La incorporación de plantas aromáticas, cubiertas vegetales y especies como la retama está transformando el manejo tradicional del olivar. Diversas experiencias llevadas a cabo hasta el momento muestran cómo la biodiversidad no solo favorece la regeneración del suelo y la resiliencia del olivar frente al cambio climático, sino que también permite obtener aceites con niveles excepcionales de polifenoles y un alto valor añadido para el medio rural, revalorizándolo y fijando población local.
Según recuerda a Mercacei Javier Domínguez, especialista en el diseño de paisajes que combaten la erosión y desertificación, en 2015 la Asociación AlVelAl planteó la idea de introducir setos de plantas aromáticas entre las hileras de olivos y en 2017 el productor andaluz y socio de esta asociación Francisco Martínez Raya adoptó esta idea en su olivar para aumentar la biodiversidad, favorecer la presencia de polinizadores e insectos auxiliares que controlasen las plagas y, además, obtener productos complementarios como aceites esenciales.
“Por mi parte, en 2015 visualicé el espacio vacío que había entre las hileras de olivos en una finca de la Comunidad de Madrid y pensé en poner aromáticas para aprovechar mejor el terreno y producir simultáneamente aceitunas, miel y aceite esencial de las aromáticas. Ese fue el punto inicial de los olivares de miel”, relata Domínguez, quien ha sido socio del Grupo Operativo Olivares de Miel, un proyecto constituido en 2018 y que finalizó en 2022, dedicado a recuperar olivares tradicionales mediante el policultivo de plantas aromáticas y la introducción de colmenas.
Este proyecto nació del entusiasmo de este paisajista, las ganas de contribuir a aumentar la biodiversidad de una apicultora, la buena predisposición de varios olivicultores de la región y el apoyo para la defensa de los intereses de los profesionales de la agricultura de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA-Madrid) y la Unión de Cooperativas Agrarias Madrileñas (UCAM), así como del afán por impulsar el desarrollo del sector agrario madrileño por parte del Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA) de la Comunidad de Madrid.
Con el tiempo, esta iniciativa ha inspirado otros proyectos innovadores en España y comienza ahora su expansión internacional.
Y es que, según detalla este experto, la combinación de olivos y aromáticas ha generado resultados “sorprendentes”. Así, apunta que esta interacción ha permitido obtener aceites con concentraciones “extraordinarias” de polifenoles, alcanzando 1.100 mg./kg. en la variedad hojiblanca y 1.200 mg./kg. en picual. Según subraya Domínguez, estos aceites destacan tanto por sus cualidades organolépticas como por sus propiedades saludables.
Asimismo, señala que los olivares de montaña son terrenos idóneos para obtener aceites ricos en polifenoles con los olivares de miel, lo que contribuye a revalorizar territorios rurales y a fijar población. Entre las aromáticas utilizadas, la lavanda destaca por su capacidad para incrementar estos compuestos beneficiosos. En este sentido, considera que el modelo de los olivares de miel se presenta como una herramienta de desarrollo rural basada en la diferenciación y la calidad.
Otra innovación clave ha sido el uso de cubiertas vegetales de gramíneas invernales y leguminosas. Según explica el experto, estas plantas se siembran en otoño y se aplastan en primavera para formar un acolchado que protege el suelo del sol, mejora la retención de humedad y aporta grandes cantidades de materia orgánica. En concreto, con las gramíneas invernales se obtienen 100 metros cúbicos de materia orgánica por hectárea. Además, “hace poco se ha descubierto que las gramíneas invernales tienen capacidad de absorber nitrógeno del aire. Las leguminosas, por su parte, “lo aportan mediante sus raíces y de esta manera hay producción anual de materia orgánica en un terreno hostil y sin compra de abono”, precisa, al tiempo que añade que “esta solución es ideal para los olivares, haciéndolos más resilientes al cambio climático, protegiendo el suelo del sol y haciéndolo más poroso de cara a la lluvia”.
A su vez, Domínguez resalta que la introducción de la retama como cortavientos ha generado beneficios inesperados. Esta planta ha establecido una “simbiosis explosiva” con el olivo, incrementando la producción de aceitunas en torno a un 30% y favoreciendo un mayor contenido en polifenoles. También detalla que la retama ha dado lugar al desarrollo de la seta “rompesuelos”, la cual con sus micelios de 1 km. distribuye agua y nutrientes por el olivar. “Las potentes raíces de la retama abren y esponjan el terreno, el cual retiene más agua de lluvia, favoreciendo la bioquímica de suelo. A su vez, la retama aporta nitrógeno mediante sus raíces”, detalla. Como resultado, el ecosistema del olivar se ha recuperado con gran rapidez, favoreciendo la aparición espontánea de nuevas leguminosas y una mayor biodiversidad.
Esta innovación del olivar de gramíneas invernales, setas y retamas ya empieza a extenderse a otros cultivos leñosos, como el almendro y el pistacho.
Fotos: Francisco Martínez Raya