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¿Todavía sigues sin planes para este verano? Te presentamos los paraísos insulares del virgen extra

¿Todavía sigues sin planes para este verano? Te presentamos los paraísos insulares del virgen extra

jueves 26 de julio de 2018, 09:22h

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Waiheke, Maui, Kythira, Córcega, Pantellería, Brijuni… Lugares evocadores que hacen volar nuestra imaginación y que también se presentan como genuinos -y remotos- paraísos insulares del aceite de oliva virgen extra. Aún estás a tiempo de planear unas vacaciones inolvidables y dejarte seducir por este recorrido por las islas más sorprendentes del mundo que publicamos en Olivatessen by Mercacei #4.

AOVE Premiun en las Antípodas

Con una superficie de 92 km² y una población permanente de algo más de 7.000 personas, Waiheke es la segunda isla más grande del golfo de Hauraki -sólo superada en tamaño por la Gran Barrera- y la más accesible. Este paradisiaco enclave perfilado por verdes colinas y situado a 35 minutos en ferry desde Auckland, la capital económica de Nueva Zelanda, con 40 kilómetros de playas de aguas cristalinas y templadas, esconde en su interior un auténtico tesoro: un par de hectáreas de olivar de secano cultivadas con mimo y esmero por sus propietarios, John y Margaret Edwards, un adorable matrimonio cuya historia de amor con el aceite de oliva virgen extra surgió durante sus frecuentes visitas a España y otros países mediterráneos en la década de los 60.

La plantación, Matiatia Grove -nombre bajo el que comercializan sus AOVEs- está situada en las proximidades de la bahía de Matiatia y es una de las más antiguas de la isla. Cuenta con alrededor de 1.200 olivos de edades comprendidas entre 2 y 21 años en los que predominan claramente las variedades italianas y griegas -frantoio, leccino, moraiolo, pendolino, nocellara y koroneiki- y de los que se obtiene una producción escasa en volumen pero elevada en cuanto a calidad. Y es que su compañía, Waiheke Olive Oil, aspira a producir el mejor AOVE Premium de las Antípodas.


El primer AOVE Made in Hawaii
Conocida también como “The Valley Isle” al estar formada por dos volcanes (Mauna Kahalawai y Haleakala) que se unen en un fértil istmo, Maui es la segunda isla más grande de Hawaii -1.880 km²- y la tercera más poblada del archipiélago. En su pequeña granja familiar, Jamie Woodburn y su hijo Josh fundaron en 2010 Maui Olive Company, donde combinan sus conocimientos, experiencia y esfuerzos para elaborar aceite de oliva virgen extra de alta calidad en su propio molino en Kula. Una apuesta arriesgada y una tarea nada fácil, ya que nadie lo había hecho hasta entonces en Hawaii. Y es que en Maui la aceituna -cuyos orígenes se remontan a la época de las misiones- nunca reemplazará al azúcar o la piña. Eso sí, sus olivos con vistas al océano -casi 4.000 árboles de 3 a 7 años procedentes de Santa Cruz Olive Tree Nursery, en California- crecen acariciados por suaves vientos a una altitud de entre 2.000 a 4.000’ en el fértil suelo volcánico de las laderas y estribaciones de Haleakala. Se trata de una docena de variedades principalmente griegas, españolas e italianas, las que presentan una mejor adaptación a estas elevaciones: koroneiki, arbequina, arbosana, frantoio, pendolino, lucino, picual, manzanillo… a las que se suman otras como la cerasuola -con la que se ha estado experimentando en los olivares más jóvenes- o la francesa picholine.


