Durante mucho tiempo, el aceite de oliva virgen extra parecía reservado para ciertos territorios gastronómicos muy concretos: la cocina mediterránea, el restaurante de mantel largo o ese chef que termina el plato con un chorrito ceremonial mientras explica la variedad de aceituna. Nadie imaginaba que uno de los escenarios donde podría empezar a ganar protagonismo sería el de la comida rápida. Y, sin embargo, ahí está.