Hace más de dos décadas, la olivicultura vivió una transformación sin precedentes. La Senda del Azar, el documental que narra esta historia, lo define como la mayor revolución agrícola contemporánea: el nacimiento del olivar en seto. Un sistema que rompió con siglos de tradición para dar paso a un modelo más eficiente, sostenible y adaptado a las exigencias del siglo XXI. La idea era simple pero audaz: convertir el olivar en un cultivo mecanizable, capaz de optimizar recursos y garantizar la rentabilidad en un contexto global cada vez más competitivo.
Este cambio no solo alteró la forma de cultivar olivos; abrió la puerta a una nueva manera de entender la agricultura. La mecanización, la reducción del consumo de agua y fertilizantes, y la mejora en la calidad del aceite fueron los primeros frutos de esta innovación. Agricultores, investigadores y empresas se unieron en un esfuerzo colectivo que convirtió al olivar en seto en un referente mundial, inspirando incluso la transformación de otros cultivos leñosos.
La rentabilidad ha sido, desde el inicio, uno de los pilares de esta revolución. El sistema en seto permite reducir costes de producción gracias a la mecanización integral, optimizar la mano de obra y acelerar la entrada en producción, lo que se traduce en un retorno más rápido de la inversión. Esta eficiencia económica ha sido clave para que miles de agricultores en todo el mundo adopten el modelo, demostrando que innovación y rentabilidad pueden ir de la mano.
Pero la revolución no se detuvo ahí. Hoy, el espíritu innovador que dio origen a La Senda del Azar sigue vivo y se reinventa cada día. La olivicultura moderna enfrenta retos cruciales: sostenibilidad, eficiencia y adaptación al cambio climático. Y es en este contexto donde surge la segunda revolución del olivar, con programas de mejora genética en los que se desarrollan nuevas variedades que representan la evolución natural de aquella primera gran apuesta.
A los programas de mejora genética ya existentes (Universidad de Bari, Universidad de Córdoba, Todolivo, etc.) se suma el programa de mejora genética de la Universidad de Florencia, del que nacen brunella, florentia e ilitia, tres nuevas variedades que se presentan como una gran oportunidad para el olivar en seto. Todas ellas se unen al conjunto de piezas estratégicas en una revolución que no se conforma con haber cambiado la historia del olivar. Representan la continuidad de un proyecto que sigue innovando, que busca mejorar cada día y que entiende que la agricultura del futuro se construye con ciencia, tecnología y visión.
El nuevo abanico varietal del olivar en seto da respuesta a los desafíos actuales con atributos clave: la resistencia a la falta de agua, la tolerancia al frío, la adaptación a los distintos tipos de suelo, resistencia a enfermedades, una entrada precoz en producción y una calidad de un AOVE excepcional. Características que no sólo garantizan la viabilidad económica del cultivo, sino que refuerzan su sostenibilidad en un escenario marcado por la incertidumbre climática.
La senda iniciada hace años no ha llegado a su fin. Al contrario, se expande con nuevas soluciones, nuevos retos y nuevas oportunidades. Porque la verdadera revolución no es la que ocurre una sola vez, sino la que se reinventa constantemente para seguir transformando el mundo.
