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El contraataque vikingo

Mercacei Semanal 1.111

lunes 29 de octubre de 2018, 14:31h

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Muchos lo desconocen, pero en el año 844 los navíos vikingos hormigueaban en las costas de la Península Ibérica como “pájaros marinos rojinegros”, según lo describieron en su momento los historiadores árabes de la época. Lo cierto es que entre los siglos IX (en la España musulmana) y XI (la España cristiana), los nórdicos camparon a sus anchas por nuestro territorio, bien para obtener información y mantener el mercadeo de esclavos, invadir territorios costeros e, incluso, establecer asentamientos.

En medio de aquella época convulsa se establecieron las bases de nuestra gastronomía. La influencia árabe marcó de forma notable la historia de la alimentación mediterránea. Cuando los musulmanes ocuparon gran parte de la Península Ibérica (llamando a la región Al-Andalus) se produjeron avances importantes en la Dieta Mediterránea. De hecho, por aquel entonces la dieta en Al-Andalus era variada y, muy probablemente, contribuyó sustancialmente al origen de la actual Dieta Mediterránea.

Los musulmanes impulsaron la renovación de la agricultura, la que influenció el modelo alimentario con la introducción de especies vegetales conocidas o utilizadas sólo por las clases sociales más acomodadas, debido a los altos precios, como la caña de azúcar, el arroz, los cítricos, las berenjenas, las espinacas y las especias. Además, los árabes introdujeron nuevas formas de cocinar y preparar los alimentos, como las diversas formar de emplear los productos de la huerta o de cocinar el arroz.

Nuestra actual dieta tiene mucho que agradecer a este periodo de nuestra historia, ya que otro aporte fundamental de los musulmanes fue el conocimiento integrador acerca de la importancia de la dieta para la salud. Los musulmanes basaron su idea de salud en la sabiduría de la Grecia clásica, la teoría hipocrática-galénica, así como de la persa y las culturas hindúes.

Y ahora, en pleno siglo XXI y con toda esa historia a nuestra espalda, vienen los nórdicos sacando pecho de su propia dieta. Para ello, se amparan en que la tasa de obesidad en Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca e Islandia es más baja que en otros países. La Organización Mundial de la Salud (OMS) compara su dieta con la Mediterránea asegurando que ambas “se han identificado como dietas saludables específicas de su región”. Por lo que ahora asoma una inquietante pregunta en tiempos de postureo: ¿empezaremos a comer como vikingos? Porque vayamos por partes; de entrada, hablamos de la nueva dieta nórdica, pues desde 2004 difiere de aquella que han consumido tradicionalmente los escandinavos. Fue, precisamente a principios de la década de 2000, cuando se firmó el l Manifiesto de la Cocina Nórdica con el objetivo de sentar las bases de una alimentación de temporada, sostenible, ética, saludable y de calidad. Y fue entonces cuando empezaron a asemejarse ambas dietas.

Sin embargo, existe una diferencia demoledora: la Dieta Mediterránea se basa en el aceite de oliva y la nórdica en el aceite de colza. Este hecho, por muy coherente que sea con su espíritu de proximidad, no nos convence. Eso sí, crucemos los dedos para que en pleno auge de las series de televisión, el moderneo y el petardeo no le dé a Netflix por hacer una buena campaña de promoción y nos tire al traste 11 siglos de historia. Porque ya se sabe, la historia siempre se repite.

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