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El “Modelo Santander” de determinación de la edad de olivos monumentales

El “Modelo Santander” de determinación de la edad de olivos monumentales

A continuación se presenta la metodología denominada “Modelo Santander” para la datación de las edades de olivos, desarrollada por los laboratorios de Dasometría, Ordenación de Montes y Valoración Agraria y Patología Forestal y Conservación de la Madera de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes, Forestal y del Medio Natural (ETSIMFMN) de la Universidad Politécnica de Madrid, con el patrocinio del Banco Santander. En base a esta metodología, se ha determinado la edad de más de 300 olivos monumentales de diversas zonas de España (Castellón, Tarragona, Granada, Almería, Extremadura, Navarra), Italia (Calabria) y Líbano (Deir Mimas, dentro de una colaboración cívico-militar con UNIFIL), así como de otras especies como robles, castaños, pinos, encinas, etc. Con esta valiosa información, en la actualidad se está organizando en la ETSIMFMN -con la colaboración del Banco Santander- una base de datos de edades de árboles monumentales de España con sus características y valoración según la Norma Granada, para el conocimiento, difusión y conservación de nuestro patrimonio natural atendiendo a sus características paisajísticas, históricas, religiosas, políticas o sentimentales.

Por edad del árbol se entiende el número de años trascurridos desde la germinación de la semilla en árboles que se reproducen sexualmente (brinzales) o desde la formación del nuevo brote en aquellos que se reproducen asexualmente o de forma vegetativa (chirpiales). En las zonas templadas de la Tierra, con estaciones bien definidas, el crecimiento del árbol tiene lugar en una época determinada del año, el periodo vegetativo, pudiéndose distinguir para la determinación de edades el crecimiento en altura y el crecimiento en diámetro.

• Crecimiento en altura: El tronco crece en altura, merced a la actividad de los tejidos meristemáticos de la guía principal. Este crecimiento es bien visible en muchas especies de coníferas en las que cada año se añade un ciclo morfogenético (“metida”) con su correspondiente verticilo de ramas. Así, es posible -en árboles jóvenes en los que se conservan los nudos de la inserción de las ramas- conjeturar la edad por el número de entrenudos contados al árbol. Sin embargo, en algunas regiones climáticas, la presencia de un periodo de sequía estival seguido de abundantes lluvias en otoño produce en ciertas especies (Pinus radiata, Pinus pinaster) un segundo verticilo anual con entrenudo generalmente más corto que el correspondiente a la primavera.

• Crecimiento en diámetro: Se produce anualmente un crecimiento en el diámetro de los árboles como consecuencia de la formación de un nuevo anillo de madera debido a la actividad del tejido meristemático secundario llamado cambium, durante el período vegetativo. Anualmente se añaden capas acumuladas de xilema que se incorporan a la madera y capas de floema que forman la corteza. En cada uno de los anillos aparece una capa, generalmente más ancha, formada por madera temprana o de primavera de color claro, y otra más estrecha y oscura debido a la menor porosidad (vasos más lignificados) de la madera tardía o de verano que permite distinguirlos.

El número de anillos que un árbol tiene en la base del tronco se corresponde con su edad, mientras que el número de anillos a una determinada altura será igual a los años transcurridos desde que el árbol alcanzó esa altura. En países como España, con interrupción del periodo vegetativo y precipitaciones irregulares, ocurren con frecuencia anomalías en la formación de los anillos de crecimiento, pudiéndose dar los casos extremos de la desaparición de los mismos en años secos o de plagas, o la formación de dobles anillos en otros en los que ha habido un otoño lluvioso y templado. La distinción de los anillos es más sencilla en las coníferas que en las frondosas. En determinados casos resulta necesario pulir la madera, o incluso teñirla, para observar con claridad las diferencias entre la madera de primavera y la de verano, y así distinguir los anillos de crecimiento. La existencia de falsos anillos y de anillos anormalmente estrechos puede provocar errores en las estimaciones de la edad.

El crecimiento en diámetro no es constante; es mayor durante la fase juvenil del árbol, se mantiene más o menos constante en la fase adulta y es menor (sin llegar a atenuarse del todo) en la fase de senectud. Este crecimiento biológico dependiente de la edad del árbol se ve modificado por otros factores tales como la especie, la calidad de estación y el tratamiento selvícola o la altura del tronco.

Edad de los árboles
Al crecer los árboles, cambian la química y fisiología de las diversas células diferenciadas en su tronco principal, sin importar su especie o hábitat. Estos cambios son irregulares y dependen de factores genéticos; condiciones ambientales de temperaturas y precipitaciones; competencia por la sombra o por los nutrientes del suelo; apetencia de las hojas para los animales; plagas y enfermedades (la infección por hongos origina pasmos, frecuentes en árboles añosos, que pueden ser confundidos con anillos de crecimiento en olivo). Desde un punto de vista práctico, se puede precisar la edad del árbol por alguno de los siguientes medios:

• Historia de la plantación: Cuando se conoce la fecha de plantación o de regeneración del árbol o de la masa.

• Conteo de entrenudos: Cuando son visibles los puntos de inserción de las ramas y se pueden dilucidar los casos dudosos de un segundo crecimiento otoñal. Se puede utilizar con más o menos exactitud en especies bien verticiladas (algunas coníferas), añadiendo al número de verticilos el tiempo que transcurrió hasta la formación del primero de ellos.

• Conteo de anillos: Se puede realizar directamente sobre el tocón del árbol cortado o por medio de la barrena de Pressler, que es un taladro hueco de acero que permite sacar del tronco del árbol un pequeño cilindro de madera en el que se observan los anillos de crecimiento.

