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Una verdad como un templo

Mercacei Semanal 1.129

lunes 04 de marzo de 2019, 12:01h

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Hace mucho que dejamos de utilizar palabras como templo. Ahora empleamos más otras como hashtag, trending topic o followers. Lo llegamos a hacer tanto que parecemos haber olvidado el origen de algunos términos que han cambiado nuestra historia. Y, definitivamente, templo es uno de ellos. Procedente del latín templum, designa un edificio sagrado, a pesar de que en su origen se refería a la zona del cielo que el augur -un sacerdote de la Antigua Roma- utilizaba para contemplar qué aves la atravesaban y en qué sentido, estableciendo así los augurios.

Por suerte, existen todavía personas que aportan valor a las palabras -y a su significado-. Es el caso del Dr. Juan Manuel Ruiz Liso, director general de la Fundación Científica Caja Rural de Soria, cuyo objetivo profesional y personal es fomentar una salud integral a través del estilo de vida de la Dieta Mediterránea.

Respecto al lugar que ocupa el aceite de oliva virgen extra en esta dieta, subraya que “es el Dios Pantocrátor”, y así lo ha incluido en el Templo de la Salud Integral y en el Decálogo de la Dieta Mediterránea que ha realizado y que ya han sido traducidos al inglés, al portugués, al italiano y también al japonés.

Porque Ruiz Liso no cree en las pirámides, “que son lugares para rendir culto a los muertos”, pero sí en los templos, “un lugar para el debate y el estudio”. Razón no le falta, puesto que en la Antigua Grecia los templos servían como foro de debate y no como lugar de culto, ya que la veneración del dios, así como los sacrificios dedicados a él, se realizaban fuera de ellos.

Sócrates, Platón o Aristóteles ejercieron sus maravillosas dotes de debate para convencer a las asambleas en unas luchas dialécticas sin igual que más adelante mantendrían Cicerón -en Roma- o Erasmo de Rotterdam -en la Edad Media- hasta llegar a nuestos días.

En el templo del Dr. Juan Manuel Ruiz Liso hay un orador supremo: el AOVE, que corona la parte superior del edificio. Le acompañan, un poco más abajo, las ensaladas variadas y el resto de alimentos que componen el tejado, formado por pollo-pavo sin piel, vino tinto, jamón serrano, huevos, marisco, pasta o cereales integrales, entre otros.

Lo más interesante es que este templo no integra sólo pautas alimenticias; el optimismo, la comunicación, el diálogo, la cultura, el bienestar o, incluso, los bailes forman parte de una estructura que pretende establecer el patrón de un estilo de vida y cultura mediterránea en los que el ejercicio físico y la forma de vida social y ambiental son sus pilares. Sin duda, un modelo a seguir del que Hipócrates habría sido fan. No olvidemos lo que decía: “Un hombre sabio debería darse cuenta de que la salud es su posesión más valiosa”.

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