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Brasil 2026: récord productivo, madurez estructural y un consumidor en transformación

Brasil 2026: récord productivo, madurez estructural y un consumidor en transformación

Por Chania S. Chagas
Directora General de Operaciones de Empório do Azeite, experta internacional, sommelier y consultora de aceites de oliva

viernes 06 de marzo de 2026, 11:00h

La cosecha brasileña de aceite de oliva 2026 no puede analizarse únicamente desde el volumen. Sí, todo indica que será la mayor de la historia del país, superando el récord de 640.000 litros registrado en 2023, con estimaciones que incluso señalan que el Estado de Rio Grande do Sul podría aproximarse o superar los 800.000 litros. Pero el dato más interesante no es cuánto se produce, sino lo que ese crecimiento revela sobre la estructura del sector.

Después de dos campañas consecutivas marcadas por fuertes pérdidas debido al exceso de lluvias en 2024 y 2025, el escenario actual combina un invierno con adecuada acumulación de horas de frío y una primavera más equilibrada en términos de precipitaciones. La floración fue consistente y el cuajado favorable. Lo que estamos viendo en 2026 es la entrada en plena producción de olivares plantados hace una década, especialmente en Rio Grande do Sul y en la Serra da Mantiqueira. Árboles que antes eran promesa hoy aportan volumen real. Esto cambia la ecuación económica. En conversaciones recientes con productores de Rio Grande do Sul, uno de ellos me comentaba que un olivar de koroneiki implantado hace apenas tres años ya está produciendo frutos en esta campaña.

Las perspectivas positivas también se reflejan claramente en el campo. Productores y maestros de almazara coinciden en que la campaña 2026 muestra una combinación poco frecuente de carga productiva, maduración equilibrada y condiciones climáticas favorables.

Emanuel Costa, agrónomo y productor de Azeite Sabiá: “La campaña 2026 se presenta muy positiva para nosotros. Tenemos olivares con una carga de fruta muy interesante y plantas bien equilibradas en campo. El clima ha acompañado, con temperaturas suaves durante el día y noches frías, lo que está permitiendo una maduración más lenta de las aceitunas. Este año incluso estamos intensificando la cosecha nocturna, además de las cosechas matinales que ya practicábamos, lo que facilita el procesamiento rápido en la almazara y ayuda a preservar mejor los atributos sensoriales del aceite. Estamos observando monovarietales muy expresivos y eso también nos da más posibilidades para crear blends complejos. Todo indica que puede ser una campaña histórica para la olivicultura brasileña y, sobre todo, una gran oportunidad para que el consumidor acceda a aceites cada vez mejores”.

Rafael Marchetti, productor de Azeite Prosperato: “La campaña 2026 está siendo muy positiva para nosotros y las expectativas que teníamos al inicio de la cosecha ya se están confirmando. Estamos en la tercera semana de trabajo y todavía queda mucho por recolectar, con una producción claramente superior a la del año pasado, probablemente más del doble. Este año volvemos a tener fruta en todas las variedades y algunas italianas como frantoio han sorprendido especialmente. El clima del último ciclo, con más frío y menos lluvias en momentos clave, favoreció mucho este comportamiento. Pero el resultado no es sólo del clima: también es fruto de años de manejo agronómico, con poda, nutrición y trabajo constante en el campo. Otro punto interesante fue la lluvia más regular en el período de formación del aceite dentro de la aceituna. Todo indica que será una campaña muy buena, con alta carga de fruta y buen rendimiento”.

Rafael Farina, productor de Azeite Puro: “Después de dos campañas muy difíciles, con fuertes caídas de producción, la cosecha 2026 marca para nosotros una verdadera recuperación. Este año esperamos producir entre 30.000 y 35.000 litros de aceite, un volumen que todavía no representa la capacidad máxima de nuestro olivar, pero que ya refleja una retomada muy positiva. También esperamos aceites de gran calidad, con un buen equilibrio entre amargor y picor, y monovarietales con intensidad media a alta. Desde que iniciamos el proyecto, hace más de diez años, siempre hemos puesto mucho énfasis en el cuidado del olivar, desde el manejo del suelo y la poda hasta los cuidados posteriores a la cosecha. Por ello, estamos muy satisfechos de volver a ver nuestros olivares sanos y productivos en esta campaña”.

André Goelzer, maestro de almazara de Estância das Oliveiras: “Para nosotros en Estância das Oliveiras la campaña 2026 se perfila como un verdadero récord. Inicialmente preveíamos una cosecha de entre 70 y 80 toneladas de aceituna, pero esa estimación fue aumentando y hoy ya hablamos de algo cercano a 120 o incluso 150 toneladas. Se trata de un volumen muy expresivo si lo comparamos con 2025, cuando cosechamos alrededor de 60 toneladas. En gran parte se debe a las condiciones climáticas del ciclo anterior, especialmente durante la floración, que favorecieron el cuajado del fruto. Después de dos años difíciles, ahora estamos viendo el resultado de todo el trabajo agronómico en el campo y de la preparación del lagar para procesar un mayor volumen de aceitunas. Además, esta cosecha también nos permitirá ampliar nuestras ventas, especialmente en el mercado de exportación”.

Brasil seguirá siendo, estructuralmente, un gran importador. Incluso con una cosecha récord, el aceite nacional representa cerca del 2% del consumo interno. Pero esa aparente fragilidad estadística es, paradójicamente, una fortaleza estratégica. El aceite brasileño no compite por volumen ni por precio. Compite por frescura, por cercanía y por identidad. Y eso responde directamente a una transformación profunda del consumidor brasileño.

Para el productor brasileño la calidad siempre ha sido una prioridad. En muchas regiones aún se realiza cosecha manual, una decisión que, más allá del romanticismo, responde al cuidado del fruto y a la búsqueda de excelencia. Paralelamente, numerosos productores han invertido en la instalación de almazaras propias dentro de sus fincas, asumiendo costes de implantación elevados, precisamente para garantizar que el aceite sea extraído en su mejor expresión, con control total del proceso. Lo que comenzó en muchos casos como una tradición familiar o incluso como un hobby ligado a la elaboración de aceite propio, se transformó en proyectos profesionales que convirtieron antiguas tierras familiares en grandes olivares y consolidaron un mercado olivícola brasileño dinámico, ambicioso y cada vez más sofisticado.

Desde mi experiencia en este mercado puedo afirmar que el perfil del consumidor ha evolucionado de manera significativa en los últimos años. Si antes la decisión de compra estaba fuertemente condicionada por el precio, hoy el cliente pregunta por la fecha de cosecha, por el perfil sensorial, por la variedad. El lenguaje técnico ya no es exclusivo del productor o del sommelier; empieza a formar parte de la conversación cotidiana. Esa educación del consumidor es el activo más importante del sector.

El precio del aceite brasileño sigue influenciado por costes internos elevados y por la dinámica internacional. La reciente corrección de precios globales alivió parcialmente la presión, pero la estructura productiva local continúa enfrentando desafíos de escala y eficiencia. La extracción mecánica, la molienda inmediata tras la cosecha y la inversión en infraestructura moderna ya forman parte del estándar en los proyectos más consolidados. La curva de aprendizaje ha sido rápida.

Desde el punto de vista económico, la cosecha 2026 simboliza estabilidad. No se trata sólo de recuperar volumen, sino de consolidar un modelo productivo más resiliente. Brasil no busca competir con el Mediterráneo en tamaño, sino integrarse a la nueva geografía global del aceite de oliva como un productor joven, tecnificado y cada vez más consciente de su identidad. La cosecha récord es una señal positiva, pero el verdadero cambio está en la madurez del mercado.