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El olivo alrededor del mundo: un viaje sorprendente para este verano

El olivo alrededor del mundo: un viaje sorprendente para este verano

viernes 23 de julio de 2021, 08:57h
¿Olivos en Hawái? Claro. Y también en Australia, Canadá, Alemania o Japón. Estos son algunos de los maravillosos paisajes del olivar en los que refugiarse en tiempos de COVID-19.

En la actualidad, el olivo está presente en 67 países de los cinco continentes, de forma profesional e industrial, aun cuando de manera más amateur lo podemos encontrar además en lugares como Reino Unido, Alemania o Canadá. Por lo tanto, de un modo u otro, los más de 11,5 millones de hectáreas de olivar que cubren el planeta se extienden por todos aquellos rincones que la orografía, climatología y edafología así lo permiten. A continuación, nos adentraremos en algunos de aquellos lugares en los que, ya sea por su idiosincrasia, circunstancias o simplemente por su emplazamiento, la presencia del olivo se hace cuanto menos interesante, exótica y sugerente.

La isla de Santa Helena, en Australia, se encuentra en Moreton Bay, a 5 km. de la desembocadura del río Brisbane y unos 8 km. al noreste de Manly. La isla, de 166 hectáreas, posee una historia fascinante.

Su época más significativa fue cuando funcionó como una prisión colonial de gran seguridad, desde 1867 y reservada para reclusos de alta duración. Los presos tenían que cultivar y obtener sus propios alimentos, vendiendo productos para comprar bienes y equipos. Sorprendentemente, uno de sus productos más populares era el aceite de oliva virgen extra obtenido por ellos mismos a partir de olivos explotados y cultivados en la prisión. Todo lo que les sobraba se exportaba directamente a Italia.

En la década de 1920 se decidió transformar la prisión en una granja; de hecho, existe una variedad de olivo denominada helena, muy similar a la frantoio, que aún conserva el recuerdo de la prisión. Su aceite, especialmente sabroso por su textura y sabor, obtuvo el primer premio agrícola internacional de Australia. A día de hoy, los olivos todavía siguen dando frutos en la isla, en recuerdo de aquellos cautivos olivicultores.

Por su parte, Maui pertenece al archipiélago de las islas Hawái (EEUU). Con una superficie total de 1.880 km2 y una población de 120.000 habitantes, es la segunda isla en tamaño del archipiélago y es conocida por la fertilidad de sus tierras.

Encontrar en un clima subtropical destinado a aguacates, papayas y demás frutas exóticas un terreno apto para el olivar no resulta fácil debido a la climatología, pues se necesitan bajas y elevadas temperaturas, al mismo tiempo que la permanente humedad hawaiana perjudica a los olivos. No obstante, en la franja que va desde Upper Olinda hasta Kamaole en Keokea, en la isla de Maui, se daban las condiciones perfectas. Así, desde 2008 habitan esta zona más de 10.000 olivos de un solo pie de las variedades arbosana, cerasuola y picholine, en marcos de plantación habitualmente de 6 x 3 metros, algunos de secano y otros de riego en apoyo, con objeto de dar soporte al cultivo en los terrenos más áridos. En 2015 se obtuvieron los primeros AOVEs producidos en Hawái, aceites verdes, picantes, frutados y con un sabor robusto y complejo.

La complejidad y robustez de estos zumos se debe, sobre todo, a un clima seco o semidesértico, tierras volcánicas y una altitud que oscila entre 500 y 1.100 metros sobre el nivel del mar. El resultado son unos vírgenes extra que constituyen todo un oriundo placer culinario, extraídos de forma tradicional, al igual que la recogida de los frutos, lo que les aporta un plus de diferenciación.

AOVEs únicos en el mundo

Salt Spring (Canadá), en el Estrecho de Georgia, es una de las islas del Golfo entre la Columbia Británica continental y la isla de Vancouver. Desde 2001, tras diversos fracasos y pruebas con diferentes variedades, se cultivan aceitunas frantoio y leccino dedicadas, en principio, a aceituna de mesa, si bien su uso se ha extendido de forma gradual a la elaboración de aceite de oliva -la primera plantación fue de 30 ha. y un millar de olivos-.

Actualmente, dicha explotación cuenta con 2.500 plantas y una superficie de 75 ha., además de su propia almazara situada por encima del paralelo 46 -exactamente a 48º47”-, la más al norte del planeta y superando la barrera de los 46º”, a algo más de 3.000 km. de Alaska.

