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La cama de Ulises

La cama de Ulises

Mercacei Semanal 1.244

Por Pandora Peñamil Peñafiel
martes 28 de septiembre de 2021, 09:34h
En tiempos de incertidumbre como los que nos ha tocado vivir, a veces se antoja casi como una necesidad el recurrir a la ficción. Series de Netflix, bailes en TikTok, stories en Instagram... cada uno tiene su propio plan de evasión. A mí me gusta la radio, en plan vintage, como dirían los de mi generación. Quizás sea la vertiente periodística o que, simplemente, me gusta escuchar a las personas.

Hace poco estaba oyendo un programa de tertulia en medio de un atasco. Entre el caos de los coches, los pitidos y los tubos de escape escuché la palabra olivo, como si de un sonido celestial se tratase. La realidad pasó a un segundo plano y toda mi atención se dirigió a esa cajita de luz dentro del coche que emitía una fábula maravillosa, la del reencuentro de Penélope y Ulises.

Se trata de uno de los relatos más bellos y emotivos de la Antigüedad. Comienza cuando Ulises parte hacia la guerra de Troya, dejando en casa a su mujer, a su hijo pequeño Telémaco y a su perro Argos, todavía cachorro. Cuenta Homero que es el conflicto bélico más sangriento y largo de la historia, que sólo logra resolverse gracias a la astucia de Ulises con su famoso caballo de madera. Cuando finalmente Grecia gana la batalla ha pasado más de una década y el héroe comienza su regreso a casa, a Ítaca, pero no lo tendrá nada fácil. Su vuelta al hogar ocupa una obra completa, La Odisea -Odiseo es el nombre griego de Ulises-.

Innumerables peligros convierten su travesía en un infierno que se prolonga otra década más. Cuando al fin consigue desembarcar en las playas de Ítaca se encuentra con que Penélope vive acosada por un sinfín de pretendientes a los que debe dar muerte. Una vez llevada a cabo la venganza, Ulises se encuentra cara a cara con su esposa, pero ésta no le reconoce. Él ha envejecido, se ha disfrazado de mendigo y ha alterado su fisonomía con ayuda de la diosa Atenea para poder vencer a los usurpadores, y Penélope duda. Se esfuerza por reconocer en ese hombre a su marido pero no lo logra, así que a Ulises se le ocurre un plan desesperado: describirle su lecho matrimonial, que él mismo construyó enraizado en el tronco de un olivo. Al escucharlo, a ella se le aflojan las rodillas y el corazón, corre llorando hacia él y le abraza el cuello besándole en el rostro. Solo su marido podía saber la historia de ese tálamo, pues fue él quien podó las ramas del olivo y excavó el lecho sobre el tronco para simbolizar una unión para toda la vida. Al mismo tiempo, él se da cuenta de que ella siempre le ha sido fiel, pues ningún otro hombre ha conocido ese lecho en su ausencia.

El tiempo se para en la fábula y en la realidad. El sonido del claxon indicándome que el semáforo está en verde me resulta irrespetuoso y banal. El olivo ha conseguido emocionarme una vez más.

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