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La joya escondida

La joya escondida

Mercacei Semanal 1.191

lunes 22 de junio de 2020, 09:20h

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Cuando Elizabeth Taylor y Richard Burton, una de las parejas más intensas y delirantes de Hollywood, discutían -y lo hacían a menudo, según cuentan las crónicas- solo había un lugar en el que ella encontraba paz: la mítica joyería de Bvlgari en la Via Condotti de Roma. “Yo presenté la cerveza a Liz y ella me presentó a Bvlgari”, se le oía decir a Burton a altas horas de la madrugada en los bares y trattorias de la ciudad eterna.

Es curioso que Taylor encontrase la paz en el mismo lugar del que su propietaria de aquel entonces, Anna Bulgari, huyó sin mirar atrás unas décadas más tarde. Corría el año 83 y la heredera del imperio joyero se encontraba celebrando, junto a su marido Franco, una fiesta en su finca de Lacio. En un abrir y cerrar de ojos, dos hombres con rifles y pasamontañas la secuestraron junto a su hijo Giorgio, de 17 años. Los encerraron en el maletero de un Fiat 132 y los mantuvieron cautivos durante 37 días. Su hija Laura, quien ejercía entonces como abogada internacional, negoció un rescate y consiguió liberarlos de ese traumático secuestro, pero Anna nunca logró recuperarse. Renunció a sus cargos en la empresa que había creado su padre en 1884 y se refugió en su finca de olivos, lejos de los focos mediáticos, hasta el día de su muerte el pasado mes de mayo, a los 93 años.

Allí, con sus más de 11.000 olivos, se dedicó en cuerpo y alma al negocio del aceite de oliva. La hacienda, de más de 60 hectáreas, es hoy en día uno de los lugares más visitados de la ciudad de Aprilia, en cuyos jardines se organizan numerosos eventos. Muchos de ellos con el fin de recaudar fondos para las asociaciones con las que colaboraba Anna, filántropa de los pies a la cabeza. Incluso en marzo de 2019, con 92 años, se reunió con una delegación del municipio de Paramythia -la ciudad en la costa oeste de Grecia donde sus ancestros comenzaron su imperio de joyería y a la que ella tenía especial cariño- para discutir la conversión de la antigua escuela primaria, donada a la ciudad por su abuelo, en un centro de arte y cultura con un salón dedicado a la obra de su familia.

En aquel lugar del planeta, donde Anna encontró por fin la paz, se erige hoy Tenuta Calissoni Bulgari, la azienda que desde 2008 dirige su hija Laura Colnaghi Calissoni, junto a su hermana Francesca Feroldi Calissoni, y que produce AOVEs Premium de las variedades frantoio, leccino, moraiolo e itrana.

“Recordaremos a Anna Bulgari no solo por sus momentos dolorosos, sino por su compromiso y el desarrollo de un negocio familiar que representa la excelencia de la ciudad, tanto desde un punto de vista agrícola como económico y turístico”, explicó el actual alcalde de Aprilia tras su muerte. Porque Anna fue una superviviente, un símbolo de algo que probablemente nunca vuelva, un trocito de una generación que sentía que debía devolver a la tierra algo de lo que ella nos ha ofrecido. Espero que fuese feliz en su refugio de olivos y que, nosotros, millenials, generación Z, X, W, o incluso post-coronavirus, aprendamos un poco de ella.

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