En la madera de olivo, los anillos de crecimiento están diferenciados, pero no siempre pueden distinguirse bien, por los pasmos de la madera de protección y por lo incompleto de los anillos en árboles muy castigados por heridas.

En los análisis de los olivos viejos, además de los inconvenientes citados, hay otros dos problemas: el crecimiento desorganizado de los anillos de crecimiento; y que la parte interior del tronco se pudre en pocos años, dejando sólo los anillos externos. En el caso de los olivos monumentales, no se pueden utilizar los procedimientos antes citados, ya que no muestran claramente los anillos de crecimiento, y por la presencia de oquedades y pudriciones. Otros procedimientos para su datación podrían ser los siguientes: anatomía de la madera, química de la madera, radioisótopos, dendrocronología, tasa de crecimiento, resistografía, tomografía computerizada y aplicación de dendrógrafos.

• Anatomía de la madera. Si no se observan a simple vista o con lupa los anillos de crecimiento, se pueden utilizar procedimientos de densitometría, análisis de textura y análisis de imágenes por ordenador para intentar distinguir diferencias en la anatomía de la madera que conduzca a estimar edades.

• Química de la madera. En el crecimiento diametral de los árboles, se producen cambios en la estructura y química de la albura y del duramen, que podrían ser utilizados para establecer los crecimientos. Sin embargo, dado el actual estado de la ciencia, resulta inalcanzable la identificación de estos cambios para determinar la edad de los árboles.

 Radioisótopos. Aunque es posible la determinación de la edad de los árboles sin anillos de crecimiento con carbono 14, su variación con respecto al carbono 12 a lo largo del tiempo produce sesgos que pueden ser elevados (hasta un ± 35%), por lo que su precisión es bastante reducida. Además, en el caso de los olivos monumentales, su interior, que es la madera más antigua, suele ser hueco, por lo que este procedimiento es inoperante.

 Dendrocronología. Se basa en el hecho de que anillos de crecimiento característicos de la misma fecha están presentes en diferentes árboles y que la anchura del anillo puede revelar condiciones ambientales del pasado. Sin embargo, la inexistencia de anillos de crecimiento en los olivos monumentales impide que la dendrocronología sea utilizable.

• Tasa de crecimiento. El procedimiento consiste en medir en cada región de procedencia de los olivos los perímetros de árboles de diferentes dimensiones de los que se conozcan las edades y efectuar su extrapolación mediante funciones de crecimiento.

 Resistografía. Se basa en la introducción en el tronco del árbol de una aguja de acero que es impulsada a la misma velocidad de avance. La resistencia de las distintas capas de crecimiento del árbol permite registrar “posibles” anillos de crecimiento. En el caso de los olivos, no es viable por las oquedades que presentan y por la limitación de las dimensiones de las agujas (como máximo 50 cm.).

• Tomografía computerizada. Permite la datación de árboles vivos en pie, sin ocasionarles ningún daño, pero los problemas derivados de su elevado coste y el hecho de que sólo sea utilizable en árboles inferiores a 50 cm. de diámetro, con anillos de crecimiento y sin oquedades, no permiten que esta técnica sea operativa.


En base a todo lo expuesto, el denominado “Modelo Santander” de determinación de la edad de olivos monumentales se ha basado en el conocimiento de las edades y diámetros de más de 300 olivos monumentales de España regionalizados por provincias y comarcas (clima, suelo y espesura); en la determinación de las tasas de crecimiento derivadas de funciones de cubicación y de crecimiento diametral; y en el contero de anillos de olivos muertos de grandes dimensiones en los que se han podido identificar anillos de crecimiento. Su aplicación práctica se ha llevado a cabo mediante el levantamiento topográfico más exacto posible de la forma perimetral y de la sección transversal de los olivos a la altura de la peana, determinando su centroide (baricentro o centro de gravedad).

Determinación de la forma perimetral y de la sección transversal de los olivos
Debido a las elevadas dimensiones de los olivos, que pueden superar los 10 metros de perímetro, y a su acusada irregularidad, con costillares entrantes y salientes, no hay ningún aparato de medición que permita hacerlo con facilidad y precisión. Por ello, con el objetivo de obtener las secciones de los ejemplares arbóreos, se ha desarrollado una metodología basada en el cálculo de las coordenadas de los puntos del perímetro externo.

Para ello se ajusta una cinta métrica al contorno del tronco, obteniendo así un perímetro exacto del mismo que incluye todas las irregularidades que caracterizan a los olivos. A continuación, se colocan unas miras graduadas formando un cuadrado alrededor del ejemplar. Seguidamente se realizan con distanciómetro láser las mediciones correspondientes al perímetro exterior con todas sus irregularidades, obteniéndose la distancia desde el punto a medir hasta la mira.


Se repite este procedimiento sobre los cuatro lados del cuadrado, de manera que de cada uno de los puntos del perímetro se obtendrán al menos dos coordenadas. De esta manera se puede obtener la sección completa del árbol mediante la sucesión continua de los puntos.

Una vez obtenida la sección, se calcula su área, así como el centro de gravedad, con lo que se puede calcular el radio máximo, mínimo, medio (semisuma del radio máximo y mínimo) y equivalente de la sección considerada como circular; y, a partir de toda esta información (además de la climatología, edafología de la zona y espaciamiento de los olivos), conocer la edad del árbol.

Por Santiago Soria Carreras, doctor-ingeniero de Montes y profesor Ad Honorem (soriacs@madrid.es); Antonio Prieto Rodríguez, catedrático (antonio.prieto@upm.es); y José Antonio Sáiz de Omeñaca González, profesor titular (joseantonio.saizdeomenaca@upm.es). Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes, Forestal y del Medio Natural (ETSIMFMN) de la Universidad Politécnica de Madrid.

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