En un contexto internacional marcado por una creciente demanda de aceite de oliva -cada vez más reconocido como un producto de excelencia asociado a la salud, el bienestar y la calidad de vida-, en el Congreso se destacó que el sector se enfrenta a retos significativos, desde la volatilidad de los mercados y el aumento de los costes hasta las exigencias medioambientales, la escasez de mano de obra y la creciente complejidad geopolítica.
Según se subrayó en el encuentro, la producción portuguesa de aceite de oliva se ha multiplicado por cinco en los últimos 26 años, situando al país entre los protagonistas internacionales de la producción oleícola, gracias a la combinación de calidad, innovación tecnológica y digitalización, sin perder valor sin perder el valor de la experiencia acumulada de los olivicultores.
También se resaltó la profunda transformación económica y laboral del sector agrícola en las últimas tres décadas: aunque el número de trabajadores se ha reducido a casi la mitad, la productividad se ha más que duplicado, impulsada por la mecanización, la modernización tecnológica y la creciente profesionalización de las explotaciones. En la ctualidad, según se precisó, la agricultura es el sector más dependiente de la mano de obra extranjera en Portugal, que ya representa más del 40% de la población activa -una proporción que se ha cuadruplicado en la última década y que se ha vuelto indispensable para la continuidad de la producción-.
Al mismo tiempo, la edad media de los agricultores ha aumentado hasta los 59 años, lo que refleja la dificultad para atraer a las nuevas generaciones. A pesar de que los salarios han aumentado más del 50% en los últimos diez años, siguen estando significativamente por debajo de la media nacional, lo que compromete, según se señaló, la capacidad de atraer a jóvenes y profesionales con competencias técnicas y digitales.
Asimismo, los expertos defendieron la coexistencia de distintos modelos productivos (secano, regadío, tradicional y en seto) y se remarcaron como prioridades estratégicas la gestión eficiente del agua, el cambio climático, la preservación de las variedades autóctonas, la investigación aplicada y la escasez de mano de obra.
Además, en el Congreso se resaltó que el sector necesita soluciones financieras adaptadas a sus particularidades para afrontar inversiones en nuevas plantaciones, modernización o eficiencia hídrica.
La IA fue presentada como una herramienta clave para mejorar la competitividad, optimizar el riego, prever cosechas, controlar plagas y aumentar la eficiencia de las almazaras. Los expertos recomendaron a los productores comenzar cuanto antes a integrar estas tecnologías.
A su vez, los participantes destacaron que el futuro del aceite de oliva portugués pasa por fortalecer las marcas, apostar por el diseño, la innovación y el storytelling para generar mayor valor añadido y mejorar el posicionamiento internacional.