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Modernismos

Mercacei Semanal 990

lunes 22 de febrero de 2016, 13:40h

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En la RAE (Real Academia Española) son unos modernos y eso, al final, pasa factura. Almóndiga, asín, toballa, murciégalo o muslamen están totalmente aceptadas en el prestigioso diccionario de esta institución cultural. La evolución del lenguaje es inevitable, “la ortografía también es gente”, escribió Fernando Pessoa. Sin embargo, si estamos tan adelantados en algunos términos, quizás deberíamos prestar más atención a otros que han quedado en el olvido y que son bastante más importantes que pedir unas almóndigas en el mesón de turno.

En este contexto, la Universidad de Jaén (UJA) y el Consejo Económico y Social (CES) de la provincia de Jaén han remitido un escrito al director de la RAE en el que solicitan un cambio en las denominaciones de los aceites de oliva por considerar que las que recoge esta institución “son erróneas e inducen a confusión a los consumidores”. El problema con esto de las definiciones viene desde hace mucho tiempo. Es como si el sector llevase años viajando en AVE y el consumidor permaneciese en el último vagón de un triste Talgo. En el escrito remitido a esta institución, además de argumentar “lo poco apropiado” de las anteriores denominaciones, se hace referencia a que uno de los retos que el sector oleícola tiene por delante es que los consumidores distingan entre los distintos aceites de oliva y conozcan sus elementos diferenciales, “una cuestión que no es menor porque esta confusión perjudica los esfuerzos que en calidad están haciendo los oleicultores jiennenses”, tal y como ha asegurado Manuel Parras, catedrático de Comercialización e Investigación de Mercados del centro docente y presidente del CES provincial.
Así, lo único que piden es que se actualicen las definiciones de los aceites de oliva vigentes en la Unión Europea (UE), además de hacerlas “más asequibles” para la ciudadanía.
En nuestro sector, y de cara al consumidor, intentamos hablar siempre de AOVE y EVOO, pero ¿sabe acaso el ciudadano medio a qué nos referimos?
Recordemos que vivimos en el siglo de las modas. En cuanto se pase la del virgen extra -que podría ocurrir en el caso del consumidor si nos descuidamos-, ¿qué haremos?. Hace unas semanas, sin ir más lejos, la revista Vogue abría una de sus páginas centrales con un artículo titulado ¿Es el aceite de aguacate el nuevo aceite de oliva? El texto no tenía (súper) desperdicio: “Hay discursos varios súper bondadosos que califican al aceite de aguacate como un superalimento y que, en parte, están haciendo temblar los cimientos del aceite de oliva. Sí, el rey de la Dieta Mediterránea podría tener un rival en el olimpo de los superalimentos. Al menos, eso podría deducirse después de examinar la larga lista de bondades que se le atribuyen al aceite de aguacate: es detox, quemagrasas, antioxidante, beneficioso para la salud cardiovascular…”.
Todo tiene su explicación. Resulta que México (principal productor del mundo de esta fruta) está realizando una campaña brutal de promoción de esta grasa en EEUU, intentando implicar en ella a celebrities de Hollywood. Julia Roberts o Demi Moore ya han confesado ser fans a través de las redes sociales, y saben cómo va esto: si no lo has probado y no te has hecho un selfie con ello, en la era de Instagram y Twitter, no eres nadie.
Dejemos de ser modernos y seamos más pragmáticos, señores. Si esto debe comenzar con uno o varios cambios de denominación, que así sea.

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