Se trata del único lugar en Canadá que disfruta de un clima mediterráneo, con más sol y menos lluvia que las áreas circundantes, obteniéndose unos aceites de oliva vírgenes extra con un toque a tomate, aromas a higuera y hierba recién cortada, textura potente y una sensación retronasal y en boca que los hacen únicos en el mundo, gracias a sus especiales atributos.

Viajemos ahora a Shodoshima, una isla del mar interior de Japón que cuenta con una superficie de 154 km2 y en la que residen alrededor de 35.000 personas. El clima es cálido y templado, con precipitaciones significativas. Incluso en el mes más seco del año suele llover, y esa humedad de corte mediterráneo ha hecho que reciba el sobrenombre de la Isla del Olivo.

El olivo recaló en Shodoshima procedente de EEUU, en primera instancia, y después desde Europa, en la primera década de 1900. De ahí las diversas variedades existentes con distintos orígenes (arbequina, frantoio, nevadillo, manzanilla, mission y lucca). El promotor de las primeras explotaciones fue el Ministerio de Agricultura y Comercio de Japón, en aras de producir su propio aceite de oliva virgen extra. Unos zumos a los que el clima mediterráneo impostado de la isla les confiere notas dulces, con tenues reminiscencias en cuanto a aromas y sabor a huerta primaveral, con matices de almendra inmadura, y una firmeza en el paladar que los hace ciertamente excepcionales. Cabe destacar que la isla cuenta con un parque temático dedicado íntegramente al olivo, a la aceituna y al aceite de oliva.

La isla Mauricio, sinónimo de lujo, descanso y exotismo, es un país soberano de unos 180 kilómetros de costa ubicado en el Océano Índico con algo más de un millón de habitantes residiendo en su paradisíaco entorno. Uno de los parajes más recónditos, salvajes y exóticos es la reserva Bras d’Eau, un emplazamiento de la costa este de algo menos de 500 ha., una auténtica selva indígena cubierta de olivos silvestres (acebuches) y ébanos, a los que acompañan esporádicamente otras especies exóticas como eucaliptos, araucarias, etc. Ya en el siglo XV, los habitantes de la isla usaban el aceite extraído del fruto de estos acebuches milenarios de la subespecie africana como inestimable mercancía intercambiada con visitantes, turistas, transeúntes, marineros y todos aquellos que visitaban la isla por su situación geográfica y posición estratégica en relación a las rutas marítimas internacionales. El AOVE obtenido, elaborado en la isla mediante métodos tradicionales, casi rudimentarios, es aromático, picante y con alguna nota amarga, con reminiscencias salvajes y exóticas a hierbabuena, tomillo y frutos rojos que lo hacen exquisito y único.

La Isla de Oxney (Reino Unido), localizada al sur del país, en el condado de Kent, es un emplazamiento cuyo nombre -adoptado durante el siglo XVI- ha pasado a ser un simple apodo con el transcurso del tiempo, pues en la actualidad no es más que un promontorio en tierra firme que ya no está rodeado de agua. En dicho entorno, uno de los lugares más secos y cálidos del Reino Unido, en 2002 la familia Davy -tras disfrutar de su luna de miel en Italia y empaparse de su cultura y filosofía de vida- hizo realidad su sueño de plantar olivos. Tres años después ya disponía de 2 ha. de olivar, unos 200 árboles en total, principalmente de las variedades frantoio y leccino, produciendo una sabrosa aceituna de mesa y un aceite de oliva de armónico equilibrio, con toques a canela y hierba fresca conferidos por la exclusiva brisa que le aporta la constante pugna entre el Mar del Norte y el Océano Atlántico disputándose el viejo Canal de la Mancha.

Finalmente, en la región de Rheinland (Alemania), dividida a ambos lados del Rhin, con un clima nórdico atenuado por el efecto del curso del río, desde 2005 -y gracias a la iniciativa de los hermanos Becker, dueños del vivero Stommelner Heinz Becker- forman parte del entorno natural en la Bahía de Colonia unos 220 olivos de secano y un solo pie a 3,5 x 4 m. distribuidos en algo más 1,5 ha.; casi todos ellos de la variedad leccino importada de Italia. Sus frutos regalan un extraordinario AOVE de intenso frutado, con generosas reminiscencias a alcachofa, alloza y tomate inmaduro, estructurado y aterciopelado en boca. Un ejemplo más de que el olivo arraiga no sólo en su hábitat común, sino también en aquellas zonas bendecidas por exclusivos microclimas por los insondables caprichos de la Madre Naturaleza.

Por Juan Vilar Hernández, analista oleícola internacional, consultor estratégico y profesor universitario para la Guía EVOOLEUM 2021