El aceite de cocina usado se emplea para crear espumas de poliuretano, materiales de cambio de fase y biolubricantes capaces de sustituir los productos de origen fósil en los sectores de la automoción y la construcción. Este es el resultado de una serie de estudios coordinados por la Universidad de Pisa (Italia) y publicados en las revistas Scientific Reports, Materials Today Sustainability y Chemical Engineering Journal. El trabajo está liderado por la profesora Maurizia Seggiani, del Departamento de Ingeniería Civil e Industrial (DICI), perteneciente al Centro Nacional PNRR MOST-Movilidad Sostenible.
La clave de esta innovación reside en la sustitución de materiales de origen fósil por alternativas renovables, como el aceite de cocina usado. Los investigadores han transformado el aceite usado en poliol, un componente fundamental de las espumas de poliuretano, en materiales de cambio de fase capaces de absorber, almacenar y liberar calor, controlando así la temperatura, y en biolubricantes para sistemas hidráulicos industriales.
En el sector automovilístico, las espumas de poliuretano de origen biológico se pueden utilizar en los paneles interiores de las puertas y en otros componentes del habitáculo para amortiguar las vibraciones y estabilizar la temperatura interior, según ha informado la Universidad de Pisa.
Los materiales de cambio de fase, incorporados a la espuma, contribuyen aún más al control de la temperatura del habitáculo: absorben el calor cuando el coche está expuesto al sol y lo liberan cuando la temperatura exterior desciende, mejorando el confort interior y reduciendo el consumo de la climatización.
También en la construcción, estas espumas multifuncionales pueden incorporarse en las paredes y en los huecos de los edificios para mejorar el aislamiento térmico y acústico, contribuyendo a la eficiencia energética y a la reducción del consumo.
“En un panorama geopolítico inestable, en el que el acceso a las materias primas energéticas y químicas está cada vez más expuesto a tensiones y dependencias estratégicas, invertir en alternativas al petróleo no es solo una elección medioambiental, sino también industrial y política”, ha afirmado la profesora Maurizia Seggiani.
A su juicio, “la investigación debe anticiparse a estos cambios, desarrollando soluciones complementarias que contribuyan a reducir la vulnerabilidad de las cadenas de producción. En este contexto, la valorización de un residuo local como el aceite usado representa una de las estrategias posibles para reducir, junto con otras, los recursos fósiles. Transformarlo en materiales de alto valor añadido significa reforzar la autonomía tecnológica, diversificar las fuentes y construir modelos productivos más resilientes, capaces de responder a los retos globales que nos esperan en los próximos años”.
La investigación ha sido llevada a cabo por el Departamento de Ingeniería Civil e Industrial (DICI), en colaboración con el Departamento de Ingeniería de Energía, Sistemas, Territorio y Construcción, el Centro Interdepartamental de Investigación sobre Energía para el Desarrollo Sostenible (CIRESS), la Universidad Politécnica de Bari (Departamento de Ingeniería Civil, Ambiental, Territorial, de la Construcción y Química y el Departamento de Mecánica, Matemáticas y Gestión) y la Universidad de Bolonia (Departamento de Química Industrial “Toso Montanari”), y forma parte de proyectos financiados por el Centro Nacional PNRR MOST-Movilidad Sostenible.