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Las Olimpiadas del olivo

Las Olimpiadas del olivo

Mercacei Semanal 1.247

Por Pandora Peñamil Peñafiel
jueves 07 de octubre de 2021, 10:19h
Este pasado verano, con un año de retraso por culpa de la pandemia, se celebraron los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Unos Juegos absolutamente descafeinados, eso sí, por la ausencia de público. Cuenta la leyenda que, allá por el siglo VIII a. C., Dáctilo Heracles Ideo y cuatro de sus hermanos corrieron a la ciudad griega de Olimpia para entretener al recién nacido Zeus. El ganador de la carrera, Heracles, se hizo acreedor a portar una corona de olivo y estableció la costumbre de celebrar la serie de eventos deportivos -los actuales Juegos Olímpicos- en honor al padre todopoderoso de los dioses del Olimpo. Y es que el árbol milenario, símbolo universal de paz, abundancia, fertilidad, armonía o victoria, ha sido protagonista -directo o indirecto- de numerosos hechos y anécdotas a lo largo de la Historia, al igual que su mágico elixir, el oro líquido, un término acuñado hace casi 3.000 años por Homero.

De hecho, el gran poeta griego cuenta en su Ilíada que el famoso caballo de Troya, protagonista de la guerra más famosa de la antigüedad (1.300 a. C.), en la que la inquebrantable Troya cayó ante Grecia tras una década de asedio, fue construido con madera de olivo en la región de Anatolia, de donde es originario.

Un plan concebido por Ulises e instigado por Atenea, la hija de Zeus y diosa guerrera de la sabiduría y la estrategia, que obsequió a la Humanidad con el árbol sagrado.

Platón, otra gran figura de la Grecia clásica, discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles, fundó en el año 387 a. C., a su regreso a Siracusa, su famosa Academia en un bosque sagrado de olivos situado a las afueras de Atenas. El filósofo impartía sus clases magistrales bajo la sombra de un ejemplar del mítico árbol, del que se dice que sobrevivió 2.400 años, hasta que en 2013 fue talado de forma clandestina con nocturnidad y alevosía, acaso para servir de combustible en alguna chimenea casera. Antes, en los años 70, ya había sufrido un grave incidente cuando un autobús lo arrancó al empotrarse contra él, si bien en aquella ocasión la intervención de la Universidad de Atenas pudo evitar su desaparición, procediendo a su replantación. La barbarie de los tiempos modernos…

Y es que el olivo -y su fruto, el AOVE- es parte de nuestro ADN, pero además de cuidarlo debemos difundir su verdad por todo el mundo. Si conocemos todas estas anécdotas de la historia es porque alguien las escribió y han llegado hasta nuestros días. Aunque en estos tiempos modernos seamos a veces más bárbaros que entonces, algunos nos proponemos seguir contándoles a las generaciones venideras lo importante que es este árbol y, sobre todo, el virgen extra. En la Guía EVOOLEUM 2022, de la que se extraen estas historias, seguimos promocionando esta cultura maravillosa que nos han legado nuestros ancestros.

¿Conseguiremos honrarla como se merece?

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