Los resultados de esta investigación se han publicado en la prestigiosa revista de ingeniería química ambiental Journal of Environmental Chemical Engineering. En el artículo "Oxidative technologies for olive grove soils: impacts of electrogenerated H2O2 and O3 on pesticide degradation and ecosystem health" se explica que han investigado la remediación de suelos de olivar contaminados con atrazina y glifosato mediante el uso de oxidantes verdes, específicamente peróxido de hidrógeno y ozono, generados de forma electroquímica directamente en suelo real inalterado.
Durante un periodo de 30 días en condiciones de laboratorio, se evaluó la eficacia de estos tratamientos, observando que ambos oxidantes logran degradar los pesticidas de manera significativa: el peróxido de hidrógeno alcanzó eliminaciones superiores al 60% para la atrazina y del 25% para el glifosato, mientras que el ozono logró niveles del 40% y 21%, respectivamente.
Según ha informado la UJA, los resultados sugieren que un factor limitante en la remediación no es sólo la cantidad de oxidante utilizado, sino también la dificultad de transporte de estas sustancias a través de la estructura del suelo. Un hallazgo crucial del estudio es el impacto ambiental diferencial, mientras que el peróxido de hidrógeno suprimió la respiración del suelo, al menos de manera temporal, y aumentó la mortalidad de los nematodos, usados como bioindicadores, el ozono demostró ser aséptico con la actividad biológica. En conclusión, el ozono generado electroquímicamente se perfila como la estrategia más viable para su uso en campo, ya que combina una eliminación efectiva de contaminantes con la preservación de la salud y funcionalidad del ecosistema del suelo.
El artículo lo firman los investigadores Cristina Navas Higuero, Bryan Andres Tiban Anrango, Engracia Lacasa, Manuel Andrés Rodrigo y Cristina Sáez Jiménez, de la Universidad de Castilla-La Mancha; Víctor Valenzuela Polo, María Isabel Reyes-Alcalde, Antonio José Manzaneda, Andrés José Rascón y Juan Francisco García-Reyes, de la Universidad de Jaén; y Rosa Salazar García y Juan Emilio Palomares-Rius, del IAS-CSIC de Córdoba.
Este descubrimiento científico se realiza precisamente en la fase de restauración del proyecto Soil O-live en la que se pretende seguir mejorando la salud del suelo y aportar soluciones a problemas concretos identificados en el proyecto, como es la presencia de contaminantes de diferente naturaleza en estos suelos o la baja biodiversidad que albergan.