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Día Internacional de la Madre Tierra: el olivar como garantía de biodiversidad

Día Internacional de la Madre Tierra: el olivar como garantía de biodiversidad

jueves 22 de abril de 2021, 12:04h

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Hoy 22 de abril se celebra el Día Internacional de la Madre Tierra, un acontecimiento que nació en Estados Unidos en 1970 y que quiere concienciar sobre los problemas medioambientales de la población mundial. En el contexto de esta jornada cabe destacar el papel del olivar como garante de la biodiversidad.

La crisis climática, la deforestación y la contaminación atmosférica se han convertido en preocupaciones generales en las últimas décadas. La Asamblea General de Naciones Unidas designó el 22 de abril como el Día Internacional de la Madre Tierra a través de una resolución adoptada en 2009, pero su origen se remonta a 1970, un periodo en donde la protección del medio ambiente no era una prioridad en la agenda política.

Desde entonces, todos los esfuerzos por crear conciencia medioambiental crecieron exponencialmente. Además, cada año, en las Naciones Unidas se conmemora a nuestra Madre Tierra a través de la iniciativa "Armonía con la Naturaleza", una plataforma para el desarrollo sostenible global que celebra anualmente un diálogo interactivo con motivo del día internacional. Los temas incluyen métodos para promover un enfoque holístico de la armonía con la naturaleza y un intercambio de experiencias nacionales sobre criterios e indicadores para medir el desarrollo sostenible en armonía con la naturaleza.

Según este organismo, los ecosistemas sustentan todas las formas de vida de la Tierra y de su salud depende directamente la salud del planeta y sus habitantes. “Restaurar nuestros ecosistemas dañados ayudará a acabar con la pobreza, a combatir el cambio climático y a prevenir una extinción masiva”, destaca Naciones Unidas, al tiempo que insiste en la necesidad de abordar la pérdida de hábitat y biodiversidad, en la que el olivar juega un papel muy importante.

Así, en el mayor estudio realizado a nivel mundial sobre la biodiversidad del olivar, investigadores de la Universidad de Jaén (UJA) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) -socios del proyecto LIFE Olivares Vivos- han medido la biodiversidad en 40 olivares andaluces (20 demostrativos y 20 control) de muy diversa tipología. Los resultados avalan la efectividad del modelo y refrendan la importancia del olivar para la conservación de la biodiversidad en Europa.

El programa LIFE Olivares Vivos, coordinado por SEO/BirdLife, ha demostrado que este modelo de olivicultura funciona y genera una recuperación de especies y un aumento muy significativo de la abundancia de flora y fauna en apenas tres años. Además, es rentable, no disminuye la productividad, supone un ahorro en fertilizantes y fitosanitarios y proporciona un valor añadido a sus producciones.

Los olivares de Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura, Aragón, Cataluña, Islas Baleares o Comunidad Valenciana, entre otros, son imprescindibles para la invernada de millones de aves de toda Europa, siendo el entorno ideal para proveer de alimento y morada a especies, como las aves, tan beneficiosas para el control de plagas, conviviendo simbióticamente y en armonía, según remarca la Interprofesional del Aceite de Oliva Español.

La organización también resalta que el olivar tiene y tendrá un protagonismo esencial en la lucha contra el cambio climático y la desertización. El papel de este bosque humanizado es incuestionable para mitigar los efectos del cambio gracias a la fijación de dióxido de carbono tanto en la masa leñosa y radicular formada durante el crecimiento del árbol como en el suelo, sin olvidar el potencial energético de los subproductos o el mejor aprovechamiento del agua de lluvia que permite el mar de olivos.

Como ejemplo, los expertos estiman que cada ejemplar almacena en sus primeros 20 años de existencia una cantidad de CO2 equivalente de 30,89 kg./año. Además, es una fuente de compuestos bioactivos, al tiempo que el aprovechamiento económico fija población al medio rural, evitando la degradación del paisaje y los incendios que son más frecuentes tras el abandono de la actividad agrícola.