El trabajo subraya los efectos protectores de este modelo dietético frente a enfermedades cardiovasculares o metabólicas, como la diabetes tipo 2 e incluso neurodegenerativas como el Alzheimer. Estos beneficios, que van más allá del deporte, se atribuyen a la calidad de sus grasas, su alto contenido en fibra y la presencia de antioxidantes que, además en su conjunto, “favorecen una microbiota intestinal saludable y fortalecen el sistema inmunitario”, ha explicado Mata.
En el ámbito deportivo, la Dieta Mediterránea proporciona un aporte adecuado de macronutrientes, con aproximadamente un 45% de carbohidratos, un 37% de grasas y un 15% de proteínas. Este aporte energético, ajustado a las necesidades de cada atleta, “es fundamental para el trabajo requerido en entrenamientos y competiciones. Además, el alto consumo de frutas y verduras contribuye a mantener un estado de hidratación óptimo”, ha detallado López de la Torre.
Uno de los mayores beneficios para los atletas reside en sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. El trabajo explica que, a diferencia de los suplementos en altas dosis que pueden interferir en las adaptaciones al entrenamiento, los antioxidantes de los alimentos actúan en sinergia para reducir el estrés oxidativo de forma eficaz. “Del mismo modo, compuestos como los ácidos grasos omega-3 y los polifenoles ayudan a modular la inflamación, un proceso clave para la reparación de tejidos”, el profha detallado esor de Fisiología y Nutrición.
La investigación también repara en la prevención de lesiones. El análisis destaca la relación de la Dieta Mediterránea con una mayor densidad mineral ósea y un menor riesgo de fracturas por estrés. Asimismo, nutrientes como los omega-3 son clave para preservar la masa muscular durante periodos de inmovilización. Cristina de la Torre, directora del Departamento de Biomedicina y Odontología de la Universidad Europea de Andalucia, ha señalado su impacto positivo en la función cognitiva, “un aspecto crucial en deportes que exigen una toma de decisiones rápida y precisa”.
Ambos investigadores concluyen que el estudio posiciona a la Dieta Mediterránea como “una estrategia nutricional completa, segura y natural”. Adoptar este patrón alimentario no solo optimiza la salud general, “sino que puede marcar la diferencia entre un rendimiento promedio y una mejora sostenida en el desempeño deportivo, constituyendo una alternativa eficaz al uso de fármacos y suplementos”, han concluido ambos expertos.