¿Olivos en Canadá? ¡Imposible!
The Olive Farm se localiza en Fulford Valley, en Salt Spring Island, en las islas del Golfo (Gulf Islands) meridionales, en la Costa Oeste de Canadá. De sus casi 3.000 olivos se obtiene desde diciembre de 2016 el primer aceite de oliva virgen extra 100% canadiense. Una maravillosa excentricidad fruto de la pasión, el entusiasmo y la paciencia del matrimonio Braun -George y Sheri-, unos auténticos enamorados del olivo y su mágico elixir. Pero, como los olivos tardan mucho tiempo en crecer, los Braun no han perdido el tiempo y se han dedicado a plantar, cultivar y cosechar otros muchos frutos: arándanos, cerezas, uvas, trigo, quinua, ajo, alcachofas… y col rizada, mucha col rizada.

A pesar de su escaso rendimiento, la pequeña producción de The Olive Farm es la más grande de Canadá. George Braun está convencido de que tanto la producción como el rendimiento de sus aceitunas aumentará a medida que los olivos sigan creciendo en su propiedad, y de que, gracias al particular microclima del valle, los frutos podrán sobrevivir al norte del paralelo 46º, permitiendo que el sueño -¿imposible?- de desarrollar un olivar en Canadá se convierta en realidad.


AOVE con acento corso
Pero viajemos ahora a la Vieja Europa. Escondido en medio de suaves y verdes colinas sacudidas por la brisa del mar y el aliento más frío de las altas montañas donde vides, robles y álamos crecen a lo largo del río Bravone, el domaine de Moulin Oltremonti, en Linguizzetta (Córcega, Francia), se extiende a lo largo de más de 35 hectáreas divididas en dos parcelas en la costa este de la isla, entre el mar y la montaña. Su primer olivar descansa en una finca de apenas cinco hectáreas, al lado de la almazara -construida en 2013 y la única en Córcega certificada por Ecocert para AOVEs orgánicos y con DOP Huile de Corse (Oliu di Corsica)-, y a un kilómetro se encuentra la segunda y más importante plantación, proveniente de esquejes tomados de olivos seculares enumerados.

La explotación -actualmente en proceso de conversión a agricultura biológica- nació en la primavera de 2008 con casi un millar de olivos tras un largo proceso de reproducción de antiguas variedades corsas de olivos seculares en las laderas del pueblo de Monte in Casinca en el norte y de Santa Lucia di Tallano en el sur: ghjermana di Casinca, ghjermana di Tallano y sabina. La primera cosecha se obtuvo en el otoño de 2011 y sus zumos han sido premiados en concursos internacionales.


La cuna de Afrodita
Cuenta Homero que la divina Afrodita, la diosa del amor de la mitología griega, nació en las escarpadas costas de la isla de Kythira elevándose desde la cresta de las olas después de que Urano fuera mutilado y sus testículos cayeran al mar. Situada al sudoeste del Peloponeso, los apenas 284 km² de superficie de esta bella isla del archipiélago jónico de poco más de 3.000 habitantes rodeada por tres mares -el Jónico, el Egeo y el de Creta- constituyen un paraíso natural donde se hallan numerosos restos de antiguas civilizaciones que aún hoy se conservan en buen estado.

En esta isla llena de mitos y de historia, abandonada por sus habitantes pero nunca olvidada, se produce vino y miel, pero también aceite de oliva. En 1992 Harry Tzortzopoulos regresó a la isla de sus antepasados tras completar sus estudios en agricultura para hacerse cargo de los olivares familiares, concentrados sobre todo en el área de Stenokampos, en las afueras de Karava, en la región norte de Kythira. Desde su nacimiento en 2001, su compañía Astarti-Tzortzopoulos Estate se dedica a la producción, envasado y comercialización de productos orgánicos y tradicionales de alta calidad con el objetivo de promover la agricultura orgánica en la isla, la conciencia medioambiental y la participación activa en la protección de estas tierras, así como el comercio justo.

El terroir único, el particular microclima de la zona y unas prácticas agrícolas que incluyen el cultivo en seco y la cosecha temprana son los factores que contribuyen a la calidad superior de su AOVE ecológico de producción limitada -Astarti Exclusive, Astarti Exclusive Premium y Astarti Blend-, cuya fama ha traspasado fronteras y goza hoy día de merecido reconocimiento internacional, destinándose a la exportación el 65% de la producción.


