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Santo y labrador

Mercacei Semanal 1.047

martes 16 de mayo de 2017, 16:24h

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Isidro nació a finales del siglo XI. Él todavía no lo sabía, pero en el futuro su nacimiento sería recordado y festejado. Sobre la figura del patrón de Madrid se han narrado muchas historias. La más conocida de ellas es la que habla de un hombre muy piadoso que a menudo soportaba las burlas de sus vecinos porque acudía a diario a la iglesia antes de labrar el campo. Sus compañeros, indignados por que Isidro llegase algunos minutos tarde al trabajo, lo denunciaron al patrón por holgazán. Éste quiso comprobar por sí mismo qué hacía realmente su empleado para llegar tarde, y un buen día se escondió tras unos matorrales situados a medio camino entre la iglesia y el campo. Al verle salir después de su oración temprana, Juan de Vargas -así se llamaba el patrón- le recriminó duramente su actitud y le acompañó a la finca. Cuando llegaron, el patrón se quedó estupefacto al observar que los bueyes estaban arando ellos solos la parte que le correspondía al buen Isidro. Así fue como Juan de Vargas entendió que aquel hecho sólo podía deberse a un prodigio del cielo.
Existe también otro relato que cuenta que durante un año de tremenda sequía, y temiendo por la rentabilidad de la hacienda de su patrón, Isidro, con un golpe de su azada, hizo brotar un chorro de agua tan caudaloso que pudo abastecer a toda la ciudad de Madrid.
En realidad no sabemos si Isidro fue santo o patrón. Lo que sí sabemos es que cada año, el 15 de mayo, se honran sus historias porque son las de todos los agricultores de nuestro país. Aunque queden ya pocos vestigios de aquella villa agrícola que fue Madrid, sí queda mucho de los agricultores del norte que en el siglo XI repoblaron la ciudad tras la reconquista de los territorios musulmanes por parte de las tropas castellano-leonesas del rey Alfonso VI.
A día de hoy los historiadores no están seguros del lugar exacto en el que nació San Isidro. Quizás el terreno que ocupó su casa natal es ahora el Ayuntamiento, el Parque del Retiro, o incluso un gastrobar de moda. Podría serlo, Madrid crece por minutos y con ella se multiplican los establecimientos que ofrecen una delicada mezcla de gastronomía castiza y platos exóticos de los lugares más recónditos del planeta. Existe sólo una cosa en la que se ha dormido en los laureles la capital, y es en el cuidado del AOVE. Si bien existen restaurantes que tratan esta grasa con el respeto que se merece -no podemos dejar de mencionar los sublimes maridajes de Paco Roncero en La Terraza del Casino-, muchos otros siguen relegando este alimento al papel de un mero actor de reparto.
Hemos maridado desde hace siglos las comidas y cenas con buenos vinos, nos hemos acostumbrado a incorporar el gintonic al postre, e incluso hemos incorporado el famoso cóctel italiano spritz a nuestro tradicional aperitivo de vermú y cerveza. Y, sin embargo, no logramos distinguir entre un zumo picual, un arbequino y un cornicabra.
Para más inri, lo más cool en los restaurantes de moda londinenses ahora mismo es combinar los alimentos con té. Claro, ellos sí ponen en valor uno de sus productos estrella. De hecho, es tal el tirón que tiene la city que Francia ya se ha sumado a esta tendencia. ¿Por qué? Pues porque es un hábito con el que otorgamos a nuestro cuerpo el respiro saludable que necesita y dejamos la bebida alcohólica o los refrescos para otro momento. Y digo yo... ¿Es que existe algo más saludable que el AOVE?
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