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Delivery de catas

Delivery de catas

Mercacei Semanal 1.190

lunes 15 de junio de 2020, 09:29h

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Sin duda, delivery es una de las palabras del año. Todos hemos sucumbido en algún momento del confinamiento a pedir comida a domicilio. Hasta los chefs con estrellas Michelin han tenido que reinventarse y crear sus propias submarcas de take away y de comida a domicilio para satisfacer esta necesidad, como adelantábamos en este espacio hace unas semanas.

Lo que también se ha pretendido hacer en modo delivery -a juzgar por sus organizadores- son las catas de AOVE. Han sido numerosos los concursos que, bajo el velo del confinamiento, han reenviado supuestamente las muestras presentadas a los miembros de sus respectivos jurados para que las evaluasen en sus domicilios particulares. Los organizadores de algunas de estas competiciones han vendido -con más marketing que rigor- esta idea como un “plan novedoso”, pero nada más lejos de la realidad. Muestras de virgen extra embaladas y desembaladas, viajando de nuevo por avión y, posteriormente, por carretera... ¡Sin entrar en los costes que esto supone! ¿Es posible que llegasen a su nuevo destino manteniendo la calidad inicial? Toshiya Tada, organizador de Olive Japan, se mostró tajante al respecto: “Los AOVEs que se envían a un concurso no deberían reenviarse bajo ningún concepto”, aseguró, a la vez que advirtió de que “la calidad de los zumos presentados debería ser lo más importante para los organizadores de una competición”. Con esta afirmación hacía alusión a que cada productor, al inscribirse a un concurso, acepta sus bases, estableciéndose entre él y el organizador del premio una relación contractual. El productor ha enviado sus muestras de una manera determinada, controlando el método de envío y el embalaje en el que va protegido su AOVE. Si esta muestra se va a reenviar, como mínimo, debería ser previamente consultado, tal y como nos han transmitido a Mercacei muchos productores que se han sentido “engañados” con esta metodología.

Tanto es así que Silvan Brun, presidente de la International Olive Foundation (IOF), acaba de remitir un escrito al Consejo Oleícola Internacional para que retire su apoyo a los concursos y/o catadores que lleven a cabo estas evaluaciones. “Desde un punto de vista legal, los resultados de las competiciones cuyas catas se han realizado así no son válidos porque se han obtenido con métodos muy imprecisos y subjetivos”, ha denunciado.

Algunos de estos concursos con nombre de capital que cada año premian con 200 Oros, 200 Platas y 200 Bronces y se jactan de haber reenviado cientos de muestras por todo el mundo aduciendo que “posponerlo es la salida fácil”, quizás deberían bajar de su burbuja y hablar con los productores para obtener su feedback. El mundo del AOVE no es un monólogo.

Los que sí han hecho este ejercicio de responsabilidad han sido competiciones como Olive Japan, que ha sacrificado a su jurado internacional por otro nacional que le permitía asegurar una cata objetiva que cumpliese con todos los protocolos necesarios; o Ecotrama, que demostró ser verdaderamente innovador organizando una cata presencial en medio de un olivar ecológico para garantizar las distancias de seguridad entre los miembros del jurado.

Porque la dificultad no reside en posponer o no una cata, sino en desarrollar acciones que realmente pongan en valor el trabajo que realizan los productores (dejando de lado la caja registradora, claro).

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