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O Meu Portugal

Mercacei Semanal 1.054

lunes 03 de julio de 2017, 08:59h

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Canta una voz femenina en un famoso fado portugués: Ai, que lindeza tamanha, meu chão, meu monte, meu vale, de folhas, flores, frutas de oiro, vê se vês terras de Espanha, areias de Portugal, olhar ceguinho de choro (Ay, qué belleza tal, mi suelo, mi monte, mi valle, mis hojas, flores, frutas doradas, mira si ves las tierras de España desde las arenas de Portugal, mira, ciego de tanto llanto).
Qué irónica la vida, cruel, salvaje y llena de giros tan maravillosos como atroces.
Hace una semanas se producía un incendio en el concejo de Pedrógão Grande, el más extenso y mortífero de Portugal que, por fin, se contuvo cinco días después de su inicio. El balance general habla de más de 40.000 hectáreas de bosque arrasadas por las llamas, mientras sus habitantes no dejan de preguntarse qué pudo fallar. La falta de predicción es, en principio, una de las causas que se barajan junto con la alta inflamabilidad de los árboles plantados en aquellas colinas repletas de pinos o eucaliptos.
Y como suele pasar siempre, en medio del horror se produjo un milagro bajo el nombre de Quinta da Fonte, un camping y casa rural en mitad del bosque que se mantuvo a salvo de las llamas. Todo a su alrededor quedó calcinado y, sin embargo, la quinta sobrevivió gracias a su muralla de olivos y robles. Su propietaria, la holandesa Liedewij Schieving, no daba crédito cuando vio aquel panorama una vez que pudo regresar -tras ser evacuada junto a sus huéspedes- a lo que lleva siendo su casa desde hace 10 años, cuando visitó el país luso de vacaciones y decidió quedarse allí a vivir.
El día 17 fueron evacuados y a la mañana siguiente pudieron volver, pero un cambio en la dirección del viento les obligó a marcharse de nuevo. Cuando regresaron definitivamente, Shieving no pudo contener las lágrimas: “nos encontramos todo arrasado... salvo nuestro pequeño oasis verde”.
“Son árboles autóctonos y fuertes que llevan muchos años en este bosque: olivos, robles y castaños. No se queman tan fácilmente como los pinos o los eucaliptos”, aseguraba al diario El País la propietaria de esta Quinta, que espera poder reabrir en dos meses. “Pero no sé quién va a venir aquí de vacaciones. Hay algo de verde alrededor de mi casa, pero todo lo demás es negro”, sollozaba la holandesa, que se siente muy triste por lo ocurrido.
“Ahora es el momento de empezar de nuevo. Hay que dejar de llorar y mirar hacia delante”, añadía no obstante. Y sí, es tiempo de reconstruir y de agradecer una vez más al árbol inmortal esta historia de superación y de esperanza.
Como finalizaba aquel hermoso fado: Este es un nuevo día, en el que el cielo se junta con el mar, en la proa de otro velero, de otro marinero que, estando triste, canta, que, estando triste, canta.
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