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Espíritu navideño

Mercacei Semanal 981

lunes 07 de diciembre de 2015, 11:23h

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Estamos en vísperas de la Navidad y ya han comenzado los anuncios de la televisión a bombardear nuestra conciencia. Justino, el simpático vigilante nocturno del spot de la Once, ya nos ha conmovido -aun sin ser de carne y hueso- y nos ha recordado que siempre es un buen momento para compartir.

Pero como nosotros sí somos de carne y hueso -y no de piedra-, nos hemos emocionado más al conocer la nueva iniciativa de los vecinos del municipio griego de Glyfada. Los productores del país heleno ya han finalizado prácticamente la recolección; sin embargo, hay numerosas zonas públicas que cuentan con miles de olivos sin nadie que recoja sus aceitunas y les de un uso.
Un día, apareció un particular "Justino" llamado Stavros Giakoumakis, un vecino de Glyfada, que ideó un plan y se lo presentó al alcalde Giorgos Papanikolaou. ¿Cómo no se nos había ocurrido antes? Pensó el edil. Y se pusieron manos a la obra.
En unos días, mediante anuncios, visitas puerta a puerta y el siempre efectivo boca a boca consiguieron que voluntarios de todas las aldeas cercanas acudieran a Glyfada para participar en la recolección de las aceitunas de olivos en parques y campos pertenecientes al municipio. Los productores griegos, por su parte, han abierto sus almazaras a estos "locos generosos" que quieren producir aceite de oliva con el fin de entregárselo a las familias más desfavorecidas.
Todo este esfuerzo dio lugar a una cosecha de cuatro toneladas de aceitunas que se transformaron en 600 kg. de aceite de oliva virgen extra. Una vez envasadas, se repartieron en las escuelas más humildes de este suburbio de Atenas con el fin de que los más pequeños lleguen a conocer este "regalo de los dioses" tan presente en la historia de Grecia.
Italia, el país vecino, también ha vivido ligado desde sus comienzos al árbol milenario. Botticelli ya dio fe de ello cuando creó Palas y el centauro, una de las obras profanas de temática mitológica y poética que el pintor renacentista pintó después de su estancia en Roma trabajando en la Capilla Sixtina. En esta alegoría moral, la figura de Minerva o Palas Atenea, diosa de la sabiduría, se presenta ataviada con un vestido vaporoso y semitransparente adornado con tres anillos entrelazados que forman el escudo de los Médici; porta una alabarda y diversas ramas de olivo rodean su cabello, brazos y torso. Junto a ella vemos al centauro -criatura lujuriosa mitad caballo y mitad hombre- que gira su cabeza hacia la diosa con mirada lánguida y expresión afligida mientras ésta le agarra por el cabello, llevando en su mano derecha un arco y la aljaba en la espalda. La obra parece sugerir el triunfo de la castidad sobre la lujuria, de la virtud y la sabiduría sobre la voluptuosidad y el instinto y, dado que la tela fue pintada para las bodas de Lorenzo il Popolano o quizá de su hermano Giovanni, pudiera representar también un mensaje matrimonial, entendido como la belleza femenina que doma la fogosidad masculina...
¿Quieren saber cómo acaba la historia? No se pierdan Olivatessen by Mercacei nº2.

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