El cultivo del olivar atraviesa un momento de especial complejidad. Las sucesivas campañas, marcadas por la escasez hídrica, las altas temperaturas en fases fenológicamente sensibles y la creciente irregularidad del clima mediterráneo, están provocando notables mermas en el rendimiento, tanto en secano como en regadío. Estos fenómenos climáticos extremos afectan directamente a procesos clave como la floración, el cuajado y la lipogénesis, reduciendo la producción por hectárea y comprometiendo la calidad final del aceite.
A esta inestabilidad productiva se suma un contexto económico igualmente incierto. Tras alcanzar precios históricamente altos en las últimas campañas, impulsados por la escasez de cosecha, el precio del aceite de oliva inició en 2025 un acusado descenso, situándose en algunos casos en apenas un tercio del valor del año anterior. Esta caída, unida al incremento sostenido de los costes de producción, ha generado una fuerte presión sobre la rentabilidad del olivar.
En este escenario económico, el marco regulatorio añade otra capa de dificultad. La Unión Europea ha aprobado el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), que encarece los fertilizantes importados al aplicarles un coste adicional en función de las emisiones de CO₂ generadas durante su fabricación. A ello se suman los aranceles a fertilizantes nitrogenados procedentes de Rusia y Bielorrusia, que pueden alcanzar entre 325 y 430 euros/t. según el producto.
En paralelo, la normativa nacional sobre nutrición sostenible (RD 1051/2022) introduce restricciones en las zonas vulnerables por nitratos, obligando a reducir las dosis de fertilización y a registrar las aplicaciones. En el caso de los ureicos, aquellas explotaciones que apliquen más del 20% de sus necesidades de nitrógeno mediante urea o soluciones nitrogenadas ureicas deberán incorporar medidas de mitigación que reduzcan al menos un 30% las emisiones de amoniaco (NH₃), lo que obliga a utilizar inhibidores u otras tecnologías específicas.
Objetivo: aumentar la eficiencia del abonado
En la práctica, todo esto significa que el agricultor dispone de menos margen para aplicar nutrientes y debe hacerlo de forma mucho más eficiente, lo que puede repercutir negativamente en el potencial productivo del olivar si no se incorporan soluciones tecnológicas avanzadas.
En este contexto, la fertilización de fondo -clave para la campaña del olivo- ya no puede plantearse únicamente como un aporte de nutrientes. Es necesario apostar por herramientas tecnológicas que aumenten la eficiencia del abonado, optimicen el uso de cada kilo de fertilizante y mejoren la salud del suelo a largo plazo, garantizando así la producción y calidad de las cosechas.
El nitrógeno es el motor de la producción en el olivar, pero también el nutriente más vulnerable a pérdidas. Se estima que casi la mitad del nitrógeno aplicado en campo no llega a ser absorbido, perdiéndose por volatilización o lixiviación. Esta ineficiencia supone un impacto ambiental evidente -contaminación de acuíferos y emisiones de gases de efecto invernadero- y un coste económico directo para el agricultor, que no sólo ve cómo el fertilizante aplicado no es aprovechado, sino que además compromete la nutrición del cultivo y, con ello, la cosecha.
La tecnología DURAMON®, incorporada en las fórmulas de Renovation Fuerza Máxima, se presenta como una solución eficaz y sencilla. Se trata de un inhibidor de la ureasa patentado (EP3753915B1) y registrado a nivel europeo y nacional, que ralentiza la transformación de la urea en amonio. De esta forma, el nitrógeno permanece más tiempo en el suelo en formas aprovechables y el fertilizante se integra de manera más homogénea en el perfil edáfico, asegurando una disponibilidad continua y uniforme para la planta. Esto permite que cada unidad de nitrógeno aplicada sea más eficiente, generando más kilos de aceituna por hectárea, cumpliendo con la normativa sobre reducción de emisiones sin necesidad de modificar el manejo y adaptándose mejor a la fisiología del olivo al garantizar la nutrición en momentos clave del ciclo.
Otro factor que condiciona la nutrición del olivar es la inmovilización de nutrientes, un fenómeno muy característico de los suelos alcalinos y calizos del paisaje mediterráneo. El fósforo, esencial para el desarrollo radicular y la producción de energía, puede quedar bloqueado en más del 80% poco después de su aplicación, principalmente por su precipitación en formas cálcicas. De manera similar, micronutrientes como hierro o zinc presentan baja disponibilidad, lo que limita el vigor del cultivo y favorece la aparición de clorosis férrica. Estas limitaciones nutricionales no sólo afectan al desarrollo vegetativo, sino que repercuten directamente en la productividad y calidad de la cosecha, reduciendo el potencial económico de la explotación.
La tecnología SUPERBIA®, desarrollada y patentada (EP3561066B1 y EP3181538B1) por Fertinagro Biotech, responde a este problema mediante bioestimulación funcional. Su composición rica en aminoácidos libres y oligopéptidos actúa como señal química para la microbiota edáfica, activando microorganismos beneficiosos que participan en procesos clave como la solubilización y mineralización de fósforo.
Esta tecnología ha sido caracterizada siguiendo protocolos oficiales emitidos por el Comité Europeo de Normalización (CEN) para la evaluación de bioestimulantes, demostrando incrementos significativos en nitrógeno mineral y fósforo soluble en apenas 14 días. Estos resultados confirman su potencial para mejorar la fertilidad en suelos complejos y favorecer el aprovechamiento de cada aplicación.

Más allá de la nutrición, la bioestimulación refuerza la resiliencia del olivo frente a situaciones de estrés abiótico -sequía, altas temperaturas-, al promover una microbiota activa y diversa. De este modo, SUPERBIA® contribuye a mantener la productividad y calidad de la cosecha incluso en campañas difíciles.
La eficacia de Renovation Fuerza Máxima ha sido validada en numerosas experiencias de campo. En ensayos realizados en olivar de verdeo (variedad manzanilla) dentro del proyecto PHOSECO -financiado por la Junta de Andalucía y la Unión Europea a través de fondos FEDER-, se comparó un plan de abonado convencional con otro en el que se redujeron en un 20% las unidades fertilizantes nitrogenadas (UFN) aplicadas con Renovation Fuerza Máxima. El resultado fue un incremento de más del 20% en la producción (+2.000 kg./ha. de aceituna). Este ensayo no sólo evidenció un mayor aprovechamiento de cada unidad fertilizante -obteniéndose más kilos de cosecha por cada UFN aplicada-, sino que también mostró un impacto económico directo: el aumento de producción, valorado al precio de lonja de la aceituna de mesa en ese momento, se tradujo en una mejora de rentabilidad de +1.540 euros/ha. Resultados muy similares se obtuvieron en olivar de almazara (variedad picual), donde planes de abonado con Renovation Fuerza Máxima que reducían las unidades fertilizantes no sólo mantuvieron la producción, sino que en muchos casos permitieron alcanzar incrementos de hasta el 30% en el rendimiento.
Con Renovation Fuerza Máxima, el agricultor dispone de un fertilizante de fondo de máxima eficiencia que integra en una sola formulación dos tecnologías complementarias: DURAMON®, que reduce pérdidas de nitrógeno y asegura una nutrición homogénea; y SUPERBIA®, que desbloquea nutrientes inmovilizados y activa la microbiota del suelo. Esta combinación permite producir más con menos unidades fertilizantes, cumpliendo las exigencias normativas, mejorando la salud del suelo y asegurando la rentabilidad de la explotación incluso en campañas marcadas por la incertidumbre climática y económica.