El olivar tradicional de la provincia de Jaén, columna vertebral de su economía y símbolo de su identidad colectiva, se enfrenta a una encrucijada histórica. Durante décadas ha sido sustento de miles de familias, motor de fijación de población y garante de un paisaje cultural único. Sin embargo, bajo esa imagen de fortaleza laten debilidades estructurales que hoy amenazan su continuidad: minifundismo extremo, fragmentación parcelaria, envejecimiento de los titulares y un incremento sostenido de los costes de producción que erosiona la rentabilidad real de las explotaciones.