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¡Nos atacan!

Mercacei Semanal 1.058

jueves 27 de julio de 2017, 19:11h

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Charles Boycott era administrador de las fincas de un terrateniente irlandés en 1880 que, en plena hambruna, se negó a rebajar los arriendos que los famélicos jornaleros le pagaban. Ante esta situación sugirió una alternativa pacífica: que los jornaleros se negaran
a cosechar, los comercios a venderle comida y el cartero dejase de llevarle el correo. Tras varios días empleando este método de presión, el terrateniente acabó cediendo y, sin darse cuenta, los jornaleros iniciaron una silenciosa revolución que se conocería más tarde con el término boicot (boycot en inglés), en honor a Charles.

Hoy en día esta práctica se realiza a menudo y, casi siempre, de forma injustificada. Ya no hay terrate- nientes malvados contra los que luchar y en algo hay que matar el rato, digo yo.

El caso es que, a veces, la presión es tan sigilosa que se va pasando por alto. Pongamos que un medio de comunicación publica una noticia falsa, como, por ejemplo, que la Xylella fastidiosa ha llegado a Andalucía. Imaginemos que, además, este mismo medio se autoproclama el Times del olivo y mantie- ne esta misma noticia como la principal en la porta- da de su web durante una semana a pesar de reci- bir numerosos comentarios alertándole de que la información que han publicado no es verdadera. ¿Se podría llamar a esto boicot? Vayamos más allá. Pongámonos en la piel de ese redactor y, sobre to- do, del editor. Debemos corregir esta noticia inme- diatamente, no podemos desinformar al sector. Lo hacemos. Cambiamos el titular y decimos que la Xy- lella fastidiosa no se ha detectado en Andalucía sino que ha sido en Alicante, en unos almendros. ¿Oli-

vos? No, almendros. Sin embargo -¿por qué no?-, mantenemos en la entradilla de la noticia que esos al- mendros están en Andalucía. Total, Alicante-Andalucía... en fin, para qué redactar de nuevo una noticia sobre el viejo continente, si noso- tros, los yankis, podemos hacer lo que nos dé la gana, como nuestro Presidente.

Pero todo esto es un suponer...

Por muy metidos que estemos en el papel nunca tendríamos esa mala fe viviendo en un país tan moderno, tan democrático, tan auténti- co. Nosotros sabemos competir limpiamente con- tra los pequeños hombrecillos morenos que viven al sur de Europa y recogen esas aceitunas que nos

gusta clavar en un Dry Martini.
Aunque, pensándolo bien, como nuestra produc- ción en California es tan limitada, ya que estamos... podríamos boicotear a los productores mediterrá- neos con este tipo de noticias y luego darles un ca- ramelito de consolación: un premio internacional que tenga un nombre evocador (pongamos Nue- va York) y que les haga olvidar todo lo anterior - previo pago de 300 dólares-. Total (nos decimos), sólo es una noticia, sólo es España, sólo es un ár- bol... Y éste sólo es un desvarío que nos haría gra- cia si no fuese porque es real.
Nos la han jugado, a todos los que luchamos día a día por este sector, y lo peor es que ni siquiera nos hemos dado cuenta. ¡Ay, qué lástima, Charles!

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