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Iciar Bollaín: “Me hace feliz comprobar que la historia de El olivo conmueve y llega a la gente”

Iciar Bollaín: “Me hace feliz comprobar que la historia de El olivo conmueve y llega a la gente”

En El olivo -su séptimo largometraje de ficción y la tercera colaboración con el guionista Paul Laverty-, la directora madrileña Iciar Bollaín teje en clave simbólica un emotivo relato de afectos y desafectos, de encuentros y desencuentros, con la crisis económica y de valores de fondo, y con el árbol milenario como poderosa imagen icónica del paisaje, la tierra y la identidad mediterránea. Mercacei Magazine ha hablado con la directora madrileña acerca de una obra poética y hermosa que toca el alma y reivindica la importancia de los lazos familiares y de la naturaleza en nuestras vidas, al tiempo que pone en valor el extraordinario patrimonio natural y cultural que supone la preservación de los olivos milenarios.

Antes de nada, enhorabuena por la película. Una obra bellísima que llega al alma del espectador. ¿Cómo surgió la idea del proyecto y cómo se desarrolló el proceso hasta su materialización?
¡Muchas gracias! La idea del proyecto se la dio a Paul Laverty, el guionista, la noticia en un periódico en la que hablaban del expolio de olivos milenarios en la provincia de Castellón. Después fuimos a conocer el lugar, en el Bajo Maestrazgo, vimos los olivos milenarios en su entorno y Paul empezó a imaginar una historia alrededor de uno de estos olivos y una familia que lo vende.


“Hay tierra con Alma”, reza el eslogan de la película. ¿A Iciar Bollaín también le ha tocado el alma la historia, esta singular relación del hombre con el olivo?¿Imaginaba una relación así?
La verdad es que no imaginaba una historia así. Cuando Paul me contó su idea de que un hombre mayor se deprimía, se quedaba sin hablar desde que arrancaban su olivo, me pareció posible, claro, pero de alguna manera extraordinario, poco común. Pero después, hablando con la gente del lugar, y también con Manuel, el hombre que interpreta al abuelo en la película, que se identificaba totalmente con el personaje, me tocó mucho ver que, efectivamente, existen relaciones así con un campo, con un paisaje, y desde luego, con un árbol.


Imagino que más de un productor de aceite de oliva virgen extra ya le habrá dicho que su obra es la mejor promoción posible para la comarca del Bajo Maestrazgo en particular y el sector oleícola en general…
Sí, claro, la película pone en valor lo propio, y en concreto ese paisaje mediterráneo de olivos, esa cultura del agricultor, del olivar, del aceite. En el fondo, la película lo que hace es recordar una realidad, que es que tenemos en esos olivos una riqueza material y cultural extraordinarias.


¿Qué tipo de recuerdos y sensaciones le despierta o sugiere el aceite de oliva virgen extra?¿Conocía el apasionante mundo del AOVE o se ha acercado a él con la mirada de un profano en la materia?
El aceite lo he disfrutado siempre en casa, es mi desayuno habitual, y está siempre en la mesa para las ensaladas. Lo que no conocía en absoluto era el proceso, los distintos tipos de oliva que existen, ni tampoco que los olivos podían vivir tanto y ser tan bonitos, como esculturas.


Me parece que El olivo debería convertirse en obra de obligado visionado en las escuelas porque ayuda a entender la mágica relación que se establece entre el hombre y la naturaleza, y cómo la ambición y mezquindad del ser humano puede corromper esa relación… Durante el rodaje, ¿era consciente del alcance educativo, del significado cultural que supone una película como la suya?
Sí, creo que desde el guión estaba claro que la película daba valor a ese entorno, a esa cultura, a la historia que hay detrás de esos olivos, y a la importancia de conservar nuestras raíces, nuestro paisaje y nuestra cultura. Y del daño que nos hacemos cuando malvendemos o expoliamos nuestro patrimonio. Y durante el rodaje lo que más me preocupaba era darle vida a la historia, darle emoción, y que todas esas ideas llegasen al espectador. Mi alegría es que me quedo con la sensación de que lo hemos conseguido en gran medida, que a la gente le toca, le conmueve la historia, y le recuerda cosas que sabemos, pero que a veces no tenemos tan presentes, como los lazos familiares, o la importancia de la naturaleza en nuestras vidas, incluso en nuestras emociones.

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