Para el director general de Anicav, Giovanni De Angelis, “el tomate siempre ha desempeñado un papel fundamental en nuestra cultura culinaria y renovar esta iniciativa, con motivo de un importante escaparate como TuttoFood, es fundamental para poner en valor nuestro producto, saludable y apreciado en todo el mundo. Sin embargo, nunca como ahora debemos mantener la atención y reflexionar en profundidad sobre lo que está sucediendo en el mundo para no perder competitividad en los mercados internacionales”.
Los últimos datos sobre exportaciones muestran un panorama complejo. Italia se confirma como el primer país exportador de conservas de tomate del mundo. Sin embargo, por primera vez en diez años, en 2025 las exportaciones registraron un descenso en volumen, pero sobre todo en valor, con una disminución del 2% y de alrededor del 8%, respectivamente, respecto a 2024. Hablamos de más de 2,2 millones de toneladas de conservas por un valor total de 2.800 millones de euros. Europa sigue siendo su principal mercado de referencia, con más del 60% del valor de las exportaciones. Estados Unidos, a pesar de las políticas proteccionistas, continúa como el primer mercado para las exportaciones fuera de Europa, con una cuota del 7,5%.
“La marca Made in Italy siempre supone un valor añadido. Sin embargo, nuestro tomate se ve fuertemente amenazado por la competencia internacional y la diferencia de precios entre los productos italianos y los de nuestros competidores tiende a ampliarse cada vez más, poniendo en riesgo importantes cuotas de mercado”, ha resaltado De Angelis.
A su juicio, “a la larga, el factor precio corre el riesgo de influir cada vez más en detrimento de la calidad que solo nuestras empresas pueden garantizar. Me refiero, en particular, al reciente auge de las importaciones en Europa de productos semiacabados procedentes de Egipto, un país que ha incrementado notablemente su producción sin garantizar, sin embargo, unos estándares adecuados de calidad y sostenibilidad”. Por lo tanto, ha reclamado a las instituciones europeas que intervengan “imponiendo condiciones de reciprocidad que puedan protegernos” y ha instado a la cadena de suministro “a una mayor cohesión, necesaria sobre todo ante una campaña que se anuncia extremadamente compleja debido a la enorme incertidumbre de los costes energéticos, que podrían disparar una vez más los costes de producción”.
Sin embargo, para triunfar, el “Made in Italy” necesita transmitirse de forma eficaz tanto a los jóvenes como a los adultos. Anna Cane, vicepresidenta del Grupo del Aceite de Oliva de Assitol, ha destacado que “el término POP, que utilizamos para identificar la combinación de pan, aceite y tomate, evoca un lenguaje nuevo, capaz de ser comprendido por la Generación Z, sin olvidar la importancia de la tradición, enriqueciéndola con conceptos nuevos”. Y es que el sector del aceite de oliva virgen extra se enfrenta a la brecha de consumo relacionada con la edad. “Sólo el 5% de los menores de 30 años compra aceite de oliva. El consumidor medio de aceite de oliva virgen extra tiene hoy 50 años. El riesgo es que la Generación Z, en breve, se olvide de los valores de la Dieta Mediterránea, lo que tendría un impacto negativo no sÓlo en nuestro panorama económico, sino también en la salud”, ha explicado Cane. Hoy en día, en Italia, el mercado interno mueve 500.000 toneladas de aceite de oliva, mientras que las exportaciones representan 400.000 t., pero si no se invierte la tendencia, la caída del consumo de aceite de oliva ya se notará en 2035, tanto en nuestro país como en Europa.
Para revertir esta tendencia, Cane ha considerado que hay que “replantearnos nuestro papel como productores. El pan, el aceite y el tomate, por sí solos, no nos dicen gran cosa; a menudo parecen invisibles. Juntos, en cambio, forman un equipo formidable. Y eso es lo que debemos hacer comprender mañana a los consumidores, que buscan buenos sabores, sostenibilidad y bienestar: que esta combinación es capaz de satisfacer esas necesidades. Para lograrlo, debemos aprender su lenguaje y utilizar formatos muy visuales y ágiles”.
Asimismo, ha añadido que “hay que explicar a todos los consumidores que detrás de estos productos hay un gran compromiso llevado a cabo por las tres cadenas de suministro. Los tres productos están sometidos a estrictos controles gracias a normativas rigurosas sobre sus respectivos procesos de producción, destinadas a garantizar la seguridad del consumidor. El aceite de oliva virgen extra es, de hecho, el producto más controlado”.
El sector del pan también se ha comprometido a revisar sus formatos y el mensaje que transmite al consumidor. Carlotta Trucillo, subdirectora de esta asociación y secretaria del grupo Lievito da zuccheri, ha destacado la importancia de este cambio, que, al menos en lo que respecta al pan, ya lleva años en marcha. "La panadería tradicional ya ha sufrido una profunda transformación, ya no es un simple punto de venta de pan, sino un lugar de encuentro donde se reúnen personas de todas las edades, donde empezar el día, hacer una parada, disfrutar de un aperitivo. Ya no hay un solo tipo de pan, sino muchos panes, dulces y pizza, la estrella del momento. Y así es como los jóvenes están redescubriendo el pan. En definitiva, hay que hablar de POP para convencer a los consumidores de que coman POP", ha concluido.