. Las hojas caídas al suelo también juegan un papel importante en su conservación estival mediante la formación estructuras de resistencia.
El periodo de incubación es muy variable y puede alcanzar nueve meses o más.
Estrategia de control
Para la RAIF el control debe basarse prioritariamente en medidas preventivas: medidas culturales orientadas a mejorar la aireación del árbol y reducir la humectación foliar; poda selectiva para facilitar la ventilación interior; marcos de plantación adecuados, evitando densidades excesivas; evitar parcelas próximas a ríos, arroyos o zonas con elevada humedad ambiental; eliminación de fuentes de inóculo (hojas infectadas caídas al suelo); y uso de variedades menos sensibles cuando sea posible.
"Cuando sea necesario recurrir al control químico, se emplearán fungicidas cúpricos con carácter preventivo. Siempre hay que hacerlo utilizando productos registrados y usos autorizados en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) para el cultivo y la plaga o enfermedad en cuestión", añade.
El momento de aplicación resulta clave, a su juicio, para su eficacia, siendo necesario ajustar los tratamientos a los periodos de máxima susceptibilidad del cultivo. En variedades sensibles pueden requerirse varias aplicaciones.
"El repilo plomizo o emplomado del olivo constituye una enfermedad emergente en el olivar andaluz, por lo que su correcta identificación, junto con la aplicación de medidas culturales adecuadas y una estrategia de tratamientos preventivos bien planificada, permitirá reducir su incidencia y evitar pérdidas productivas a medio y largo plazo", concluye.