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Como la vida misma

Mercacei Semanal 1.043

viernes 07 de abril de 2017, 10:32h

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Los Reyes de España regalaron al emperador Akihito y a la emperatriz Michiko un bonsái y cuatro botellas de aceite de oliva virgen extra, todas premiadas por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, según confirmó la Casa Real española. Estos obsequios se entregaron durante la bienvenida oficial ofrecida en el Palacio Imperial a los Reyes, acto tras el cual visitaron el Museo de la Ciencia Emergente y la Innovación (Miraikan) de Tokio y ofrecieron una recepción a la colonia española residente en Japón. Podrían haber elegido cualquier alimento -si por algo destaca nuestro país es por su alta gastronomía- y, sin embargo, se decantaron por el AOVE. No olvidemos que Japón es el tercer país no europeo y no productor que más importa aceite de oliva del mundo, con alrededor de un 4,7% de las importaciones mundiales de este producto, y entre España e Italia se reparten casi el 95% del mercado.
No está mal hacer un poco de lobby ahora que parece que el consumidor le ha declarado la guerra al aceite de palma. La mala reputación que se ha labrado esta grasa ha despertado las voces de quienes piden eliminarlo. Algunos supermercados, como Supersano o Alcampo, trabajan para sacarlo de sus productos y varias iniciativas a nivel nacional y europeo están solicitando un mayor control sobre esta grasa, con consecuencias nocivas para la salud y el medio ambiente.
Sin embargo, los expertos advierten de que la única alternativa fiable reside en cambiar el modelo de alimentación. De poco sirve eliminar productos aislados si el modelo de Dieta Mediterránea que practicamos hoy en día se aleja bastante del modelo natural de antaño. ¿Pero qué es exactamente natural? Hace unos días El Comidista hacía una interesante reflexión en su sección habitual de El País: “La alimentación natural no existe, es sólo un reclamo para vender más”. Touché.
En realidad, esta observación es más cierta de lo que parece a simple vista. Las hortalizas que consumimos en la actualidad son muy distintas a las variedades originales. En la naturaleza, una berenjena está llena de espinas, tiene poca carne, es fibrosa a más no poder y se pone marrón al segundo de cortarla. ¿Por qué la del super no es así? Porque la hemos domesticado y adaptado a nuestros gustos; alejándolas, precisamente, de la naturaleza.
“Los consumidores estamos dispuestos a casi todo en nuestra ignorancia y la industria se ha dado cuenta. Ahora es el aceite de palma, pero si no se cambia la lógica alimentaria, se irá saltando de un producto a otro sin arreglar nada”, señala Blanca Ruibal, responsable de Agricultura y Alimentación de Amigos de la Tierra. Por eso nos empeñamos, como consumidores, en buscar desesperadamente cualquier producto que se venda como “natural”, huyendo despavoridos de la química, lo cual tampoco es muy lógico teniendo en cuenta que el cuerpo humano esta compuesto, al menos, por unos 60 elementos químicos diferentes, muchos de los cuales son fundamentales para que funcione correctamente nuestro organismo.
Aunque nosotros, subsumidos en nuestra propia ignorancia, preferimos comer productos naturales, como la vida misma, repitiéndonos en bucle el dogma de mens sana in corpore sano aunque cojamos el coche para ir a trabajar a dos manzanas de casa.
Tendríamos que comenzar a pensar que quizás lo natural no existe, que es -como bien dice El Comidista- sólo un eufemismo para suavizar que cada vez estamos más alejados, precisamente, de la naturaleza.
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