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Un bocata para todos

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Mercacei Semanal 1.221

martes 23 de febrero de 2021, 08:34h

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Da igual lo que hagas, si eres un personaje público se van a meter contigo por cualquier nimiedad. Y una vez que empiezan, no hay manera de parar. Se pone en marcha la maquinaria de las redes sociales y su ejército de haters empieza a comentar y a criticar unos detrás de otros sin saber siquiera dónde o por qué comenzó toda la polémica.

De este escrutinio público no se libran ni los chefs que, como todos sabemos, son las nuevas celebrities. Hace varios años que Jamie Oliver se convirtió en objeto de debate nacional en nuestro país por su “interpretación” de una paella. El británico es un rendido admirador de la cocina española y ha visitado nuestro país en numerosas ocasiones. Sin embargo, en octubre de 2016 provocó olas de indignación entre puristas y profesionales de los fogones valencianos al dar a conocer su versión de la paella, en la que incluyó chorizo, zanahoria, chile picante y guisantes congelados. Ese día ardieron las redes sociales. Literalmente. Oliver tuvo que pedir perdón hasta en el Show de Graham Norton. Es más, su homónimo español Alberto Chicote le aconsejó a través de su cuenta de Twitter que se diese un paseo por tierras valencianas para “perfeccionar” su técnica, que viene a ser lo mismo que mandarle educadamente a freir espárragos y a que no se le ocurra ofender nunca más a los falleros.

Tampoco se ha librado de este juicio popular nuestro amigo el chef Paco Roncero que, tres años después de haber presentado en el canal de YouTube de la revista Esquire su “bocadillo perfecto”, sigue recibiendo críticas -y no muy constructivas, la verdad- a través de las redes sociales. Se trataba de un emparedado a base de pan de aceite de oliva relleno de pulpa de tomate, lonchas de papada ibérica, pimentón y un chorrito de AOVE. Hasta ahí todo parecía ir bien. Sin embargo, Roncero metía este bocadillo en el microondas unos segundos y al sacarlo, volvía a echar unas gotitas de virgen extra por encima de su corteza, algo que los internautas interpretaron como “una bomba aceitosa”. Porque en nuestro país somos muy de criticar una gota de aceite de más pero aceptamos de buena gana la cantidad ingente de azúcares que contienen prácticamente todas las bebidas gaseosas que se venden en el lineal o las grasas saturadas de casi todos los aperitivos que ingerimos mientras tecleamos acusaciones -e incluso vejaciones- desde el escondite seguro de nuestra dirección IP.

Hace unos años se nos habría antojado impensable insultar a un cocinero por un plato que hubiese elaborado para nosotros. Nos podría haber gustado más o menos, podríamos habernos ahorrado la propina o incluso poner una reclamación, pero nunca recurrir a esta bajeza moral que se ha instaurado como costumbre en esta época. Puede ser un buen momento para la reflexión porque, que yo sepa, nadie se ha muerto por pensar antes de escribir.

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