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Ponga una bacteria en su vida

Mercacei Semanal 1.059

lunes 04 de septiembre de 2017, 11:57h

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Suena un poco extraño, pero las bacterias nos cuidan. No todas ellas, como es lógico. Pero lo que sí es cierto es que sin algunas no podríamos vivir. Se podría decir que mantenemos con ellas una apasionada relación de esas denominadas “ni contigo ni sin ti”.
El microbioma de nuestro intestino es una comunidad enorme formada por millones de bacterias que influye decisivamente en el metabolismo, el sistema inmunitario y el estado de ánimo. Estas bacterias beneficiosas habitan hasta el último recoveco del tracto gastrointestinal, formando lo que conocemos como flora intestinal, encargada de que digiramos correctamente los alimentos y los aprovechemos al máximo. Estos minúsculos organismos nos evitan infecciones intestinales y otras derivadas de una mala asimilación de los alimentos, además de ser una buena forma de prevenir enfermedades.
Todos los que hemos nacido en el seno de las comodidades de los últimos años del siglo XX y principios del siglo XXI tenemos la costumbre de pensar que todo tiempo pasado fue peor en cuanto a higiene, alimentación y, por supuesto, salud. Sin embargo, la dieta de nuestros antepasados podría esconder fascinantes secretos inéditos hasta la fecha.
Todo comienza en Tanzania, donde habitan los hadzas, uno de los últimos grupos cazadores-recolectores que quedan en África. Su hogar se erige a escasos kilómetros del famoso yacimiento paleontológico de la garganta de Olduvai y con la imponente llanura del Serengueti al fondo, en el mismo lugar donde vivieron los primeros Homo sapiens.
Los hadzas, en pleno siglo de los robots, la inteligencia artificial y los drones, salen a buscar los mismos animales y las mismas plantas que los humanos han cazado y recolectado durante millones de años. Su dieta se basa en los frutos del baobab -con altos niveles de vitamina C-, bayas silvestres -con 20 veces más fibra y polifenoles que las variedades cultivadas-, animales salvajes como los puercoespines -ricas fuentes de proteína- y miel -con panal incluido-, que les aporta el azúcar diario necesario.
En el país de los hadzas nada se desperdicia ni se mata si no es necesario, pero se devora una increíble variedad de especies de plantas y animales (alrededor de 600, la mayoría de ellos pájaros) comparado con lo que comemos en Occidente.
La diversidad microbiana de los hadzas es un 20% superior a la nuestra gracias, sobre todo, a la diversidad de su dieta y a la cantidad de fibra que consumen a diario. ¿Qué quiere decir esto? Que su sistema intestinal está más preparado para combatir infecciones de bacterias externas como pueden ser la E. coli o la Salmonella.
¿Cuál es nuestra ventaja en Occidente? Que tenemos a la ciencia de nuestra parte y, sobre todo, que consumimos AOVE, un producto que desconocemos si es prehistórico, pero sí que es un “superalimento”. Resulta que la Universidad de Jaén descubrió el mes pasado que el virgen extra facilita la defensa del organismo frente a infecciones bacterianas externas en mayor medida que el aceite de pescado, incluso cuando éste se encuentra bajo de defensas.
Si no podemos unirnos al banquete de los hadzas, que por lo menos tengamos un buen AOVE cerca.
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