Mallorca, territorio AOVE
El cultivo del olivo y la producción y consumo de aceite de oliva cuentan con una gran tradición en Mallorca (Islas Baleares, España). Tradicionalmente, el oli de Mallorca ha sido reconocido y apreciado tanto por los habitantes de la isla como por los ciudadanos de las zonas con las que históricamente se han mantenido relaciones comerciales, en especial con el sur de Francia. Estrechamente relacionado con el nacimiento del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Oli de Mallorca en 2002, la elaboración de aceite de oliva virgen extra ha experimentado un resurgimiento y ahora el olivar vuelve a extenderse por toda la isla de la mano de pequeños olivicultores -alrededor de 830- que buscan en la calidad y la singularización el factor diferencial.

En plena Serra de Tramuntana, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2002 y hoy día un auténtico museo natural que atesora miles de olivos centenarios de la variedad autóctona mallorquina, encontramos dos restaurantes consagrados al virgen extra. El chef Guillermo Méndez, uno de los artífices de la nueva cocina mallorquina, está al frente de El Olivo, emplazado en el hotel Belmond La Residència de Deià, uno de los hoteles con más encanto y prestigio de la isla, situado en una antigua hacienda rodeada de olivos con los que elaboran aceite con DOP Oli de Mallorca -parte del restaurante ocupa lo que fue la almazara de la finca-. Por su parte, el restaurante-hotel Valldemossa, cuyo cocinero ha conquistado durante dos años consecutivos el concurso de tapas con aceite de oliva virgen extra Oleotapa, ofrece unas magníficas vistas de los olivos que rodean esta pintoresca localidad mallorquina. Y no hay que olvidar el restaurante con estrella Michelin Andreu Genestra, ubicado también en un alojamiento con encanto, el Hotel Predi Son Jaumell, que cuenta con su propio huerto y olivar. Su chef, gran amante del AOVE, ha integrado el virgen extra como una experiencia más en su menú degustación, utilizando un plato de servicio con el que consigue que el aroma del zumo de aceituna alcance al comensal mientras se vierte.


Los olivos horizontales de Pantellería, la perla negra del Mediterráneo…
Perteneciente a la provincia de Trapani, Pantellería, la hija del viento, es una bella isla mediterránea de poco más de 80 km² situada a medio camino entre Sicilia (100 km.) y Túnez (70 km.). Compuesta de rocas de origen volcánico -la isla constituye sólo una pequeña parte que emerge de una estructura volcánica de más de 2.000 metros de altura-, su historia siempre ha estado ligada a su situación geográfica. Por aquí pasaron fenicios, cartagineses, romanos, vándalos, bizantinos, árabes, venecianos, normandos…

En este paraíso, escenario de películas y destino de famosos, VIPs y miembros de la alta sociedad desde los años 60 que han elegido Pantellería como su particular edén -Armani, Truman Capote, Gabriel García Márquez, Michelle Pfeiffer, Isabella Rosellini o Madonna, entre otros-, se diseminan palmerales, olivares, viñedos del célebre Passito di Pantellería y las típicas edificaciones locales, denominadas dammusi -Armani se hizo una-, cuyo origen data del siglo X. Los olivos -que fueron introducidos por los fenicios- forman parte de su patrimonio vegetal junto con la vid y la alcaparra. Las variedades predominantes son la biancolilla y la nocellara del Belice, ambas de doble aptitud, destinándose la primera sobre todo para la producción de aceite y la segunda para aceituna de mesa. Debido a los fuertes vientos que azotan la isla durante buena parte del año, los árboles se caracterizan por una estructura horizontal con una altura media de 1,5 m. y se podan y crecen de manera que las ramas se desarrollan paralelas al terreno, de tal forma que un ejemplar adulto puede llegar a ocupar una superficie de unos 20-30 m² o incluso mayor, ya que algunas ramas, al contacto con el terreno, echan raíces y forman una nueva planta. Todo un capricho de la naturaleza modelado por el hombre.

