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Al fondo de los vinos

Mercacei Semanal 999

domingo 08 de mayo de 2016, 19:43h

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Este título bien podría haber sido el de una película llamada Alimentaria. De hecho, para ser más precisos, podría haberse titulado así la trilogía de las últimas ediciones de esta feria bienal que congrega, nada más y nada menos, que a cientos de miles de visitantes la primavera de cada año par. Si fuésemos vinos, seríamos los protagonistas pero, desgraciadamente, somos tan sólo aceites de oliva. Por ello, año tras año, nos vemos relegados al fondo del pasillo, donde suelen situarse los aseos y la salida de emergencia, como un producto molesto que no sabes dónde ubicar en la oscura alacena.

Los expositores repetían una y otra vez la misma frase, como si asumiesen una culpa que no era de ellos: “Si nos hubiesen puesto en otro sitio, vendría más gente”, murmuraban a la hora de comer. Finalmente, llegaban importadores, ligeramente desubicados, como si hubiesen tenido que atravesar la Feria de Abril hasta dar con Mediterranean Foods (el alter ego de lo que un día fue Olivaria). Y, realmente, era así. Caminar por los pasillos de Intervin (que, por suerte ha podido conservar su denominación original) es como entrar en el delirante bar de carretera de la película de Quentin Tarantino Abierto hasta el amanecer. Todo parece en calma a primera hora. Sin embargo, se trata de una calma inquietante, como si pudiese alterarse de un momento a otro. Y así es. Llega la hora del aperitivo y comienzan a salir extraños seres sedientos desde todos los rincones del recinto ferial sin miedo a abrirse paso a codazos con tal de conseguir una ansiada copa de #cualquiercosaquetengaalcohol, con hashtag incluído.
“Esto en mi país sería inconcebible”, confesaba un distribuidor canadiense afincado en Mijas Pueblo, al tiempo que reprochaba que “el primer productor de aceite de oliva del mundo no puede tener un rincón al fondo de los vinos”.
Mientras tanto, los productores se mostraban relativamente contentos. El negocio que mueve esta feria es tan impresionante que a veces se olvidan -y perdonan- el resto de detalles, por importantes que sean. Muchos se relamían a la vista de los contactos establecidos, siempre cautos y a la espera del trabajo post-feria, pero satisfechos de las sensaciones experimentadas durante las cuatro intensas jornadas.
Otros reclamaban ferias más cortas, a la europea: dos días y a casa. Hoy en día, ausentarse de la oficina una semana entera -con sus centenares de correos y llamadas sin atender- es un lujo que no todos podemos permitirnos.  
Desde hace unos años han proliferado eventos por doquier en el sector. No transcurre una semana sin que se esté celebrando algo en alguna parte. Es curioso que en la era de Internet y de las videoconferencias nos veamos físicamente más que nunca. Hay que estar en todos lados, cubrir todo, dejarse ver, conocer, aprender... y todavía no tenemos una máquina para clonarnos, ni teletransportarnos. Mientras la van inventando, sólo nos queda una alternativa: seleccionar bien nuestros objetivos e ir a por ellos. Nadie dijo que fuese a ser fácil, pero este mundo es para los valientes.

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