Como advierten desde el departamento técnico de Syngenta, las condiciones típicas del invierno, unidas a una cosecha media-alta -que siempre termina por debilitar en mayor o menor medida al árbol- y, sobre todo, a la ausencia generalizada de tratamientos foliares preventivos en otoño -debido a que las lluvias fueron tardías-, pueden poner en mayor peligro la salud de los olivos, ya que se quedan en una situación de especial vulnerabilidad frente a enfermedades.
El temido repilo
Si el olivar tiene un enemigo temible, ese es el repilo (Cycloconium oleaginea), extendido por todas las zonas olivareras del país, favorecido por las condiciones antes descritas. En particular, su versión conocida como “mal del plomo” o repilo plomizo.
Causada por el agente Pseudocercospora cladosporioides, esta enfermedad afecta principalmente a las hojas. Una de las cuestiones que la convierten en especialmente peligrosa para este cultivo es que se trata de una enfermedad complicada de detectar, ya que sus síntomas sólo son visibles en un período ya muy avanzado de la infección, apreciándose en el envés unas manchas difuminadas, irregulares en forma y tamaño y que tienen como única característica el color plomizo.
La época preferida por el hongo para su multiplicación es el otoño. Con frecuencia, las hojas atacadas en otoño se caen ya en la primavera siguiente. Por esta razón, para su control es clave el tratamiento preventivo en otoño, que justamente no ha podido efectuarse en esta campaña en tantas zonas, dando así vía libre al hongo, que, fortalecido durante el invierno, puede causar graves defoliaciones en primavera, comprometiendo seriamente la próxima cosecha.
La solución para recuperar el control
Desde Syngenta recuerdan la importancia de acometer medidas culturales en el cuidado del olivar, tales como el manejo adecuado de la ventilación mediante podas selectivas y marcos de plantación que eviten mucha densidad, cuyo principal objetivo sería ayudar a disminuir la humedad relativa; el abonado nitrogenado equilibrado y evitar la carencia de potasio que favorecen la susceptibilidad hacia la enfermedad; y la elección previa de variedades poco susceptibles en zonas con muchos problemas de repilo.
Pero una vez que el repilo se ha adueñado del olivar y las hojas atacadas empiezan a caer de manera prematura, provocando el debilitamiento del árbol y amenazando con la pérdida de la cosecha, es hora de actuar con contundencia. Aquí es donde Oliva Top, de Syngenta, se posiciona como la solución estratégica, una herramienta eficaz, con un perfil específico y potente para recuperar el terreno perdido tras la falta de tratamiento otoñal.
Se trata de un fungicida de aplicación foliar de amplio espectro a base de azoxistrobin y difenoconazol. Actúa contra un gran número de enfermedades que afectan al olivo (y a otros cultivos como el arroz y los hortícolas en invernadero y al aire libre).
El azoxistrobin actúa como un inhibidor de la germinación de esporas, presentando acción preventiva y curativa, con propiedades traslaminares, sistémicas y de contacto. Por su parte, el difenoconazol es un fungicida sistémico con acción preventiva y curativa, es absorbido por la planta y tiene una gran traslocación acrópeta, basípeta y traslaminar.
Con su doble acción -preventiva desde el exterior y de control sistémico desde el interior-, Oliva Top protege de manera uniforme a todo el olivo, respetando además la biodiversidad y el agua.