…y las aceitunas blancas de Malta
En el centro del Mediterráneo, a unos 90 km. de Sicilia, Malta es un país densamente poblado de reducidas dimensiones y estratégica ubicación geográfica en el que recientes hallazgos arqueológicos demuestran que los romanos ya producían aceite hace 2.000 años, si bien las referencias más antiguas datan de hace más de 5.000 años, de acuerdo con los restos carbonizados de olivos cultivados que han sido hallados en las excavaciones del complejo de templos de Skorba. Entre 1530 y 1798, los Caballeros cruzados de la Orden de San Juan adornaban sus jardines con olivos blancos de bajda y sus frutos formaban parte de la receta de uno de los platos típicos del país: el estofado de conejo. Las aceitunas blancas maltesas aparecen frecuentemente en los informes sobre la agronomía de las islas, cuyo clima templado y la riqueza de sus suelos alcalinos las convierten en ideales para el cultivo del olivo, obteniéndose un AOVE fresco de indiscutible -y poco reconocida a nivel internacional- calidad.



El Viejo Olivo de Brijuni
Debido a las bondades de su clima, su situación geográfica y tipo de suelo, la región de Istria, en Croacia, es ideal para el cultivo del olivar y la obtención de AOVEs de alta calidad que figuran entre los mejores del mundo. El aceite de oliva de Istria ya fue muy apreciado durante el Imperio Romano: según Plinio el Viejo, su excelencia era comparable a la del oro líquido procedente de la provincia española de la Bética (Baetica) y sólo superada por el aceite italiano de Venafro. Marcus Valerius Martialis, el más importante escritor romano de epigramas, también dedicó encendidos elogios al zumo de aceitunas istrio, que comparó con la belleza de su Córdoba natal. Además de los testimonios escritos, los romanos también dejaron numerosos restos de antiguas prensas de aceite y ánforas a lo largo de toda la costa occidental; y se han encontrado plantaciones de olivo con variedades autóctonas como bjelica de Istria (Istrian bjelica), buža y karbonera. Se sabe que en la isla de Brijuni existieron muchas villas rústicas donde se producían más de 300.000 litros de aceite al año. Aquí, como parte integral de su fascinante paisaje, se localiza un viejo olivo de alrededor de 1.600 años de antigüedad de cuyos frutos recolectados a mano en octubre se sigue obteniendo AOVE de gran calidad -una media de 30 kg. al año de los que se extraen 4,1 l. de virgen extra-. Un árbol excepcional con una copa de más de 22 metros de ancho, una altura de 6 metros y un diámetro de tronco de unos 2,5 metros, y todo un superviviente: una tormenta le dividió en dos en la década de los 70.

El Parque Nacional de Brijuni es un paradisíaco jardín con vistas al mar formado por bosques, parques, pastizales, huertos y otras áreas creadas artificialmente donde conviven de forma armoniosa viejos y fuertes olivos, encinas, matorral mediterráneo -macchia- y otras especies como acebo, madroño mirto o terebinto. En este archipiélago de origen kárstico hallamos cerca de un millar de olivos centenarios que conforman un ecosistema forestal único y en los que abundan las aceitunas en otoño. En 2001 se inició un proyecto en cooperación con la Facultad de Agricultura de la Universidad de Zagreb denominado Brijuni Olive cuyo objetivo es determinar e inventariar variedades raras de aceituna, entre ellos 15 genotipos que destacan por sus características morfológicas, singularidad genética, calidad de aceite excepcional y antigüedad. Tras la clonación de estos árboles, se plantó un pequeño jardín de olivos en la isla Veliki Brijun que puede ser admirado por los visitantes del Parque Nacional, con la posibilidad de asistir en otoño a la cosecha de sus poco comunes frutos, de los que se obtiene un AOVE único con marca propia que es extraído en frío en la moderna almazara Palunko en Fažana.